Opinión
Mendi
Seamos sinceros: la contratación de José Luis Mendilíbar como entrenador del Sevilla Fútbol Club no despierta la más mínima ilusión en la mayoría del sevillismo. Ahora busquemos la explicación: la situación del equipo en la clasificación tampoco despierta la más mínima ilusión en la totalidad del sevillismo. Conclusión: quizá su fichaje no sea tan descabellado ante la cruda realidad en la que nos encontramos.
Poner a la plantilla de esta temporada bajo la dirección de Jorge Sampaoli tenía sentido si se tiene en cuenta que el propósito del Sevilla FC en el mes de octubre no podía ser bajo ningún concepto el de mantenerse en Primera división. Cuando llegó el argentino apenas se habían jugado siete jornadas y faltaban, por tanto, 93 puntos por disputar, de ahí que resultara demasiado prematuro considerar que la temporada era un fracaso y convenía dedicarse sólo a sobrevivir. Por medio quedaba aún el inaudito parón invernal por mor del Mundial así como las posibilidades de transformación de la plantilla durante el periodo de fichajes de enero, lo cual otorgaba importantes opciones de recuperación que, en efecto, se empezaron a vislumbrar en el mes de enero.
Sin embargo, el panorama actual es bien distinto: ya no hay posibilidad de hacer una pretemporada ni de retocar el grupo de jugadores ni de disponer de tiempo para recuperar lesionados. Ya no quedan bazas en la baraja, las cartas están repartidas y con ellas hay que afrontar el aluvión de partidos que vienen en los dos próximos meses: nada menos que 12 encuentros ligueros con 36 puntos en juego, a los que hay que añadir, al menos, los dos compromisos de Europa League ante el Manchester United. Para empezar, en el mes de abril el Sevilla FC tendrá que hacer frente a 7 partidos en 21 días, la mayoría de ellos ante rivales directos en el objetivo que compromete en este momento: alcanzar la zona media de la clasificación.
Con este panorama, la idea que tiene que impregnar a la plantilla sevillista hasta convertirse en una obsesión es: ganar. Ganar como sea, pero ganar. Y quizá para eso sí sea oportuna la contratación de Mendi, como es conocido el entrenador vasco en su entorno más cercano, ya que la mayor parte de su carrera deportiva ha transcurrido entre equipos que no podían más que aspirar a salvar la categoría. Su llegada, pues, es un ejercicio de realismo y de pragmatismo por parte de los rectores del club, por mucho que la realidad sea amarga y, por tanto, suponga un disgusto inicial para la afición. Olvídense de juego preciosista, de ejercicios tácticos, de alardes estratégicos, de despliegues técnicos, y céntrense en animar al equipo para ganar de la manera más simple posible, lo cual supone que el balón estés más tiempo en las cercanías del área contraria que de la propia, a base de utilizar el recurso que sea. Aquellos alborotadores que, en los tiempos de Lopetegui, se quejaban ficticiamente de que el juego del equipo era aburrido van a tener ahora motivos de sobra para intensificar su estrategia desestabilizadora.
Sin embargo, y aunque inicialmente pueda parecer un discurso muy duro y difícil de entender, ayuda a su comprensión el hartazgo que ha dejado en la afición sevillista toda la retahíla de dogmas del fútbol moderno que ha desplegado Jorge Sampaoli. Harto de las pérdidas de balón en defensa y de que Bono sea el jugador que más balones ha tocado con los pies en los últimos tiempos, quizá ahora el público agradezca que Dmitrovic busque desplazamientos en largo desde su área para que la pelota llegue a los delanteros en el menor tiempo posible y lo más cerca de la portería contraria posible.
De lo poco que se ha podido ver en apenas una semana de estancia de Mendi, lo que sí ha quedado claro es que la simplicidad es la idea sobre la que va a pivotar el nuevo proyecto sevillista. Así ha quedado de manifiesto en la sala de prensa desde el primer día, cuando se dejó de mencionar aquello de las “relaciones socioafectivas” y se empezó a hablar de profundidad y rapidez. Y así se ha hecho patente, al menos en lo poco que se puede ver de los entrenamientos, en las sesiones de trabajo del técnico con sus pupilos, donde se observan más movimientos del balón y de los jugadores con un mayor ritmo e intensidad en su desempeño futbolístico.
Si el juego de Mendi va a consistir en balones en largo de Dmitrovic para que lleguen a Navas y Bryan en los extremos y que éstos centren para el remate de cabeza de En-Nesyri o Rafa Mir, o bien para una segunda cabeza de remate de Jordán o Rakitic desde el borde del área, pues mire usted que bien. Si eso es lo que vale para sumar de tres en tres en los 12 partidos que quedan por delante, se acepta y punto. Ya volverán tiempos mejores. Ahora mismo la cruda realidad es que, probablemente, Mendi sea el entrenador más acertado para el Sevilla FC. El tiempo será quien lo diga.
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