Opinión

Tiovivo de emociones

Tiovivo de emociones

A falta de tres partidos para la conclusión de la primera vuelta liguera, el Sevilla Fútbol Club se encuentra en la cima de sus aspiraciones. Dejémonos se ensoñaciones y de cuentos de hadas, la segunda plaza es lo máximo a lo que nuestro equipo puede aspirar, ya que aún queda mucho trecho por recorrer hasta que lo que los sajones llaman el ‘establishment’ permita a este club ser campeón de Liga.

El ‘establishment’ podríamos traducirlo al castellano como ‘el poder’, entendido como un compendio de entidades, instituciones e intereses comunes que instauran un estado de cosas que es prácticamente imposible de modificar en su esencia. ‘El poder’ del fútbol español implantó hace décadas que los únicos campeones posibles podrían ser el Ladrón Madrí y el ‘másqueunclub’, dejando algunas migajas para el tonto útil del Patético, de manera que el resto de competidores son sólo cooperadores necesarios para el mantenimiento de la competición/negocio que tan lucrativos beneficios deja en unas pocas manos.

‘El poder’ no es el Padrino Florentino, ni la Liga de Fútbol Profesional, ni Movistar Plus regando con sus millones a los clubes de fútbol, ni la Federación Española de Fútbol con sus mangoneos arbitrales, ni la prensa capitalina cotizando en Bolsa. ‘El poder’ son sus intereses, esos que sólo se ven beneficiados cuando el campeonato se lo adjudica alguno de los dos grandes protegidos y de vez en cuando su palmero para que no se queje.

Seamos sinceros y admitamos la evidencia: ¿a cuánto cotizaría en los mercados internacionales una competición española ganada por el Sevilla Fútbol Club, la Real Sociedad o el Villarreal? ¿Cómo competiría en esos mercados contra la todopoderosa Premier inglesa, que es lo que realmente importa el ‘establishment’?

Disfrutemos, pues, los aficionados del Sevilla Fútbol Club de la segunda posición en la que nos encontramos en este final de año en el que aún nos esperan dos de los privilegiados., porque de este par de encuentros puede salir algo tan grande como crear un importante hueco con vistas al segundo tramo de la competición. Sombrerazo épico el que mercería nuestro Sevilla Fútbol Club si concluyera en esa plaza de privilegio una primera vuelta que ha devenido en tobogán de emociones para un sevillismo que es, en sí mismo, una fuente inagotable de sensaciones dispares.

Los 22 partidos disputados hasta el momento, correspondientes a Liga y Champions, han dado lugar para que el Sevilla Fútbol Club ofrezca a sus aficionados impresiones de todo tipo que han ido desde la esperanza absoluta al ganar al Wolfsburgo de forma solvente para confiar en la continuidad en la máxima competición continental hasta la desazón más extraordinaria provocada por la eliminación unida a los estragos causados por la plaga de lesiones, lo cual llevaba a presagiar una catástrofe en Bilbao que finalmente no se produjo, con el consiguiente subidón que de nuevo eleva la moral de la tropa. Y entre medias, toda una suerte de emociones en forma de montaña rusa que lo mismo te eleva hasta el éxtasis al confirmar el aplastante dominio hispalense en el derbi que te hunde en la depresión de un doloroso e incomprensible traspiés como el sufrido ante los franceses del Lille en el Sánchez-Pizjuán.

Necesariamente, este tiovivo de sensaciones ha de tener su reflejo en el ánimo del sevillismo que, a diferencia de otras aficiones, ni mucho menos es homogéneo. La inmensa mayoría de las hinchadas suelen sentir de manera uniforme tanto en el regocijo por la victoria tramposa conseguida, propio del madridismo, como en la resignación por la debacle venida o por venir que en este primer ejercicio postMessi cunde entre el ‘culismo’, el cual ha dado una muestra de inaudito rebañismo con el clamor surgido tras la contratación del mejor entrenador ¡¡de Qatar!!.

Sin embargo, la afición del Sevilla Fútbol Club ni mucho menos disfruta o padece al unísono. Ni la victoria ni la derrota, ni el fichaje más caro ni el más modesto, ni el éxito más costoso ni el desastre más inesperado, ni el ídolo más admirado ni el denostado más vilipendiado generan unanimidades. Hasta don Ramón Rodrígez, al que habitualmente se le conoce como Monchi, tiene detractores; del mismo modo que Rafa Mir tiene defensores. Lo que para algunos fue una victoria épica en Bilbao conseguida a base de casta y coraje, para otros es motivo de expulsión de JLo por instruir un planteamiento ultraconservador. Mientras que aquí se regocijan por el segundo puesto de la clasificación, allá lamentan la diferencia de menos ocho puntos con respecto al líder que hace prácticamente inviable el sueño de campeonar. Por haber, los hay hasta que están más pendientes del ‘manquepierdismo’.

Caso aparte son los que aceptan ser eliminados de la Copa del Rey para no desperdiciar energías y ni siquiera echan cuenta de que nuestro rival va a ser el Dinamo de Zagreb en la Europa League porque la segunda competición continental ya no les motiva. Sin duda, algunos nos hemos venido demasiado arriba. 

Manuel Vicente

Calendar 14 de diciembre de 2021 · 09:41

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