Opinión
Finis Gloriae Mundi
Sí. Yo he sido uno de los que ha ido de negro al Pizjuán. El luto negro de la afición blanca, más que un gesto de protesta, que también lo es, es una llamada a la vuelta a los orígenes, al matrimonio de humildad y gloria que es el sevillismo. Viniendo hacia Nervión, recordé el sobrecogedor lienzo del maestro Valdés Leal en el Hospital de la Santa Caridad. El cuadro es un manifiesto pictórico de la humildad piadosa que esconde el catolicismo. En el Hospital de la Santa Caridad murió mi abuelo Miguel, allí es donde morían muchos pobres en la Sevilla de finales de los años veinte del siglo XX; cuando el Sevilla Fútbol Club comenzaba a sembrar las glorias.
El cadavérico Sevilla actual, tanto en plantilla como en diligencia, está tan real como el Sevilla Fútbol Club que reina en Europa. El fin de las glorias del mundo nos enseña que la verdadera gloria reside en nosotros y nosotras, en esa alternancia cotidiana de gozos y sombras, sin reposo y sin soledad, que nos hace sevillistas en una asamblea eterna, o eso creemos, con los muertos y con los que todavía no han nacido sobre la banalidad inocente de unos colores y algunos goles. Milagro es lo que no tiene causa. Milagroso es el hecho de que tanta rotunda gravedad alumbre desde una banalidad no menos rotunda. Los biólogos evolutivos lo llaman a esto sorpresa homeostática. Esto es lo que describe Nick Hornby cuando suplicaba comprensión por su amor al Arsenal: “Pido tolerancia para quienes describimos un logro puramente deportivo como el mejor momento de nuestras vidas. No es que nos falte imaginación, ni tampoco llevamos una vida yerma y triste; lo único que sucede es que la vida real es más tenue, más apagada y contiene un potencial menor para entrar en un delirio inesperado”.
Enric González escribía que el advenimiento del metabolismo social industrial del siglo XIX legó al siglo XX dos fenómenos de masas: el marxismo y el fútbol. Ambos disfrutan de buena salud en el siglo XXI, aunque a ambos han querido enterrarlos desde el nacimiento. Ambos son hijos de la clase obrera industrial y campesina. Nunca ha habido más trabajadores y trabajadoras que en la era de los robots. Surgiremos desde el negro luto de anoche al blanco ebrio de la tarde tormentosa del Manchester mucho antes de lo que desean aquellos que ni siquiera han soñado lo que nosotros y nosotras hemos vivido. Nos vemos en las vísperas de otro milagro en Nervión.
28 de mayo de 2024 · 08:59
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