Opinión
El moho se comió al pulpo
¿En qué se parecen el moho, el metro de Tokio y el juego del Barcelona? No es un acertijo banal, ni un chiste vulgar. El moho es un hongo. Los hongos no pertenecen a ninguno de los tres reinos tradicionales y poseen su reino específico. El organismo vivo más grande que existe en la tierra es un hongo (esta en Pensilvania y mide más de 46 kilómetros) . Hay más de 100.000 especies de hongos. Digo todo esto para revalorizar el a menudo despreciado reino fungí.
Pero vayamos a la respuesta de la pregunta inicial. Los tres (hongos, metro y club) tienen una estructura isomórfica de ocupación del espacio a base de triángulos abiertos. Lo cuenta David Sumpter en el interesante y divertido ‘Fútbol y matemáticas: las aventuras matemáticas del deporte rey’. Los triángulos abiertos son la forma más eficiente (y por tanto de menor esfuerzo) de ocupar el espacio interrelacionando los distintos puntos (ya sean estos copos de avena, estaciones de metro o jugadores) a menor coste y rozamiento.
El sábado por la tarde, la escuela de La Masía, de la que Xavi es hijo y heredero, se comió a la estrategia de camuflaje del pulpo de Julen Lopetegui. El juego del vasco cambió de súbito y pasó del camuflaje aburrido y trabado habitual a una agresividad inaudita en los primeros 20 minutos que sorprendió al Barcelona, como el pulpo agazapado sorprende a su presa cuando ataca. Porque el Sevilla Fútbol Club de Julen Lopetegui triangula también pero con el fin de evitar que el contrario juegue y de tal modo que usa diagramas de circulación del balón tan sumamente ineficientes de cara al gol, que puede ser tenido como una estrategia de camuflaje que persigue provocar el desquiciamiento del contrario y entonces asestar el golpe mortal. Del camuflaje y el engaño animal nos ha enseñado mucho el gran biólogo evolutivo Roberts Triver: es una estrategia adaptativa más y no tengo nada que objetar salvo que a mí y a gran parte de la afición del Sevilla Fútbol Club no nos gusta.
Pero para que esa estrategia de camuflaje tenga éxito en el fútbol, hacen falta tres condiciones: (1) Que el contrario se desquicie, (2) una efectividad en ataque extrema y (3) una solidez defensiva brutal. Cuando no se da la primera condición ni la segunda, como en los partidos en casa y ante rivales de mitad de tabla para abajo, el resultado es el sempiterno y aburrido empate. Esto explica porqué el Betis de Pellegrini, con sus aspiraciones de fútbol abierto, haya sido en liga la víctima propiciatoria de Julen Lopetegui. Cayeron en la trampa del pulpo.
Pero todo eso era válido el año pasado. Hoy, y sin la tercera condición por la pérdida de la solidez defensiva del Sevilla Fútbol Club, el resultado es un punto y ocho goles en contra. Es decir, hemos pasado del aburrimiento del camuflaje a la desesperación de la impotencia. Eso que hemos ganado, ya tenemos motivos racionales para el malestar, no como antes.
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