Opinión

En venta

En venta

En la semana en la que vuelven a salir informaciones sobre la venta de acciones del Sevilla Fútbol Club, un grupo de aficionados se congregan en la puerta principal del estadio Ramón Sánchez-Pizjuán en los minutos previos al inicio del partido del domingo y corean la consigna “el Sevilla no se vende”. En el ejercicio de su libertad de expresión, es obvio que cada cual puede cantar lo que buenamente considere oportuno, pero hilando ambas cuestiones, parece buen momento para preguntarse si realmente el Sevilla no se vende.

Y la primera respuesta que a uno se le ocurre es que, no solo el Sevilla está venta, sino que de hecho ya ha sido vendido. Desde el momento en que se convirtió en Sociedad Anónima Deportiva y se parceló su propiedad en un número de acciones que pueden ser compradas y vendidas con total libertad, el Sevilla FC ya fue vendido; de ahí que a día de hoy tenga unos accionistas que pueden comerciar libremente con los títulos de propiedad que poseen. Se trata, pues, de una cuestión de perogrullo que no escapa al conocimiento de nadie y que es de sobras sabido por toda la afición sevillista.

Ahora bien, si el cántico que se pronunció el pasado domingo -que no es nuevo y que ya se ha cantado en muchas otras ocasiones anteriores- pretende mostrar su desacuerdo con que las familias sevillistas que son accionistas mayoritarias, entonces el asunto tiene otra enjundia que mostraría la ilógica de la situación institucional en la que se encuentra la entidad. En primer lugar, porque nadie puede limitar la libertad de los propietarios de los títulos sevillistas a venderlos en el momento en el que lo consideren oportuno.

Del mismo modo que nadie pudo impedir que pequeños accionistas vendieran sus tres, cuatro o diez acciones al representante del grupo 777 Partners a plena luz del día y minutos antes de una Junta General de Accionistas en el hall del hotel donde se celebraba el evento, tampoco se podrá evitar que cualquiera de las familias con importantes paquetes accionariales haga lo mismo seducida por una cantidad de euros de muchos ceros, lo cual le reportaría pingües beneficios a tenor del precio al que compraron dichas acciones en comparación con su cotización actual. Por lo tanto, se puede considerar que efectivamente el Sevilla FC sí está en venta, como de hecho lo está cualquier sociedad anónima de las que están constituidas en este país.

Justificar o no el hecho de la venta en función del montante total de la transacción no parece muy lógico. Y aquí aparece otro cántico recurrente en las manifestaciones sevillistas: “Nuestro sentimiento no es vuestro negocio”, que se ha quedado también desfasado con respecto al estado actual del mundo de fútbol, puesto que, no solo la entidad de Nervión, sino cualquier club de fútbol de los que se transformaron en SAD son actualmente el negocio de alguien. Nos guste o no actualmente ese cántico está solo reservado para los aficionados del Real Madrid, FC Barcelona, Athletic de Bilbao y Osasuna; dos de ellos por motivos sociales y otros dos por motivos políticos.

Y así es como llegamos al núcleo de la ilógica porque, del mismo modo que se exhorta a los interesados que el Sevilla no se vende, se critica ferozmente su gestión al frente de una entidad que se pretende que siga en manos de sevillistas pese a que las formas de proceder de los gestores sean tan nefastas como se está poniendo de manifiesto en las últimas temporadas. Cabría preguntarse entonces: ¿se quiere que el club esté en manos sevillistas aunque esos sevillistas sean unos pésimos gestores? ¿No es preferible tenerlo en manos, sean de cualquier nacionalidad y procedencia, que pretendan realizar una buena gestión con el propósito de rentabilizar su inversión? En manos de quién debería estar el Sevilla FC: ¿en la de unos sevillistas incompetentes o en la de unos inversores extranjeros que quieren revalorizar su propiedad? Ese es el dilema en el que se maneja el sevillismo en esta época de incertidumbre accionarial e institucional.

Cada sevillista tendrá su opinión y todos los deseos son válidos, aunque con más virtualidad para quienes tienen en su poder las partes alicuotas de propiedad de una sociedad anónima deportiva, que no solo se puede vender, sino que de hecho está en venta.

Manuel Vicente

Calendar 13 de febrero de 2024 · 13:34

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