Lo siento, Rakitic

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Menudos cabreos se cogía el añorado y queridísimo José Antonio Reyes cuando los entrenadores le sacaban del campo al cumplirse la hora de juego sabedores de que su rendimiento físico estaba agotado. Todos los futbolistas son, y tienen que ser, egoístas. Por lo tanto, es comprensible que pretendan rebelarse contra lo que dice su DNI. Sin embargo, pese a las miraditas desafiantes y aspavientos, la mayoría de los técnicos que el utrerano tuvo en su segunda etapa en el Sevilla Fútbol Club impusieron que su presencia en el terreno de juego no iba a durar más de 60 minutos, los suficientes como para que pudiéramos deleitarnos de su maravilloso fútbol, porque para deambular sobre el césped siempre hay tiempo.

Tiempo, de eso se trata precisamente, de tiempo. Porque un entrenador no sólo tiene que preocuparse del espacio que ocupan los jugadores en el campo -aquí en Sevilla hemos conocido cómo un mal técnico, Pablo Machín, se cargó durante media temporada a un extraordinario pelotero como Éver Banega por desubicación- sino también del cuánto y cuándo deben participar en el partido para que contribuyan de la mejor manera posible al desenvolvimiento del colectivo.

Eso, lógicamente, depende de las condiciones físicas y características de cada jugador, lo cual está en la mayoría de las ocasiones, pero no siempre, directamente relacionado con su edad. Ni todas las personas somos iguales ni todos los cuerpos responden de la misma manera al paso del tiempo, de ahí que no se pueda aplicar la misma lógica a todos los futbolistas.

Si Fernando y Jesús Navas pueden acumular una elevada cantidad de minutos de juego, benditos sean y afortunado el aficionado del Sevilla Fútbol Club de poder disfrutarlos. Sin embargo, no por ello debe aplicarse la misma máxima a otros como Ivan Rakitic, un extraordinario futbolista del que todavía queremos también disfrutar, aunque hasta ahora lo hayamos hecho poco. Porque el paso de los años le está jugando una mala pasada, disminuyendo las condiciones físicas que requieren el puesto y la función que ejerce en el equipo.

Al contrario que su querido amigo José Antonio Reyes, parece que a Ivan Rakitic le viene mejor jugar en los últimos minutos del partido que al inicio, sobre todo, condicionado por la disposición y fortaleza del equipo contrario. Por lo visto desde que llegó de Barcelona, donde ya empezaba a ser discutido, no parece que sus condiciones físicas le alcancen como para enfrentarse a rivales pletóricos de fuerza física y con energías intactas para la presión asfixiante, de ahí que parezca un jugador diésel mientras los demás circulan con gasolina súper.

Veamos si esa impresión que tiene parte del sevillismo se confirma con los datos. Algún ventajista no tendría más que argumentar que, en Vigo, el Sevilla Fútbol Club se adelantó en el marcador en los segundos siguientes a salir Ivan Rakitic del campo. Pero eso sería un análisis demasiado simplista, así pues obviemos esta circunstancia y veamos lo ocurrido en algunos otros encuentros de esta temporada. En la primera victoria sevillista ante el Rayo por 3-0, el croata no jugó. En la abultada victoria por 3-1 ante el Valencia, Rakitic entró en el minuto 56 cuando la goleada ya campeaba en el marcador. El analista ventajista se va cargando de más razones.

En la segunda jornada liguera ante el Getafe el croata no estuvo en el once inicial sino que salió en el minuto 46 y se logró la victoria con él en el campo, concretamente en el minuto 90. Similar circunstancia se dio en partido de Liga de Campeones ante el Wolfsburgo, en el que sustituyó en el minuto 53 a Rafa Mir y en el 87 materializó el penalti que permitió empatar el partido. En los restantes partidos, su trascendencia no fue tan evidente.

Con estos datos, ya no parece que el análisis sea ventajista. A estas alturas del texto, ya empieza a coger cuerpo el símil de que si Ivan Rakitic fuera torero sería mucho más espectacular con la muleta que con el capote. El croata carece ya de los recursos físicos necesarios como enfrentarse a un toro recién salido de chiquero, pues más bien precisaría que el astado hubiera perdido energías con el correspondiente castigo en las suertes de varas y de banderillas para sacar su mejor faena.

Precisamente, eso quiere el sevillismo: ver las mejores faenas que a buen seguro aún nos puede dar el croata de Pino Montano, cuyo desempeño anodino nos duele porque le estimamos como si hubiera sido un producto de la factoría de la carretera de Utrera. Aunque tenga que convertirse en torero que abra el tarro de las esencias sólo en los quites, el aprecio de la afición del Sevilla Fútbol Club hacia Ivan Rakitic nos lleva a implorar que JLo aproveche de él sus mejores minutos aunque sean limitados a los finales de los partidos.

Si tenemos que aguantar todos los días a tantos atrevidos toreros de salón que se atreven a dar lecciones a los maestros sin haberse puesto en su vida delante de un toro, cómo no vamos a aceptar que uno de nuestros más admirados futbolistas nos deleite con cuentagotas de su maestría. Que al croata no le va a sentar bien que se limite su protagonismo, seguro; pero JLo ya ha dado muestras de no arrugarse ante las decisiones necesarias por muy controvertidas que puedan ser.

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