Opinión
Nuevas etapas
Con un par de meses de diferencia, el Sevilla Fútbol Club va a renovar a sus dos cargos principales, el presidente y el entrenador; aunque, a tenor del desquiciamiento que ha absorbido a la dirigencia sevillista, no es descartable que haya cambios de inquilino en el banquillo si los resultados no llegan antes del próximo parón de selecciones dentro de cuatro semanas. En este lapso de tiempo, los rivales que vienen son Real Madrid, Arsenal por dos veces, Cádiz, Celta y Beti, más una ronda en principio asequible de Copa del Rey. Alguien debería recomendarle al nuevo técnico Diego Alonso que siga viviendo en un hotel porque, si no consigue nueve puntos en liga y tres en Champions, no le va a dar tiempo de alquilar vivienda en Sevilla, ya que la paciencia del triunvirato directivo de Nervión se ha demostrado bastante escasa.
No es menor, por tanto, el reto para el uruguayo, cuya designación para dirigir al plantel sevillista ha sido muy sorprendente dada su nula experiencia al frente de un banquillo europeo. Hasta ahora los entrenadores exitosos del Sevilla Fútbol Club han tenido como denominador común su nacionalidad española, y en la mayoría de los casos, con nacimiento en alguna localidad vasca. La historia de los entrenadores extranjeros en el siglo XXI no merece mucho la pena recordarla pues nos encontramos con casos como los de Eduardo Berizzo, Vicenzo Montella o Jorge Sampaoli y, si a ello se le añade su ausencia de bagaje técnico en la liga nacional, la incertidumbre está más que justificada. Bien está que haya jugado como futbolista en nuestro país y que haya residido aquí durante los últimos meses, pero de ahí a considerarlo como ‘experiencia en la liga española’ va un abismo.
Diego Alonso es, por tanto, como dirían en mi pueblo, “un melón por calar”, algo a lo que está acostumbrada la afición del Sevilla Fútbol Club, que ha visto pasar a innumerables jugadores desconocidos que se transformaron en extraordinarias figuras correteando por la pradera de Nervión. Sin embargo, ninguno de sus entrenadores recientes que han tenido éxito, excepto Mendilibar, tienen ese perfil. Tanto Emery como Lopetegui disponían de una trayectoria consolidada y, aunque Juande Ramos no había tocado plata hasta recalar en Nervión, tampoco el Sevilla FC lo había hecho. El caso es que el único entrenador, Mendilibar, que desentonaba con la relevancia del club y que logró la machada de campeonar en una competición continental ha sido el más castigado por unos rectores que han perdido no sólo la paciencia sino también la conciencia de lo que se traen entre manos.
Y es precisamente en medio de este aluvión de cambios de entrenadores cuando se va a proceder al relevo en la cima de la pirámide directiva. A lo largo del mes de noviembre se van a ir produciendo de facto las primeras asunciones de responsabilidad por parte del actual vicepresidente José María del Nido Carrasco para consumar en la próxima Junta General de Accionistas del Sevilla Fútbol Club de diciembre la oficialidad de su trueque de cargos con Pepe Castro, quien presumiblemente volverá a ejercer de vicepresidente, en virtud del pacto de gobernabilidad que firmaron años atrás, popularmente conocido como el ‘pacto por la pasta’.
En estos días observamos ya algunos detalles de los nuevos roles que los protagonistas de la política sevillista van a ejercer en el futuro más inmediato. Los focos apuntan a Del Nido Carrasco en los actos con las peñas, Castro delega protagonismo en asuntos internos como el cambio en la dirección de Comunicación, y hasta el máximo accionista, otrora beligerante contra el presidente, calma sus ánimos y los de su cohorte de seguidores ante el inminente ascenso a la presidencia de su hijo. El nuevo escenario político del Sevilla Fútbol Club se va conformando poco a poco con algunos aspectos mejorados y otros por mejorar.
La contratación de Diego Alonso deja entrever un halo de esperanza en cuanto a la vuelta a la profesionalización de la entidad, pues parece real que la voluntad del director deportivo del Sevilla Fútbol Club Víctor Orta ha prevalecido sobre otras opiniones, como debe ser. Sin embargo, en la parcela de la comunicación, la consideración de ciencia esotérica sigue prevaleciendo. La política de información marcada por el anterior responsable, Jesús Gómez, sigue vigente y con la misma eficacia de siempre, pero la estrategia de comunicación continúa siendo nula, lo que deriva en escenas tan desoladoras como la de los tres máximos dirigentes de una entidad de 200 millones de presupuestos volviendo en tren de Madrid mochila en mano cual parvulitos tras realizar un casting para contratar a uno de sus principales cargos ejecutivos, como es el de director técnico. El destrozo de imagen de Pepe Castro no tiene ya el más mínimo arreglo, pero el déficit de opinión pública con el que va a empezar su etapa Del Nido Carrasco debería llevar a una reflexión en el seno de la entidad. Si tuvieran capacidad para ello, claro.
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