Lo que nos diferencia

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La prueba de que Sevilla es un universo es que se autocontiene con sus mismas negaciones y contradicciones. La negación de Sevilla es sevillana. Nada es más sevillano que maldecir y renegar de Sevilla. Para recoger a todos aquellos que odian a Sevilla, la ciudad se ha inventado un refugio de lujo tan sevillano como el Real Betis Balompié. Cuidado, no digo que todas aquellas criaturitas asiladas bajo el manto verdolaga odien a la ciudad; muchos la aman secretamente y tienen que sufrir la condena de no pronunciar su nombre sin que la palabra les escueza en la boca. Digo que todos aquellos que aborrecen Sevilla, si tienen que definirse futbolísticamente, tienden al lado oscuro de la historia que tiene sede al final de la avenida de La Palmera.

Esto explica por qué, para los forasteros a quienes les repele Sevilla, el Real Betis Balompié es tan simpático y el Sevilla Fútbol Club tan antipático. Los muy inocentes, pues solo así se excusa tan inmoral repulsión, no se dan cuenta de que ya han caído en la trampa de Sevilla. Del mismo modo que los trianeros dicen que Sevilla es una fantasía trianera para que, al despertar, Triana contemple al otro lado del río un paisaje precioso; el Real Betis Balompié es un invento sevillista para engañar al enemigo y volverlo a capturar cuando el fugitivo cree que se aleja de las garras dulcísimas de los tentáculos de Serva la Bari. Por eso, el holograma verde y blanco rara vez vence al original rojo y blanco. Y hasta esa frecuencia imperfecta de la superioridad sevillista se quiebra para mantener viva la trampa y el reclamo. De lo contrario, una superioridad futbolística absoluta y determinista desvelaría la naturaleza de la trampa.

El poder de Sevilla no recae ni en el poder económico, ni político (la capitalidad de la Junta es un añadido hasta incómodo), ni cultural, entendida esta como alta cultura: reside en la seducción, al menos desde que perdió el monopolio del comercio de Indias. El sociólogo francés Jean Baudrillard escribió interesantes trabajos sobre la seducción, la muerte y el intercambio simbólico. Contra producción, seducción.

Los grandes sistemas de producción e interpretación han excluido la seducción del campo conceptual, pues la seducción vela siempre por destruir el orden divino, venga este de la producción o del deseo, y sigue siendo para todas las ortodoxias el maleficio y el artificio, una magia negra que pervierte todas las realidades. Una ciudad barroca que fue capital de un imperio universal depredador y sanguinario, como la inmensa mayoría de los imperios; solo le queda más que la nostalgia de la seducción de una ciudad universo.

Las criaturitas viven con la ilusión asintótica de destronar al Sevilla Fútbol Club. El sevillismo goza de la visión de esta ilusión asintótica. ¿Y qué es la seducción sino un deseo que no pretende realizarse y una ambición que es imposible de realizar? Esto es lo que nos diferencia de otros derbis del mundo: lo nuestro no es un derbi, sino una celebración litúrgica onanista de Sevilla consigo misma. El post ha sido escrito antes del partido, pero cualquier resultado queda comprendido y autocontenido en el marco teórico que expuse en el mismo, como Sevilla.

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