Julio en abril

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Según la Rebujipedia, que es la única enciclopedia que se consulta durante la celebración de la Feria de Abril en Sevilla, este año estamos soportando unas temperaturas más propias de los meses de verano que de las fechas en las que nos encontramos. Pero esto no es un ascensor y no he venido yo a hablar del tiempo. Quiero referirme al calor que se vivió el pasado sábado por la noche durante la cena del pescaíto. Más concretamente, el calor que se vivió en la caseta de la Peña Sevillista Al Relente, en los números 54 y 56 de la calle Pascual Márquez.

Ese día le impusieron la insignia de oro de la Peña a mi amigo Julio. Un reconocimiento por su continua e incansable labor trabajando y arrimando el hombro siempre a favor de la Peña y del Sevilla Fútbol Club. 

Pero mi amigo Julio es mucho más que un currante nato. Es el abrazo enorme y sincero, es la alegría sin medida, es la sonrisa en el mejor momento, es el humor comprometido y la broma perenne.

Mi amigo Julio trata de tú a las inclemencias y le pierde el respeto a la vanidad, su generosidad no entiende de límites y su vida cabe en las dimensiones infinitas de un futbolín, que es el terreno de juego donde se practica el compañerismo más inquebrantable.

Mi amigo Julio es un castillo franqueable y abierto de bar en bar, rodeado de torreones construidos sobre la base sólida de la felicidad y en el que alberga y cuida el mejor y más preciado de los tesoros: su familia.

Mi amigo Julio es la franqueza personalizada, la honestidad a prueba de exámenes sorpresa, la lealtad sin fecha de caducidad y la complicidad delicatessen.

Mi amigo Julio sostiene que no hay mejor lugar para estar en el mundo que al relente de la noche, signo inequívoco de haber previamente cerrado los bares, algo que sólo saben realizar de manera digna y elegante los caballeros como él.

Mi amigo Julio está incluso hasta cuando no ha venido. Y cuando aún no se ha ido, ya se le empieza a echar de menos. Especialista en dar pasos al frente con los brazos abiertos sin esperar ni a que se lo propongan, tiene la impagable habilidad de hacer reír hasta a las estatuas. 

Por todo eso, y por mucho más, mi amigo Julio acaba de recibir la insignia de oro de mi Peña Al Relente. Una insignia que, a partir de ahora, hará juego con su corazón, que también de oro.

 

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