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En la élite

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En este momento de hacer los balances finales una vez concluida la temporada, todo el mundo tiene los datos necesarios para justificar su conclusión ya que la trayectoria del Sevilla Fútbol Club ha sido tan atípica que da lugar a que se piense lo uno y lo contrario. Quizá sea esto una seña de identidad de lo que significa vivir en la élite -sí, élite, con tilde en la primera ‘e’, como todas las palabras esdrújulas-.

Es probable incluso que la razón de existir de los debates y controversias que se llevan viviendo durante toda la temporada en el sevillismo se deban también al mantenimiento en el cuarteto que lidera el fútbol español, pues supone un rol nuevo al que no están acostumbrados todos los millones de individuos que aman o simpatizan con esta entidad. Vivir en la élite supone tener que acostumbrarse a las grandilocuencias; ahí arriba en las alturas nada pasa desapercibido y todo es sometido a análisis riguroso en el que no caben matices, ya que todo es, o blanco, o negro. De ahí el  exceso de vehemencia puesto de manifiesto en el debate, por ejemplo, de la continuidad del entrenador, donde desde el inicio de la campaña se han expresado posiciones irreconciliables.

En las grandes entidades no existen las nimiedades, todo se magnifica y se saca de quicio; los cauces de la pasión son de trazo grueso. Los elogios son tan desmesurados como las críticas, como está sufriendo don Ramón Rodríguez Verdejo, a quien muchos conocen como Monchi, con las arremetidas que le llegan desde la prensa madrileño-madridista; ésa que se dedica a dar lecciones de profesionalidad aunque no sean capaces de hacer el más mínimo ejercicio de humildad ante el bochornoso ridículo que han hecho con el ‘fichaje’ de Mbappé por parte de su amo. Por mucha razón que lleve en su incomodidad y por muchos motivos que lo justifiquen, su reacción de negarse a cualquier relación con la prensa madrileño-madridista no se corresponde con la magnitud de la entidad denominada Sevilla Fútbol Club, que pretende tener trascendencia mundial, hasta el punto de que dispone de un alto ejecutivo dedicado a ello. Cuando una entidad es grande y poderosa, sus enemigos también lo son; a eso hay que acostumbrarse sin que exista opción alguna de rehuir la batalla. ¿Acaso un representante de nuestra entidad no tiene más categoría que esos mindundis voceros que comen en la mano de El Padrino Florentino? Pues entonces no se rebaje a tan subterráneos niveles.

La misma razón conduce a considerar un error ese afán oscurantista que ha arraigado en el Sánchez-Pizjuán desde la llegada de Julen Lopetegui. Por mucho que don Ramón quiera atribuirse la paternidad de semejante desatino, la huella que se refleja en este hecho es la de quien rehuye de los medios de comunicación con la intensidad con la que lo hace el entrenador vasco, cuya aversión a los micrófonos es directamente proporcional a sus éxitos, lo cual es también impropio de quien dirige a un equipo de élite. Un entrenador de primerísimo nivel que dirige a una entidad grande debe ser más permeable a la comunicación, no ya con los periodistas, sino con los seguidores de su trabajo, muchos de los cuales quieren conocer sus opiniones y las razones que le llevan a adoptar tal o cual decisión.

Si ya de por sí, todos los amantes del fútbol llevamos dentro a un entrenador frustrado, mucho más cuando el equipo de nuestros amores se instala, con vocación de permanencia, en las alturas de las clasificaciones nacionales y continentales, por lo que no es extraño que los debates se vivan con pasión desmesurada. De tal manera que cuando esté próximo a finalizar el mes de agosto, volverá a reproducirse la controversia en torno a la figura del vasco y esperemos, por el bien del Sevilla Fútbol Club, que no surja con más argumentos hacia sus detractores pues ello supondría que el inicio de la campaña no ha sido todo lo favorable que deseamos. Cada temporada es un examen, pero la próxima se atisba como una reválida para el proyecto sevillista basado en la dirección técnica de JLo. Si la dirección del club quiere hacer de Lopetegui el ‘Simeone del Sevilla’, la campaña que viene es esencial: o se enfundan todos los fusiles o se le dirige al paredón a las primeras de cambio, porque además el juicio será sumarísimo en todas y cada una de las decisiones que adopte. Cosas de vivir en la élite.      

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