Nada se jugaba y a nada se jugó

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Hace años, el Sevilla Fútbol Club, en segunda división, era goleado por un equipo de un pueblo de Castellón, para mí casi desconocido, el Villarreal. Aquella derrota suponía el culmen del oprobio para el sevillismo: tres a cero por un desconocido… Hoy, el equipo desconocido tiene una Europa League y nosotros siete… ¡las vueltas que da la vida! Y nos ha vuelto a ganar por tres… a dos.

Se ha demostrado que Quique Sánchez Flores tiene en la plantilla del Sevilla Fútbol Club lo justo para finalizar con éxito la operación rescate, pero para poco más. Si la temporada pasada fue mala con final glorioso, la actual va camino de ser horrible con final tedioso. Y este es un ejemplo paradójico de lo que hemos crecido como club. Nos movemos meramente entre el tedio y la gloria… Y no entre el tedio y la catástrofe que suponía un descenso como los del final de aquel siglo pasado.

Se ha confirmado la hipótesis certera de Quique Sánchez Flores de que el actual Sevilla Fútbol Club carece de centro del campo y, por tanto, es mejor no usarlo. El acierto de despedir a Rakitic, que ya era un resto arqueológico del gran jugador de fútbol que fue, ha sido notable. Esto ya lo vio Mendilibar, usando al croata de Pino Montano más como el mejor de los Biris que como el centrocampista fino que, sobre el papel, era. Solidez defensiva y En-Nesyri arriba, este año con la feliz y sorpresiva sociedad con Isaac Romero: uno que lo para y otro que lo mete.

El partido del Sevilla Fútbol Club ante el Villarreal CF tuvo poca historia, salvo la pertinente ayuda de Medina Cantalejo y el espectáculo de ese suplente profesional y boy de despedida de solteras, que es Pepe Reina. Nada se jugaba y a nada se jugó. Una tarde para evidenciar que esta plantilla es manifiesta y perentoriamente mejorable, si no queremos seguir coqueteando con el tedio y rondando el precipicio. Nos quedan varios partidos que, para un sevillista, nunca son trámites. Bien está lo que bien acaba. Pero no hay que olvidar lo dicho por el gran Caparrós (no seguir jugando…) y abandonar desde ya este amor por el tedio y el coqueteo con el abismo.

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