Opinión

Por qué el sevillismo estorba en el fútbol moderno

Por qué el sevillismo estorba en el fútbol moderno

Una leyenda grabada en una vieja bufanda decía: «El Pizjuán es el corazón del Sevilla y nosotros somos el corazón del Pizjuán». El sevillismo no tiene gradas de animación; no somos espectadores, sino participantes en un rito antiguo —a veces modernizado— que nos devuelve a la memoria personal más genuina. Por eso sobramos, o estorbamos, en un fútbol cada vez más lleno de mercaderías y de gradas de animación. Esta declaración de un culé, el día de la vuelta a un Camp Nou renovado, dice mucho: «El público del Camp Nou siempre ha sido frío, pero quizá con la grada de animación irá a mejor». El Pizjuán, por el contrario, es abrazador. Queremos tanto al Sevilla Fútbol Club que amamos hasta los viejos bloques de cemento de Nervión y los asientos de plástico maltratado de nuestra casa.

Para entender mejor lo que está pasando con la Liga española, con la Copa del Rey o con la FIFA y la UEFA, hay que leer a un francés maldito que vivió en Sevilla varios años de su vida, llamado Guy Debord. A él se le debe la invención de un concepto que ha hecho fortuna en este siglo XXI, aun cuando fue elaborado en las medianías del siglo XX: la sociedad del espectáculo. Debord llamó a Sevilla «la Babilonia del Sur», y en ella se sumergió como un borracho —condición a la que no le era precisamente ajena— en el alcohol. El filósofo situacionista francés vivió, en realidad, en una estafeta tabernaria entre la Casa de Pilatos y la pila del patio de San Leandro; la taberna, sin complicarse su dueño, se llamaba Pilatos. Allí soñó revoluciones tan imposibles como trágicamente bellas y escribió un panegírico deslumbrante donde proclamó su amor gitano por Serbalabari.

Para Debord, las sociedades desarrolladas habían reducido a todos y todas a espectadores de la gran orgía del consumo y la mercancía. Pues bien, en el colmo de esta sociedad del espectáculo, los aficionados al fútbol nos hemos convertido en extras de una película dirigida por un director sádico que altera horarios y días en función de las audiencias televisivas, con el propósito evidente de dañar al aficionado y mejorar la cuenta de resultados.

¿Biris Norte, grada de animación? Biris Norte no es, ni nunca ha sido, una grada de animación.

El fútbol en Sevilla no es un espectáculo mediático: es un rito sagrado. No pertenece ni al ocio ni al negocio —caras ambas de la misma moneda de la sociedad del espectáculo—, sino a ese territorio innegociable de la sacralidad. Biris Norte es la peña más antigua de los denominados radicales en España y, posiblemente, la más numerosa, si no la que más. Ahí siguen después de cincuenta años, desde que Colombo, con su gabardina, fuera alzado sobre las cabezas de Gol Norte en 1975, cuando Biri-Biri trotaba y endiablaba al Pizjuán. El próximo domingo podremos comprobar cómo se vive el fútbol en Sevilla. Si esta noche ganamos en Barcelona, estarán a solo dos puntos, en medio de un ciclo no exaltante ni virtuoso, pero dentro de una era gloriosa: el siglo XXI sevillista. Se enfrentan dos capitales simbólicas, dos señales sagradas de pertenencia colectiva. Espero que gane, como casi siempre, lo sagrado.

Francisco Garrido Peña

Calendar 24 de noviembre de 2025 · 07:39

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