Opinión

¡Viva Malaui!

¡Viva Malaui!

Si algún aficionado del Sevilla Fútbol Club cree que ahora viene un receso en la competición, va dado. Eso puede que sea así para los futbolistas que no jueguen con sus selecciones, para el cuerpo técnico… Puede que para ellos sí, pero para nosotros rien de rien, que dirían los franceses (como Martial, Monchi, como Martial). Nosotros apenas vamos a tener las 48 horas de descanso reglamentarias que indica el convenio de aficionados. No, nosotros no podemos tirarnos al palo, para eso ya está López Catalán, al que solo le falta hacerse un busto, a imitación de su padre espiritual y padre de todas las criaturitas que en el mundo hay y que son bastantes menos de las que ellos dicen.

Nosotros no tenemos vacaciones. El martes, a las ocho de la tarde, hay una cita ineludible, un partido a cara de perro para el que necesitamos todas nuestras fuerzas, además de a los echadores de cartas, de mal de ojo, videntes y demás profesionales de las ciencias ocultas que vibren con nuestro Sevilla Fútbol Club y les hierva su sangre roja. Porque el del martes es un encuentro crucial, en el que incluso es probable que se nos ponga a prueba nuestro sevillismo por tener que apoyar a un equipo, y celebrar sus goles, que puede que juegue de verde.

Jul y Gan lo han aceptado como mal menor, porque a veces el fin, el buen fin que saldrá el Miércoles Santo, lo merece. Puede que esta vez sean incluso los nuestros los que lleven palos al estadio. Pero palos reglamentarios, oiga, palos de verdad, que diría López Catalán, ese señor tan comprensivo con los delincuentes que beben de su fe (eso sí que es fe y lo demás son tonterías).

Los palos de los nuestros serán lanzas, pero lanzas reglamentarias, como las que llevan cada día para ir al trabajo o para discutir el suspenso de sus hijos con el profesor de matemáticas. Como las simbólicas que esgrimen nuestros futbolistas del Sevilla Fútbol Club, esos que nunca se rinden, cuando salen a un terreno de juego, esa gente que lo da todo, que nunca se da por vencida y que solo sueña con dar hasta la última gota de su sudor por nuestro escudo, no como los de López Catalán, Haro, Haro, que van llenando las barras de los bares, ahí sí que son campeones, de etéreos sueños de tripletes y paragüeros de IKEA dignos de estudio para Sigmund Freud.

El martes, a las ocho de la tarde, todos tenemos que estar frente al televisor. En el estadio Ahmadou Ahidjo de Camerún será la cita. Hasta ahora, La Colina de Nervión no ha podido averiguar si el Consejo de Administración del Sevilla Fútbol Club va a fletar finalmente un avión para llenar de Biris el estadio. La ocasión lo merece y parece que puede estar comprometido si es que Martial se decide por fin a bajarse la ficha, que es más agarrado que una pelea de monos del Camerún. Pepe Castro, por favor, atiende nuestras súplicas, porque esto, más que un gasto, va a ser una inversión, que Lopetegui y los suyos, que son los nuestros, los de colorao, ya no pueden más. Porque nuestro equipo, Malaui, necesita una victoria.

Por un día, por un día nada más, nuestro portero no será Bono sino Thomu, y soñaremos que meta todos los goles del mundo Mhango, que no es una tienda de ropa de Amancio Ortega ni otro delirio de López Catalán, sino uno de los grandes delanteros de Las Llamas, tal y como se conoce al equipo de nuestros amores por un día. Y por un día nos olvidaremos de En-Nesyri o de Munir y animaremos a Madinga o a Muyaba (que no es muchacha en canario sino un delantero del Polokwane City F C).

Sevillistas, nuestro Sevilla Fútbol Club necesita un esfuerzo más. Hay que poner todo nuestro empeño y que Malaui, nuestra selección africana, mande a casa de una vez a Marruecos. Lopetegui nos lo agradecerá. ¡Viva Malaui! Que por cierto, es un país interior que se situado en el sudeste del continente africano y que hace frontera con Zambia, Tanzania y Mozambique, que son unos países que están en… Bueno, da igual. Todos con Malaui, por favor.

P.D.: Honor y gloria a los futbolistas que vistieron el sábado la camiseta del Sevilla Fútbol Club, que si en algún momento fallaron se debió a que ya no pueden más. Y que aun así, supieron sobreponerse como los héroes que son. Y además sin queja alguna, apretando los dientes y dando hasta la última gota de sudor. Desconocemos si este equipo nos dará la alegría de algún título que los haga inmortales en nuestra memoria colectiva, pero lo que sí sabemos ya es que pocos como ellos lo merecerán. Ojalá la historia les haga justicia.

P.D. (II): Todos los que somos sevillistas somos conscientes de lo que nos hubiera ocurrido a la mayoría de haber tenido progenitores que torcieran (nunca mejor dicho) por el otro equipo de la ciudad (no nos referimos al Sevilla Atlético). Qué alegría tener un lema que no idealiza la derrota sino que promueve el tesón y el esfuerzo. Qué orgullo pertenecer a un colectivo sin complejos, que no se fija más que en los suyos y que no se dedica a hacer cuentas de la lechera.  Todo un aprendizaje para la vida. Padres jóvenes, mucho cuidado con vuestros hijos. Que sean también sevillistas es un tributo de amor hacia ellos. Y no lo decimos por el fútbol, que a fin de cuentas, no es más que un juego.

Manuel Machuca

Calendar 24 de enero de 2022 · 06:15

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