Opinión
Reemplazos
Han cumplido a rajatabla los rectores del Sevilla Fútbol Club las estipulaciones del denominado por algunos como ‘pacto de estabilidad’, y conocido por otros como ‘pacto por la pasta’, para llevar a cabo el reemplazo en la presidencia. De manera tal, que Pepe Castro puede presumir, como era su propósito, de haber agotado íntegramente su mandato, desoyendo a quienes durante años venían clamando por su dimisión.
Como estaba previsto en dicho acuerdo, su relevo ha sido José María del Nido Carrasco, a quien su propio padre le ha colgado el cartel de “ilegítimo” en el mismo instante en que se hizo oficial su elección, con lo cual la crisis institucional del Sevilla Fútbol Club ha quedado convertida en una disputa familiar. Del trasfondo personal de esta situación y de la catadura moral que está mostrando cada uno de los contendientes apenas merece la pena hacer mención, ya que cada cual tendrá que preocuparse de si quiere aparecer ante la opinión pública como un señor o como un chufla. El análisis más bien debe referirse a la trascendencia que para la entidad tiene este intercambio de roles entre quienes la están dirigiendo al alimón desde que Del Nido Benavente decidió ponerles en su punto de mira; y la primera reflexión que surge tiene que ver con lo anacrónico que resulta el carácter de empresa familiar que conserva el club en el actual mundo del fútbol, cada vez más mercantilizado, híperprofesionalizado y globalizado.
Pero hasta que se produzca la venta de las acciones del Sevilla Fútbol Club a una multinacional poderosa, lo cual ocurrirá antes o después, no cabe más que hacer valoraciones de la gestión realizada por las familias sevillanas y sevillistas de sobras conocidas. En este caso, el protagonista es un hijo de presidente y nieto de vicepresidente respecto al cual ya hay elementos de juicio suficientes para catalogar, como de hecho ha realizado la afición sevillista, de tal manera que se puede decir que Del Nido Carrasco es el primer presidente que asume el cargo con más detractores que adeptos. Ni siquiera el inefable González de Caldas o el juez Escobar habían accedido a la presidencia con tanta antipatía por parte de la hinchada.
En este contexto, su primera decisión deportiva va a ser precisamente culminar un reemplazo emocionalmente relevante. La catarsis en la plantilla del Sevilla Fútbol Club mediante un ineludible proceso de rejuvenicimiento va a tener como primer episodio el de sustituir a un veterano con enorme predicamento en el vestuario y en la hinchada como Fernando Reges por un inédito y precozmente devaluado Lucien Agoumé. El entorno sevillista ha sido desde hace algunos años un escenario propicio para el resurgimiento de jugadores que habían visto frenada su progresión sea por el motivo que fuere. Desde Javi Navarro, a quien una lesión cortocircuitó su carrera a los 23 años, hasta la llegada más reciente de Loic Badé, condenado al ostracismo en equipos de segundo nivel, el Sánchez-Pizjuán ha visto a muchos futbolistas recuperar su mejor versión, teniendo en Ever Banega el paradigma.
Por lo tanto, no habría por qué sorprenderse de la elección de Agoumé para reemplazar a una figura tan preponderante como la de Fernando, si no fuera porque la situación del equipo no parece ser la más favorable para los experimentos. Por coyuntura económica, por decisión estratégica, por necesidades de plantilla, la llegada del joven francés se antoja más que conveniente. Lo que genera más dudas es si el Sevilla Fútbol Club, a sólo tres puntos del descenso en la tabla clasificatoria, va a soportar las consecuencias derivadas si, por mano del demonio, los rendimientos de los nuevos incorporados, empezando por Agoumé, no son los deseados. No sería la primera vez, ni la última, que un joven con brillante porvenir, como parece ser el del otrora considerado como ‘sucesor de Pogba’, queda en mera promesa que nunca llega a explotar sus extraordinarias habilidades. La apuesta, por tanto, no por ineludible, deja de ser arriesgada.
Lo que parece claro es que el Sevilla Fútbol Club se encuentra no sólo en el comienzo de un nuevo año, sino en el comienzo de una nueva etapa. La fórmula que establecieron con éxito el tándem Del Nido Benavente-Monchi va a ser ahora reeditada por dos de sus principales aprendices: Del Nido Carrasco-Víctor Orta. A principios de siglo, nadie imaginaba lo que vendría después; ahora todo el mundo exige que vuelva a ocurrir.
2 de enero de 2024 · 11:04
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