Opinión

Camarasa, ¿qué te pasa?

Camarasa, ¿qué te pasa?

Honor y gloria al Sevilla Fútbol Club. Caer derrotados por la mínima en octavos de Copa del Rey, sin guardameta del primer equipo, defendiendo la portería un chico por hacer; sin apenas banquillo, y mantener la dignidad hasta el final, incluso con un balonazo al larguero, no debe servir para enarbolar la derrota como excusa, el manque pierda es cosa de otros, sino para enaltecer aún más si cabe el lema del que nunca se rinde y que, si se tiene que caer, se hace mirando a la cara al enemigo.

En casa hemos escuchado gritar al vecino como si lo que hubieran ganado fuera la final, y no es una idea muy desencaminada, porque ya se saben cuáles son sus aspiraciones y sus complejos, basta ver lo que sucedió el sábado y lo que nos queda por escuchar. Aun así, tema cerrado. Ganaron al Sevilla Fútbol Club y solo queda verlos celebrar, aunque ello suponga una mezcla de grima, vergüenza ajena y alguna dosis de ternura ante quienes tienen poco más que eso para celebrar.

Dicho esto, Jul y Gan todavía andan dándole vueltas a lo sucedido la noche del sábado. En casa hemos sentido aún más vergüenza ajena por aquello que por escuchar las celebraciones de victoria de los del equipo del señor del palo. Y nos gustaría analizarlo. Así que aquí vamos:

Uno. Hemos sentido mucha vergüenza porque en las redes sociales se afirmaba que el 99,9% de los béticos no eran como el energúmeno que lanzó la barra. Es probable que la inmensa mayoría no lo sea, pero llegar hasta el 99,9% nos ha parecido un poco excesivo. ¿Por qué? Porque si el 99,9% de los béticos fuera así, al lanzador de jabalina se le hubiera detenido de forma inmediata, y no fue así. En una grada repleta de espectadores ¿nadie vio nada?, o ¿vieron y callaron? Y es que los peores, y de ello somos conscientes al menos nos lo enseñó Adolf Hitler en la Segunda Guerra Mundial, no son los que cometen las atrocidades sino quienes las silencian.

Dos. El teatro de Joan Jordán. Quién sabe, puede ser. Incluso para lo que vamos a decir, no importaría mucho que fuera cierto. El espectáculo de empleados del Real Betis (antes hablábamos del público, ahora de los que tienen nómina, o al menos eso esperamos que tengan) fue vergonzoso también. No sabemos si los tuiteros verdiblancos los incluían en el 99,9%, pero empujar, amenazar, llegar a las manos con el cuerpo técnico del Sevilla Fútbol Club aduciendo que el futbolista estaba disimulando es, simplemente, vomitivo. Que haya existido la posibilidad de que se haya lanzado desde la grada un objeto punzante que, en vez de impactar de la forma que lo hizo, lo hubiera hecho por la punta, que hubiera penetrado en una parte blanda con consecuencias más graves para la salud del futbolista, es lo suficientemente grave para que quienes debieran sentir vergüenza por ello la hubieran sentido. Pero nada de eso sintieron. Lo suyo era, o al menos eso parecía, prolongar la agresión y diseminarla a otros. Un equipo, vamos.

Tres. El Consejo de Administración del Betis. El anuncio que apareció en el videomarcador, mostrando que en todos y cada uno de los partidos jugados en ese estadio el club ha sido denunciado por las autoridades competentes, a tenor de lo dispuesto en la normativa en materia de lucha contra la violencia, el racismo y la xenofobia, es otra vergüenza más. El Consejo de Administración consiente la existencia de grupos de ideología fascista en su estadio y ¿qué están haciendo por erradicarla? Por lo que se ve, nada. Y quien no hace nada, consiente y es parte del problema.

Cuatro. Los aficionados en las redes sociales. El vertedero de Twitter lo habéis dejado bien sucito. Tanto los que han soltado toda la mierda que albergaban en sus entrañas como los que justificaban, ay los que justifican, cuánto daño hacen, y afirmaban eso de que un solo energúmeno se había cargado un partido de fútbol. Sí, hijos, sí. Que solo ha sido un palito de bandera, que solo era uno. Lo único que hubiera faltado es que además hubiera sido una lluvia de ¿trece? barras.

Cinco. Algunos futbolistas del Betis. Camarasa ¿qué te pasa? En casa hemos sentido mucha, mucha vergüenza ajena por las declaraciones en Twitter de este futbolista, por los mensajes de Borja Iglesias y algunos más, pero la gracieta de Guardado y su desmayo, vaya gilipollas, ha sido lo más, demostrando bien a las claras que a quienes no han ganado nada la victoria les sabe rara. Jul y Gan recordaban la creación de la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE), en la que tuvo mucho que ver un futbolista del Betis, Joaquín Sierra Quino (eran otros tiempos, y el futbolista era abogado e hijo de poeta). Por lo que se ve, la conciencia de clase de esta gente que gana tanto dinero es poco menos que nula. ¿De qué vais, memos? Lo que le sucedió a Joan Jordán podía haber sido peor y os podía haber pasado a uno de vosotros en otro estadio. ¿De parte de quién estáis? Del club que os paga, ¿no, leones de circo romano? Os llenan los bolsillos de billetes y os han comprado vuestra conciencia y vuestra dignidad. Algún día esto se volverá contra vosotros y cuando queráis recobrar vuestra dignidad como seres humanos no recordaréis dónde la abandonasteis a cambio de dinero.

Y seis. Los hechos. Sucedieron durante la celebración de un gol al eterno rival, el Sevilla Fútbol Club. No, no había sido después de que el equipo contrario marcase un gol injusto ni nada por el estilo. Celebrar así la victoria es para hacérselo mirar. Aunque a nosotros, después de escuchar la de nuestro vecino al término del partido, no nos extraña nada. Pero nada de nada.

P.D.: No dejen de ver el video de la botellita de Guardado y las risas de sus amigos. Qué clase, campeones. Porque lo sois ya, ¿no?

Manuel Machuca

Calendar 17 de enero de 2022 · 06:11

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