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Monchi, el subjetivo

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José Manuel Rodríguezhttp://198.20.104.146/~bsqyqhtg
Estudiante de Periodismo en la Universidad de Sevilla.

«Perteneciente o relativo al modo de pensar o de sentir del sujeto, y no al objeto en sí mismo», así define la Real Academia Española la palabra subjetivo. Monchi, en la zona mixta del Santiago Bernabéu, palpó su significado de forma más sencilla con aquello de «soy del Sevilla Fútbol Club, no debo de decir yo si es penalti porque soy parte interesada».

Entonces, ¿todo aficionado al fútbol es subjetivo? Realmente, si extrapolamos esto a la vida en general, todo humano nace pegado a la subjetividad. Vamos, yo pienso que es una cualidad más que necesaria para una persona completa. Tener opinión, voz, voto. Sin embargo, pienso que lo de Monchi es más que subjetividad. Es sevillismo. Con cada una de las letras que forman esta palabra con tanto significado detrás. Esa que, cuando toca estar en frente de los grandes, golpea sin parar el corazón. La que, por mucho que intentemos, no se puede ni explicar ni definir con palabras.

Como ya llevo comentando dos semanas, soy un sevillista de finales. Yo he conocido a un Sevilla Fútbol Club campeón. Uno que se paseaba por todos los campos de Europa, que le miraba de tú a tú a los más grandes y que solo fue pasado por encima en una trágica noche ante el Milán. Sin embargo, desde bien pequeño mi padre me inculcó aquello de «qué suerte tenéis los jóvenes con este equipo, ustedes no habéis sufrido». Nada, siempre me quejo cuando me lo dice. Y es que yo he sufrido por este club, por temerme lo peor en aquel fatídico marzo de 2017.

No sé si lo recordáis, pero aquel mes, a finales, Monchi dijo adiós al Sevilla Fútbol Club. Cuando se hizo oficial yo me negaba a entenderlo. «Papá, ¿Pero por qué? Si es más sevillista que el escudo…» En un alarde de sabiduría y de, obviamente, llevarme mucha ventaja en esto que conocemos como vida, mi padre me respondía: «Pues por eso mismo, miarma. Ya lo entenderás». Que por cierto, no hay nada que de más coraje que no entender algo y ser consciente de ello.

Justamente lo entendí en marzo, dichoso mes este, de 2019. Monchi volvió porque era demasiado sevillista para ver cómo el club se iba a caer a pedazos sin él. Sin embargo, desde que puso de nuevo un pie en el Ramón Sánchez-Pizjuán, algo notaba raro, cambiado. «Sí, este no es el mismo que se fue. No, me niego. No tengo tan poca memoria», me repetía en bucle. Se le veía distinto, se respiraba otro ambiente, sí. Era ambición estado puro, pero es que esa palabra también se repetía antes de su marcha. Entonces, ¿Qué será?

Otra vez más, porque supongo que de esto va la vida, el tiempo te hace entender las cosas. O al menos eso me pasa a mí, seré el más raro. Bueno, me dejo de divagar y voy al grano. Sí, este Monchi es otro. Después de mucho observar y analizar, creo que tengo respuesta. De aquel joven ex jugador del Sevilla Fútbol Club que quedó absolutamente prensado de una ciudad y una afición que respira como ninguna otra lo hace, quedan cosas. De hecho, la mayoría. Pero hay una que no. Antes, el León de San Fernando también era el mejor director deportivo del mundo y la persona más importante dentro del club. Ahora, también, pero encima es consciente de ello.

Ahí está. La seguridad de saber que eres el mejor. La confianza plena en lo que haces y la certeza de que a pesar de las críticas, siempre serás el más amado en Nervión. Pero también, la responsabilidad de defender aquello que amas y demostrar que eres la persona indicada para ello. La necesidad de no defraudar aquellos que darían la vida por ti e incluso te quieren más que a algunos de sus familiares (que poco tardarían en hacerte hueco en la cena de navidad, León).

Y con todo esto en la cabeza salió Monchi a la zona mixta del Santiago Bernabéu. A defender, a capa y espada, a su Sevilla Fútbol Club. Porque sí, es suyo. Creo fielmente en que es la persona más importante en la historia de su club. Se ha ganado a pulso el respeto de una afición exigente y cuando más ninguneado se sentía esta, no defraudó. Sacó esa maravillosa subjetividad que tanto envidian fuera. Que será por carecer de ella, pobres.

Entre tanto cabreo y enfado, escuchar al León de San Fernando fue como una bocanada de aire fresco para el sevillismo. Porque, al fin y al cabo, Monchi es el oxígeno del Sevilla. Es la prolongación en los despachos de cualquier loco de gol norte. Pero también es cerebro. Pero sobre todas las cosas, es humano. Y la subjetividad, queridos lectores, es una cualidad más que necesaria para una persona completa. Y el León… el León lo es.

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