Opinión
Deshonestidades
La semana en la que el Sevilla Fútbol Club con peor trayectoria liguera del siglo XXI va a jugar una semifinal de una competición europea invita a pensar en pocas cosas que no sean los dos emocionantes partidos que quedan por delante. No obstante, quizá sea conveniente atender a otros hechos para desviar la mente de tanta tensión que se va acumulando en los corazones sevillistas, pues ya habrá tiempo, conforme se acerque el jueves, para dejar a la sangre roja hervir a sus anchas.
Un hecho que ha llamado la atención esta semana pasada al sevillismo ha sido el enfrentamiento en la Premier entre dos entrenadores que llevamos en nuestro corazón, Julen Lopetegui y Unai Emery, que ha derivado en la consecución por parte del primero de ellos del objetivo para el que fue contratado esta temporada: la salvación de los Wolves a los que cogió en puestos de descenso después de su salida de nuestro Sevilla Fútbol Club, lo cual viene a suponer un nuevo éxito en su carrera.
La consideración de Julen Lopetegui como un gran entrenador al que agradecerle su contribución al crecimiento del Sevilla Fútbol Club como entidad no obsta para que el análisis de los acontecimientos al inicio de la presente temporada nos lleve a una conclusión de la que no sale bien parado. Por mucho que la deshonestidad sea moneda común en el fútbol no deja de sorprender el cambio de implicación de Lopetegui desde que se sentó en el banquillo de los Wolves en comparación con su desempeño en el Sánchez-Pizjuán.
Comparar su motivación desde que llegó a la Premier con la gestión que hizo en el principio de la temporada en el Sevilla Fútbol Club es un ejercicio de demostración de lo que cualquier persona es capaz de conseguir cuando le pone interés en su ejercicio profesional. Si Lopetegui se hubiera desempeñado durante los meses de agosto y septiembre de la misma forma que lo ha hecho a partir de mediados de noviembre, otro gallo le habría cantado a nuestro club.
Lo que cabe preguntarse ahora es por qué el entrenador continuó en el Sevilla Fútbol Club aún sabiendo que no tenía la mínima implicación necesaria para desarrollar sus cometidos. Que el egoísmo es intrínseco al fútbol lo tiene de sobras asumido cualquier aficionado que analice un poco los comportamientos de los actores de este deporte, ya sean entrenadores, jugadores o directivos. De hecho se han conocido casos de deslealtades y deshonestidades clamorosos que, pese a todo, han recibido el aplauso generalizado.
Daba a conocer recientemente en una entrevista el entrenador del Atlético de Madrid, Diego Pablo Simeone, que en su etapa como jugador preguntó a su entonces míster, Luis Aragonés, por la posibilidad de fichar por el club colchonero, a lo que el posteriormente seleccionador español le dijo que no lo dudara y que cogiera rumbo al Manzanares. Se da la circunstancia de que por aquel entonces entrenador y jugador estaban unidos contractualmente al Sevilla Fútbol Club.
Una vez conocido este hecho, todo son loas y alabanzas a la implicación de ambos protagonistas con el Atlético de Madrid pero nadie repara en la deshonestidad que ambos tuvieron con el club que por entonces pagaba religiosamente sus nóminas y sus fichas. Que un entrenador invite a un jugador a fichar por otro equipo es una sinvergonzonería muy grande por mucho que quien la cometiera fuera sabio y naciera en Hortaleza, pero el mundo del fútbol asume deshonestidades como ésa y otras peores.
Quizá por ello no se repare en que también es deshonesto seguir ejerciendo unas funciones cuando no se tiene ni interés ni motivación para hacerlo. La honestidad e integridad personal habrían aconsejado a Julen Lopetegui a desvincularse del Sevilla Fútbol Club cuando allá por el mes de junio se reunió con Monchi para planificar la siguiente temporada. Que el director deportivo sevillista quisiera mantenerlo era una decisión comprensible teniendo en cuenta que la trayectoria de tres ejercicios consecutivos había concluido con éxito, pero ahora tenemos claro que por la parte del entrenador la intención de continuar era sólo por mantener un puesto de trabajo ante la ausencia de una alternativa que le resultara más satisfactoria.
En esta semana hemos vuelto a ver lo que es capaz de hacer Lopetegui teniendo la suficiente motivación personal, de lo cual se alegra casi todo el sevillismo que lo lleva en el corazón. Sin embargo, también ha quedado de manifiesto que la deshonestidad puede destruir la mejor de las capacidades.
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