Opinión

Viva la Superliga

Viva la Superliga

Sufrió el Sevilla Fútbol Club el fin de semana pasado todo lo que supone la desvergüenza de una entidad que jamás ha sido capaz de competir en igualdad de condiciones con los demás contendientes, de ahí que muchos resten importancia a los numerosos trofeos que acumula en sus vitrinas pues pocos de ellos han sido conseguidos en buena lid. Lo del Real Madrid es lo más asqueroso que se puede ver en el mundo del fútbol y acaso en la sociedad en general, pues pone de manifiesto buena parte de los males que atesora el ser humano. El club de fútbol que preside El Padrino Florentino encarna lo peor de la condición humana.

En primer lugar, porque antepone la codicia por encima de cualquier valor de competitividad y meritocracia. Nunca en su existencia los madridistas han querido ganar por méritos propios, sino que han antepuesto la forma de obtener la victoria, aunque fuera por procedimientos ilícitos o tramposos a la satisfacción del trabajo bien hecho. Directivos, jugadores, entrenadores, aficionados, todos ellos dan por buena la victoria, aunque la consigan por métodos espurios como la extorsión al árbitro o el empleo de juego sucio. En segundo lugar, porque hace gala de una prepotencia propia de quien se considera superior y omnipotente, gracias a que sus artimañas encuentran amparo en una sociedad en la que prima la sumisión antes que la honorabilidad. En tercer lugar, porque utiliza con fruición sus métodos mafiosos de presión al adversario con intención aleccionadora hacia el resto de contendientes en la competición.

Pues bien, esta forma de comportamiento maliciosa encuentra aceptación y elogio en buena parte de una sociedad carente de valores, que tiene en el fútbol su mayor pasión, con lo que ello supone de predominio de la emoción y carencia de razón. El madridismo en su conjunto quiere ganar y, si para ello es necesario, extorsionar a un árbitro, se extorsiona. Si hay que agredir a un contrario, se le agrede. Si hay que hacer trampas, se hacen. Si hay que machacar públicamente a un oponente, se le machaca. Si hay que comprar medios de comunicación y periodistas para influir en la opinión pública, se compran. Si hay que presionar a gobernantes, se les presiona. Si hay que jugar de forma marrullera, se juega.

Todo es válido con tal de seguir acumulando plata en las vitrinas para mostrarlas, previo pago, evidentemente, a los incautos que aplauden las trampas y la deshonestidad. Secularmente, la sociedad española ha amparado a todo tipo de delincuentes pues acepta que los delitos los cometa “uno de los nuestros” siempre y cuando sea para beneficio del colectivo, lo cual ocurre en todos los órdenes de la vida y no sólo en el futbolístico. Basta con analizar el entorno de un determinado partido político que en Andalucía ha robado cientos de millones de euros y aún sigue teniendo millones de abducidos.  

Cuando toda esa ausencia de valores se une en dos personas como El Padrino Florentino y el descerebrado Vinicius, el resultado es evidentemente explosivo y muestra su vertiente más descarnada, de ahí que, a la vez que despierta pasiones en millones de personas, también genera el mismo número de desafecciones. Para honor propio, una parte importante de quienes repudian tales comportamientos se concentran en la afición del Sevilla Fútbol Club y en la propia entidad, lo que explica por qué la maquinaria ensuciadora madridista se ensaña contra ambos cuando llegan los enfrentamientos directos. De esta forma, el Sevilla Fútbol Club se coloca en el club selecto de los equipos más odiados por el madridismo, lo cual no puede ser más que motivo de satisfacción y regocijo para los seguidores nervionenses.

Se trata de un privilegio que no tiene casi ningún otro club en España, ya que ninguno de ellos es capaz de llevar la contienda desde los terrenos de juego hasta los despachos. Cierto que el madridismo tiene animadversión al FC Barcelona y cierta rencilla con el Atlético de Madrid, pero cuando tratan asuntos económicos todas esas desavenencias se olvidan y se comportan como leales socios, poniendo de manifiesto que lo suyo no es más que impostura. A la hora de la verdad, madridistas y culés son aliados en el lucro y los atléticos, sus pordioseros que recogen las migajas.

Lo mejor que le podría ocurrir a la liga española es que los tres cojan el petate y se marchen a disputar esa Superliga que para mayor gloria de El Padrino Florentino ideó en cierta ocasión con la única pretensión de exportar al resto de Europa sus prácticas mafiosas. Al norte de los Pirineos al presidente madridista lo tienen bien calado y, lejos de comprarle la idea, le han dejado en la estacada haciendo uno de los más sonados ridículos de los últimos tiempos en el mundo del fútbol. Una pena para el Sevilla Fútbol Club y el resto de los equipos españoles, pues era una oportunidad de oro para librarnos de tanta escoria.

Manuel Vicente

Calendar 24 de octubre de 2023 · 06:00

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