Tomando partido

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Uno, al que le pierde su cabeza de aspirante a literato, no ha podido evitar recordar la famosa novela de Joseph Conrad ‘El corazón de las tinieblas’ mientras contemplaba la imagen tan deplorable que ofrecía el Sevilla Fútbol Club frente al Villarreal. La segunda parte de la temporada sevillista ha sido un ascenso del río Congo, el mismo que recorrió Marlow, el personaje que relata la historia, en busca del horror, encarnado en el señor Kurtz. Lo que estamos viviendo los sevillistas en estos momentos es un auténtico viaje al corazón de las tinieblas, aunque en este caso no estemos ascendiendo nada sino descendiendo a las tinieblas de la mediocridad.

Y si mi cabeza de literato pensaba en eso, uno, que se parece más a una hidra, tenía otra de ellas para acordarse de aquellos tiempos ochenteros del siglo pasado en los que perder por uno a cero, o por dos a cero si nos pillaban desprevenidos en algún contragolpe, era el resultado que solía obtenerse lejos del Sánchez-Pizjuán. Aquella mediocridad de quiero y no puedo que nos frustraba y que nos hacía preguntarnos si aquellos relatos de grandeza que contaban nuestros mayores no eran sino fruto de otros viajes hacia la irrealidad, una mitología que, como toda ella, jamás existió pero que venía a explicarnos nuestra profunda vulgaridad. Porque el encuentro disputado en La Cerámica parecía de otro tiempo, de aquellos en los que el anfitrión era un equipo de regional y nosotros los reyes del quiero y no puedo.

De las otras cabezas de mi hidra mejor no hablar, porque están tan confusas, tan desnortadas, que no gano para paracetamol, y eso que está barato, paisa. Tan confusas como estamos los aficionados del Sevilla Fútbol Club, unos empeñados en un cierre de filas ajeno a toda crítica, acoplándose la orejeras de un pollino para seguir adelante, posponiendo la crítica para un análisis más frío, y otros que parece que lo único que pretenden es descabalgar (del pollino) a Lopetegui desde ya, porque para algunos el cabreo solo es soportable si se sacia con venganza. Sangre de alguien lo suficientemente frágil como para que no haya nada que temer.

Y lo peor de todo esto es que nos sentimos obligados a tomar partido, a señalarnos de forma clara y fehaciente, a mostrar un posicionamiento exento de dudas, como si las cosas solo pudieran ser blancas o negras, color de la camiseta o de las medias.

Sin embargo, en casa hemos optado por la tercera vía, que es esa que siempre pierde en un país como este, tan amigo de simplezas tuiteras, de gracietas tan ocurrentes como vacías y que al final siempre acaban en un pelotón de fusilamiento.

Que quede claro que nosotros no deseamos tener razón ni queremos formar parte de pelotón alguno, para eso ya hay gente de sobra. Nuestra propuesta es pensar, proponer y escuchar lo que piensan otros para reelaborar nuestro pensamiento. Porque de casi todos, de todos los que tratan de pensar, se puede sacar algo positivo.

Valoramos que este equipo técnico del Sevilla Fútbol Club nos haya llevado durante tres temporadas consecutivas a disfrutar de la Champions (sí, que el Betis no va a ganar los nueve puntos que le restan ni nosotros vamos a perder todos) y a darnos un baño de realidad, saber que todavía nos queda mucho por crecer, que hay equipos que son palabras mayores pero que, a pesar de ello, un Villarreal ha estado a punto de obrar el milagro hasta dos veces. Por cierto, vaya ejemplo de trayectoria del Villarreal, ¿no?

Valoramos también el esfuerzo, la ilusión y la esperanza que la dirección deportiva nos ha transmitido este año, aunque al final las cosas no hayan salido como soñábamos hace poco más de un mes. Por cierto, la del Sevilla Fútbol Club y la del Barça han sido trayectorias diametralmente opuestas. ¿Qué hubiera cambiado de nuestra percepción si en vez de ir de arriba hacia abajo hubiésemos ido de abajo hacia arriba? La cabeza, el poderoso jugador número 12 que siempre juega de titular.

No nos ha gustado el manejo del equipo por parte del entrenador. Es un ser humano, y sus equivocaciones son a veces puntuales y otras de conjunto. Las puntuales las obviamos, porque no somos expertos, pero en el conjunto de la temporada ha habido futbolistas que han tenido muchos más minutos que otros sin que se entienda bien de acuerdo a su rendimiento. Que el máximo goleador del Sevilla Fútbol Club haya sido titular cuando no había más remedio ha sido algo que no entendemos porque nunca hasta ahora habíamos visto algo así. Esto tensiona a quienes tienen pocos minutos y los somete a una presión adicional. Y, por otra parte, sobrecargar a algunos futbolistas trae lesiones, las lesiones sobrecargan a los sanos y al final los sanos acaban lesionados. La terquedad se paga y nuestro entrenador, que gestiona muchas cosas de un modo fantástico, tiene que hacerse mirar su cabezonería.

La opacidad con las lesiones, la falta de transparencia, puede ser una estrategia contra los rivales, pero es una estrategia muy, muy cutre. Y también, por qué no decirlo, una falta de respeto a quienes sostenemos el espectáculo vía entradas, pago de canales televisivos y las vestimentas horteras y los infumables complementos que nos venden.

Pero, a pesar de todo, seguimos creyendo en el entrenador y en el equipo del Sevilla Fútbol Club. Ha sido una temporada durísima. Durísima para nosotros, los aficionados, porque nos creamos unas expectativas que nos hicieron elevar los pies del suelo y hemos acabado cayendo al pozo de la realidad. Durísima para los futbolistas, para los lesionados y para los que han tenido que dar la cara por las lesiones de otros. Porque ahora no nos acordamos de que con diez bajas seguíamos acosando al Real Madrid. Hasta que reventaron. Y durísima también para el entrenador, que ha tenido que tragarse lo que no quería ver y ha tenido que hacerlo por cojones, toda una oportunidad para que aprenda, que es lo que todos debemos tener siempre, la capacidad de ver, admitir y actuar frente a nuestros errores.

Y dicho esto, a día de hoy y salvo que alguien nos convenza de lo contrario, nos encantaría que pudiéramos continuar juntos. Cortar cabezas se lo dejamos al Real Madrid. No queremos formar parte de un ejército de frustrados para los que la victoria no es más que una nueva dosis de droga. Nos gusta formar parte de un grupo que crece cuando le duelen las cosas, que admite los errores y pide perdón por ello y que quiere seguir adelante.

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