Opinión
Lección de canteranismo
Sin motivo alguno, resurge el argumentario de críticas a Julen Lopetegui por mor de la derrota en Barcelona ante el ‘másqueunclub’ cuando realmente la causa habría que buscarla en una jugada determinante protagonizada por un chaval con una calidad extraordinaria. Ni el Sevilla Fútbol Club tiró la primera parte, ni jugó hacia atrás, ni se dedicó a defender, ni sobó la pelota con pases inofensivos ni salió al campo con cara de derrota ni nada de eso que se le reprocha al míster, pero todo eso al ‘sector antiJlo’ le da igual, sigue ejerciendo una presión contra él directamente proporcional a la proximidad del equipo de Heliópolis en la tabla clasificatoria. Lamentablemente, el estigma del segundón aún no ha desaparecido del todo en el sevillismo.
Dejando al margen la actuación arbitral protagonizada por el temido José María Sánchez Martínez, quien demostró posteriormente la fundamentación de dicho temor al ignorar un clarísimo penalti por manos del culé Araujo, la clave de la derrota del Sevilla Fútbol Club no fue más que su ineficacia a la hora de materializar en gol el resultado de su juego, que lo tuvo y mucho. Fue insignificante la aportación que hizo Martial, cuyo desempeño con torpeza en varios contraataques hilvanados a lo largo del encuentro desesperan a la afición; se comportó con excesiva torpeza un Lucas Ocampos cuya mente parece trabajar a mucha mayor velocidad que sus piernas; y aparecen timoratos los centrocampistas Rakitic y Jordán, cuyos otrora peligrosos disparos desde el borde del área continúan ahora inmersos en el conjunto vacío.
La inoperancia del Sevilla Fútbol Club ante el elemento fundamental del fútbol, el gol, tuvo enfrente sin embargo una mayor eficacia de su rival, como ya ocurrió en el anterior encuentro ante la Real Sociedad, cuyos ataques culminaban en remates peligrosos que habían de ser respondidos por nuestro portero, aquel día Dmitrovic y el pasado domingo Bono. El mayor peligro en la culminación de las jugadas de los equipos rivales es lo que provoca en el espectador la sensación de superioridad de nuestros rivales cuando en realidad no existe tal superioridad, aunque es obvio que su juego cumple mejor con el objetivo final del deporte fútbol: marcar goles.
En una de esas ocasiones de peligro -quizá precisamente en la que menos perspectivas de gol había- llegó el acierto de un imberbe canario, conocido como Pedri -que tiene pinta de que llegará a ser un gran pelotero- en superar a Bono para poner el 1-0 en el marcador. Fue una jugada aislada, un acierto personal, no se preveía riesgo alguno para el empate, no hubo combinación excelsa entre rutilantes estrellas balompédicas, ni baño de fútbol; sólo una jugada protagonizada por un joven que el ‘másqueunclub’ pescó en la UD Las Palmas con 16 años y se lo llevó con 17 a Can Barça. Algo muy parecido a lo que hicieron con Ansu Fati, con Gavi y con otros muchos.
Esa política supuestamente canterana del ‘másqueunclub’ tiene, sin embargo, un mérito importante: el de darle a los jóvenes la oportunidad de triunfar. Cierto es que pescan en todos los caladeros nacionales pero no lo es menos que ofrecen a los chavales la opción más importante de lucir su fútbol al ponerles a competir en el más alto nivel, incluso en competiciones continentales, como la mismísima Liga de Campeones.
Visto el comportamiento que viene teniendo el Sevilla FC en los últimos años con respecto a sus canteranos cabe hacerse la pregunta de qué sería hoy de Ansu Fati de haber seguido bajo la disciplina de nuestro club. Ni siquiera en los peores momentos de nuestra primera plantilla en este año debido a las innumerables bajas ha tenido a bien Julen Lopetegui situar en el once titular a ningún jugador de campo procedente de la cantera. Sin embargo, el ‘masqueunclub’ ha apostado por la juventud cuando ha tenido que hacer frente a la merma imprevista de su plantel, lo que le reporta ahora el rédito de disponer de jugadores desequilibrantes en momentos puntuales.
La apuesta del Sevilla Fútbol Club en los últimos tiempos, por el contrario, es otra bien distinta. Anthony Martial, el último en venir, ha supuesto un esfuerzo importante por parte de nuestro club no sólo en forma de millones de euros sino también de interés negociador y de entusiasmo popular sin que dichas perspectivas se estén viendo cumplidas, como se puso de manifiesto en sus erróneas decisiones durante el partido del domingo. De eso no tiene la culpa el entrenador por mucho que se recurra a darle leña al mono en cualquier momento y circunstancia.
A Julen Lopetegui hay que criticarle por lo que hay que criticarle y cuando hay que criticarle, pero hacer del entrenador el objetivo eterno del enojo no sólo es injusto sino contraproducente. Pero cuando el sevillismo se pone cainita, poco se puede hacer.
5 de abril de 2022 · 10:19
Lo más leído
Quién es Ugurcan Cakir, el portero turco que sigue el Sevilla FC
Ángel Romero
5 de abril de 2022 · 16:03
Pepe Castro: «Los cinco partidos en casa son nuestra baza»
Javier Góngora Robles
4 de abril de 2022 · 15:27