Clientela o afición

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Hubo un tiempo en el Sevilla Fútbol Club durante la primera etapa de Monchi como director deportivo en que se despreció la figura del entrenador. Fue aquella época posterior a Manolo Jiménez en la que el entonces presidente José María del Nido y el propio Monchi se creían infalibles y artífices de los éxitos del equipo hasta el punto de pensar que Marcelino García Toral podía entrenar a una plantilla con la que no estaba contento o que se podía empezar la liga con un Antonio Álvarez en el que no se confiaba y cambiarlo en la jornada 5 por Gregorio Manzano.

Es de suponer que el director deportivo del Sevilla Fútbol Club ha tenido que aprender de aquello. Por si acaso no lo ha aprendido, este fin de semana ha tenido una nueva lección. Mientras que nuestro equipo cosechaba un decepcionante empate ante el Villarreal, insuficiente para que cayeran algunas gotas en el vaso de la confianza de Julen Lopetegui ante los ojos de la afición; la selección española de baloncesto se proclamaba campeona de Europa bajo la dirección de Sergio Scariolo.

En esa competición han estado presentes los mejores baloncestistas del mundo, la mayor parte de ellos líderes en sus equipos en la NBA. Pero no ha ganado el Campeonato de Europa Nikola Jokic con Serbia, ni Luka Doncic con Eslovenia ni Giannis Antetokoumpo con Grecia, por mencionar al triunvirato de jugadores europeos que triunfan en el baloncesto norteamericano, el mejor del mundo. La campeona de Europa es una selección en la que no hay una figura de índole internacional, pues ni siquiera los hermanos Hernangómez tienen gran relevancia individual, sino que es un equipo con una dirección técnica extraordinaria. Ahí el entrenador es la clave; lo cual nos demuestra de nuevo que es preferible tener un excelente director del conjunto antes que grandes individualidades.

En el Sevilla Fútbol Club actual está pasando justo lo contrario. Una alineación compuesta por Bono, Montiel. Nianzou, Gudelj, Acuña, Delaney, Papu Gómez, Telles, En-Nesyri y Dolberg necesitaría sólo un acompañante más para estar íntegramente formada por jugadores internacionales con expectativas de acudir al próximo Mundial. A ellos hay que añadir futbolistas de la talla de Jesús Navas, Rakitic, Isco, Fernando, Suso, Lamela, para conformar una plantilla que cualquier entrenador de primer nivel querría tener a su disposición.

La última teoría que circula por los mentideros sevillistas atribuye la continuidad de Lopetegui a la desconfianza de Monchi en los entrenadores disponibles en estos momentos, de ahí que no quiera prescindir del vasco sin tener el convencimiento de que otro candidato sacaría mayor provecho al plantel confeccionado. Considerando que esta hipótesis fuera cierta, habría varias objeciones que ponerle y la primera de ellas es que, evidentemente, ningún futurible entrenador puede ofrecer garantías plenas de lograr las metas que se persiguen en el Sevilla Fútbol Club, pero ¿acaso sí las ofrece el técnico actual? ¿Tan mal ve Monchi a los candidatos como para creer que Lopetegui ofrece mayores probabilidades de éxito?

En cualquier caso, se podrá coincidir más o menos con el razonamiento del director deportivo para mantener al entrenador, pero lo que no se puede discutir es que su decisión está basada en un proceso de reflexión que le lleva a concluir que es mejor no cambiar ahora mismo a quien dirige el plantel del Sevilla Fútbol Club . Dicho esto, se plantea otra duda, que viene condicionada por la trayectoria del equipo desde hace casi un año y la consiguiente reacción en el sevillismo. ¿Por qué no se le explica a la afición el resultado de dicho proceso de reflexión cuando ya incluso ha mostrado su disconformidad en el estadio?

No se pide aquí, por supuesto, una ratificación pública del técnico que sería el paso previo a una destitución posterior al siguiente tropiezo. Se trata de que la cúpula directiva de la entidad ofrezca a los aficionados la explicación que se merecen después del proceso de recogida de información y de reflexión que han realizado ante la opinión pública. El sevillismo sabe que tras la debacle ante el City estuvo reunida la comisión delegada tratando sobre la continuidad del míster, que se reunieron con los capitanes del equipo, que posteriormente hubo reunión del consejo de administración; se conocen todos los pasos pero no se sabe la conclusión a la que se ha llegado.

Eso es lo que no se entiende, ya que cualquier decisión que adopte la entidad precisa de un conocimiento por parte de aquellos de quienes se espera que apoyen y aplaudan a su equipo cuando están los puntos en juego. El sevillismo no sólo puede ser cómplice cuando se juegan los partidos mientras se le da la espalda cuando se adoptan decisiones. En un club de fútbol, la afición no es clientela por mucho que el Sevilla Fútbol Club sea una SAD. La D, de deportiva, genera un vínculo especial  que moralmente tiene que ser tan vinculante como la propiedad de las acciones. No traten a los sevillistas como clientes. Mejor es hacerles partícipes de sus decisiones, que, aunque sean impopulares, no pueden ser incomprendidas.

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