Pasos al lado

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Se salva el Sevilla Fútbol Club por la campana de caer a puestos de descenso gracias a la derrota del Cádiz ante un Valencia que bien pudiera ser un espejo en el que fijarse, dada la tarea de rejuvenecimiento de la plantilla que está llevando a cabo el director deportivo, Víctor Orta. No será semana cuando se caiga a la zona del abismo, pero será cuestión de tiempo si el equipo no cambia drásticamente no sólo en su dinámica sino en su mentalidad y, sobre todo, en su forma de juego.

Entre el reciente partido, que dolorosamente acabó en derrota, con el Alavés y el próximo ante el Gerona, la plantilla sevillista ha incorporado cuatro caras nuevas, con independencia de la ficha con la que formalmente estén inscritos en la Federación, que son perfectamente alineables por Quique Sánchez Flores. Nadie puede negar que son incorporaciones absolutamente necesarias, pese a que se pueda criticar que son jugadores excesivamente jóvenes y que las necesidades del Sevilla Fútbol Club pasan por futbolistas que ofrezcan rendimiento inmediato. Sin embargo, este mercado invernal es el menos apropiado para incorporar futbolistas ‘buenos, bonitos y baratos’, así que hay que renunciar a alguna de esas B. Sin ir más lejos, el año pasado se incorporó a Badé siendo bueno y barato y finalmente resultó ser también bonito, pero esta cualidad nunca se puede garantizar por adelantado, como quedó también de manifiesto con la llegada en el mercado invernal de Martial, quien resultó ser malo, feo y caro.

La variable del rendimiento futuro del futbolista que se incorpora a un nuevo grupo nunca se puede predecir; sin embargo, lo que sí se puede calibrar con certeza son las aportaciones recientes y deducir a partir de ellas la trayectoria futura. En este sentido, en el Sevilla Fútbol Club actual hay algunos jugadores que deben ser conscientes de que su presente ya no está acorde a su pasado por la sencilla razón de que el paso del tiempo tiene un efecto en los cuerpos que hace imposible mantener el desempeño que se tenía años atrás. Quizá en otra situación las aportaciones de los Ramos, Rakitic y Navas podría ser positiva para el equipo, pero, para alejarse del abismo, el equipo necesita juventud, fuerza, músculo, capacidad de reacción, ímpetu; virtudes todas ellas que empiezan a desaparecer conforme caen las hojas del calendario.

Argumentaba recientemente Víctor Orta que la plantilla tenía las suficientes dosis de veteranía como para poder asumir la incorporación de veinteañeros de forma que la composición final incluya un poco de todo. Con la llegada de los Agoumé, Muzambo, Hannibal y Mejía, se dota al grupo de la energía suficiente como para ganar las muchas jugadas que durante los partidos se deciden por una décima de segundo, las cuales hasta ahora son siempre perdidas porque la veteranía, aunque sea un grado, no computa para estos menesteres. Le corresponderá ahora al entrenador, con la inestimable colaboración del delegado Juan Martagón para cumplir las normas federativas, trasladar al terreno de juego la composición ideal del once en la que se conjugue juventud y veteranía en las dosis justas, para lo cual será urgente e imprescindible una labor de pedagogía ante las ‘vacas sagradas’ de la plantilla para que acepten que su nuevo rol tiene que basarse más en la calidad de los minutos de juego que en la cantidad.

El Sevilla Fútbol Club no puede seguir disputando partidos prácticamente completos con los casi cuarentones Rakitic, Navas y Ramos en el terreno de juego por la sencilla razón de que cualquier joven novatillo —por poner un ejemplo, el tal Carlos Vicente del Alavés— les deja en ridículo en el tramo del partido en el que las piernas tienen más importancia incluso que la cabeza. La terna de maduritos capitanes sevillistas quizá tenga mucho que aportar todavía al equipo para ayudarle a alejarse del abismo, pero el entrenador tiene que convencerles de que acepten de buen grado que su contribución pasa ya más por la calidad de su experiencia y sabiduría que por la cantidad de minutos que pasen en el terreno de juego.

La clave estará en que el paso al lado que han de dar los tres se realice con el abrazo del míster y con todas las palmaditas en la espalda que sean necesarias para que en ningún caso se sientan ni defenestrados ni señalados como culpables de la debacle actual. Actuar con mano de acero en guante de seda debe ser la principal virtud que ha de mostrar Quique Sánchez Flores para no montar un cisma, que es lo último que necesita el Sevilla Fútbol Club para no caer al pozo.

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