Eduardo Cruz Acillona | El cristal con que se mira
Eduardo Cruz Acillona | El cristal con que se mira

En 1979, el grupo de comediantes británicos conocido como Los Monty Python estrenó “La vida de Brian”, una película que, un cuarto de hora después de su primera proyección, ya era calificada por más de uno de obra maestra. En ella (seguro que ustedes ya la han visto y, si no, ya están tardando), se cuenta la historia de Brian, un judío que nace el mismo día que Jesucristo, a escasa distancia del célebre pesebre en las afueras de Belén, y que ya desde el principio es confundido por los Reyes Magos como el auténtico Mesías, algo que le pasará, a lo largo del resto de su vida, en numerosas ocasiones.

La película finaliza con una escena ya mítica en la que un numeroso grupo de crucificados canta y silba la canción “Always look at the right side of life”, que viene a traducirse, para los que habéis estudiado inglés en la academia CCC, como “Mira siempre el lado brillante de la vida”.

Me ha venido esta película a la cabeza porque últimamente, cuando un sevillista se pone a mirar el lado más brillante de la vida, siempre le sale Bryan. Entre el 33 de los años de Cristo y el 30 del dorsal de Bryan, no parece que pueda haber excesiva confusión entre el respetable y no parece tampoco que dicha no confusión pueda dar para una película. Ni falta que hace. La película la tiene este chaval en las botas. Yo no sé si ya habrá alguien que lo compare con el Mesías del club, el que guía al equipo, fundamentalmente por el carril derecho, nuestro particular Jesús, un tal Navas, no sé si les suena. Pero este chaval, por la izquierda, lleva ya un tiempo apuntando el guion de varias obras maestras y hace que los aficionados salgamos del fútbol silbando una canción, si no de los Monty Python, sí del Arrebato en su mayoría.

También hay otra película, de reciente estreno, titulada “La odisea de los giles”. De coproducción Argentina-España (un partidazo, lean esto cuando lo lean), está protagonizada por el inconmensurable Ricardo Darín y por su hijo, el Chino Darín, y cuenta la historia de un grupo de amigos y vecinos que pierde todo el dinero que tenía ahorrado para impulsar su propia cooperativa. Cuando descubren que han sido víctimas de una estafa, se organizan y montan un plan para recuperar el dinero con las consecuencias que usted, amable lector, ya se podrá ir imaginando. En Argentina, un “gil” es un pardillo, alguien fácil de engañar. En España, hubo un tiempo en que un “gil” era todo lo contrario, es decir, alguien a quien le encantaba engañar doblemente (de ahí su apellido: “Gil y Gil”) y cuya particular odisea (llámenlo odisea, llámenlo bajada a los infiernos) comenzó con la publicidad de unas camisetas de un equipo de fútbol…

En Sevilla no nos engañan tan fácilmente. Para nosotros, un Gil es alguien con soltura y desparpajo, con la insultante valentía de quien tiene un mundo por delante que comerse y gasta hambre continua. Un Gil es un señalado por Niké (que no es una marca de ropa deportiva sino la diosa de la Victoria), llamado a liderar futuras hazañas y odiseas de las que se recuerdan para siempre en las vitrinas de la zona noble del club. Para nosotros, un Gil es un jugador de película, de las que el tiempo calificará de obra maestra. Para nosotros, un Gil es Bryan Gil. Como también reza el título de otra conocida y renombrada película, “Uno de los nuestros”.  

Así que, parafraseando a Calderón:

“¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, fútbol son.” 

Miren siempre, háganme el favor, el lado más brillante de la vida. Miren siempre a Bryan Gil. Y disfruten.

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