Opinión

Física o química

Física o química

El sábado comenzó sobre el césped del Ramón Sánchez-Pizjuán una nueva era Sampaoli en el Sevilla Fútbol Club. Jul y Gan aguardaban con expectación ese momento. Si bien Jul no olvidaba la espantada del entrenador argentino cuando la selección de su país lo tentó para dirigirla, Gan prefería recordar el gran juego desplegado por el equipo bajo su dirección, aquel que por primera vez nos hizo soñar con que más pronto que tarde tendríamos la oportunidad de ganar una liga, esa quimera a la que aludía en su artículo nuestro querido Spencer Francisco Garrido Peña la semana pasada.

Ver al entrenador de Casilda, un hombre a un tatuaje pegado, recorrer nervioso la zona técnica y mucho más allá, lo que le valió su primera tarjeta amarilla, enfundado en su ropa ajustada y rodeado de otros ayudantes a los que a buen seguro conoció en la peluquería, nos sumió en una cierta tranquilidad. Había muy buenos técnicos por fichar, pero pese a los antecedentes, éramos conscientes de que un tipo loco, apasionado y sabio, valiente y nervioso como él, podría darle la vuelta a la situación. Así que lo que antes de que el Sevilla Fútbol Club saltase al terreno de juego era pura especulación de barra de bar, nos convirtió a todos en esperanzados soldados de la causa. Pero…

Pero más allá de las particularidades que podamos comentar, lo sucedido, a grandes rasgos, fue algo muy similar a lo que había ocurrido en partidos anteriores: despliegue de buen juego y ocasiones en la primera fase del encuentro; escaso acierto ante la portería, a pesar del tanto tempranero de Óliver Torres; y bajón ante la aparición de la adversidad. Y lo que parecía que iba a ser la primera victoria del Sevilla Fútbol Club en el otrora inexpugnable Sánchez-Pizjuán, se convirtió en estado de angustia y desolación temiendo lo peor. De ver un equipo inseguro de sus posibilidades en la primera parte, perdiendo tiempo como si fuera el Atlético de Madrid de Simeone o aquel Getafe de Bordalás con el marcador de cara, pasamos a ver otro equipo, al que ya le habían empatado el partido y seguía perdiendo tiempo para asegurar un punto que no hace tanto tiempo se hubiera considerado decepcionante.

Jul, un tipo tan grande y musculoso, insistía tras el partido que nuestro problema es físico. Gan, en cambio, aducía a problemas de química, de neuroquímica de las emociones. De alguna forma, los aficionados estábamos más de acuerdo con Jul y señalábamos la deficiente preparación física de la que hacía gala el Sevilla Fútbol Club de Lopetegui en el último año y medio. Sin embargo, llegó Sampaoli a la sala de prensa y mostró su acuerdo con Gan.

Evidentemente, no es que el entrenador hubiera subido a la grada a preguntarle su opinión acerca del encuentro, ya le hubiera gustado a nuestro compañero de piso, sino que su análisis de lo sucedido coincidía bastante con lo que le escuchamos en la grada. Mientras los aficionados analizábamos los efectos y consecuencias que veíamos en el terreno de juego, el entrenador hacía su propio diagnóstico de los hechos desde las causas últimas de todo. Mientras lo que opinábamos los aficionados señalaba al entrenador vasco y su equipo como últimos responsables, el análisis de la planificación es otro, el entrenador argentino entendía que todo estaba en la cabeza de los futbolistas del Sevilla Fútbol Club y que su tarea principal, por tanto, debería enfocarse a la recuperación anímica del grupo. El tiempo nos dirá si tenía o no razón.

Sea el problema del Sevilla Fútbol Club de física o de química, o de físico- química, lo cierto es que la otra gran contrariedad, y muy preocupante, ha sido la de la planificación de la plantilla. Y no porque, como ha ocurrido en tantas ocasiones, algún futbolista que llegara no hubiera rendido como se esperaba de él, sino porque la pasmosa descompensación del equipo llama la atención.

Que se hubiese fichado un mediocentro que no diera pie con bola siempre hubiera sido una posibilidad, como confiar en que hay jugadores eternos a los que jamás llegará el declive en su carrera. Pero dejar toda la responsabilidad de un puesto clave para que un futbolista de 35 años como Fernando Reges tenga que disputar más de cincuenta partidos como único futbolista en el puesto, con los antecedentes de lesiones de la pasada temporada, ha sido una torpeza absoluta y una temeridad, inimaginable en un director deportivo de tanto prestigio como el que tenemos. Y que en una plantilla en la que las estrellas nos duran dos temporadas, a lo sumo tres, mantengamos dentro a quienes no han rendido jamás desde que llegaron, también es otro dato a tener en cuenta.

Dicho esto, una leve mejoría en el Sevilla Fútbol Club en apenas dos días de trabajo no es mala noticia. Que en este tiempo el entrenador haya realizado un diagnóstico preciso, hemos dicho preciso, no irrefutable, de la situación, es un dato para la esperanza. Que en enero la plantilla pueda mejorarse, o no, nos dirá también mucho de la fuerza del nuevo técnico y de lo que se está cociendo en las alturas, en esas alturas opacas y tenebrosas de las que tan poco sabemos, más allá de suponer que el actual presidente y su más encarnizado adversario podrían también compartir peluquería low-cost con el entrenador y sus auxiliares. De momento, hemos ganado un par de días, si bien es cierto que a día de hoy nos hubiera costado la mitad prescindir del anterior técnico. Parece que tampoco la economía está por ahora de nuestra parte.

Manuel Machuca

Calendar 10 de octubre de 2022 · 08:59

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