Opinión
Turrón barato
No debe ser tarea fácil resucitar a un muerto. Eso es lo que está haciendo Jorge Sampaoli desde que se puso al frente de la plantilla del Sevilla Fútbol Club. De momento parece que va por el buen camino, pues, en este proceso lento de recuperación de lo que era un cadáver que deambulaba por los campos, la paciencia ha de ser una virtud. En el momento del enjuiciamiento se puede enfocar lo que aún resta por recorrer hasta volver a ser un equipo puntero en el panorama futbolístico nacional o bien mirar el trayecto recorrido desde que el electrocardiograma era plano. En cualquiera de las dos hipótesis, la distancia es larga ya que, si bien queda mucho por recorrer, no es menos cierto que las constantes vitales del enfermo se han recuperado hasta alcanzar niveles esperanzadores.
El Sevilla FC ya no es el muerto que se arrastraba en los partidos por culpa de la nefasta gestión de quien entonces era su entrenador. El domingo, en el primer partido del año, que supuso la primera victoria liguera en Nervión, se vio en primer lugar a un equipo, con todo lo que ello conlleva, es decir, los jugadores conocían su función colectiva en el campo y la ejercían de la mejor manera posible. Se vio mano de entrenador, como anteriormente se había visto en los amistosos de esta inaudita pretemporada invernal, en el empate en tierras viguesas y en la goleada copera en Linares. Ahora bien, esto no debe esconder la existencia de desconexiones durante los partidos, como ocurrió en la primera parte en Vigo y durante 20 minutos de la segunda en la victoria ante el Getafe. La conclusión final, pues, es que el equipo ha mejorado un mundo pero le queda otro por recorrer hasta poner al Sevilla FC donde se merece en la clasificación.
Para esa misión parece que a Jorge Sampaoli lo han dejado solo, pues ni siquiera parece contar el apoyo de quien debe ser su principal aliado, el director deportivo. No es lógico que teniendo una plantilla tan mermada por culpa de los seis lesionados de larga duración y contando con dos fichas libres, Monchi, a quien hasta hace poco catalogábamos como el mejor director deportivo del mundo, sólo haya realizado una incorporación. Por cierto, con muy buena pinta ya que los 20 minutos jugados por Loic Badé el domingo con apenas dos días de entrenamiento fueron prometedores.
Cierto es como decía recientemente el entrenador argentino que el turrón en el supermercado es más barato después de Reyes, pero ¿quién quiere turrón una vez pasadas las Navidades? El turrón se come cuando se come y a nadie se le ocurre llevar turrón a su casa en Semana Santa, pues ésa es época de torrijas, que es precisamente lo que parece que le ha entrado a Monchi, una gran torrija. Si se tiene prevista, como parece, la vuelta de Lucas Ocampos, no tienen ningún sentido tanta dilación en el tiempo a la vista de las circunstancias en las que se encuentra el equipo, ya que no está en condiciones como para enfrascarse en lentas negociaciones para escatimar un par de millones de euros. El final del partido contra el Getafe podría haber sido mucho más placentero si, en lugar de lanzar balones para el contraataque a un Suso lento y desesperante, quien hubiera estado en el campo hubiera sido Ocampos, por muy malas que puedan ser sus condiciones físicas, que además aún serán peores cuanto más tarde en incorporarse a la dinámica colectiva. Ya ocurrió en verano con Isco y Januzaj, de quienes ya se habló para su incorporación allá por principios de junio cuando terminó la campaña anterior y no llegaron hasta meses después cuando incluso la temporada ya estaba empezada, como en el caso del belga. Ahora mismo en este Sevilla FC todo es tan lento y parsimonioso que el turrón llega caducado.
En su misión de recuperar al cadáver, Jorge Sampaoli va a afrontar el exigente calendario de enero y febrero con los mimbres más que justos, toda vez que la aportación de Suso es muy cortita y la de Januzaj, inexistente pues el entrenador no cuenta con él ni para dar refresco a los titulares. Así las cosas, cuando Sampoli mira al banquillo para hacer sustituciones apenas cuenta con tres futbolistas utilizables; el resto son canteranos más o menos prometedores que deben ir haciéndose un hueco en el equipo poco a poco. En tales circunstancias y una vez que Isco y Dolberg han dejado dos plazas libres, no tenerlas ya cubiertas es un despropósito que pone otra mancha en el expediente de un Monchi que está ejecutando la peor temporada que se le recuerda, por supuesto impropia de su trayectoria y prestigio.
Ello no obsta, sin embargo, para reducir la exigencia. El Sevilla FC debe firmar en enero un ineludible pleno de victorias ligueras que le saque del pozo y le instale en la zona media de la tabla para, desde ahí, afrontar con más calma y mejor dinámica una segunda vuelta que debe ser la de la resurrección definitiva del muerto.
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