Opinión

Prevaricadores arbitrales

Prevaricadores arbitrales

No hay más que hacer una concatenación de hechos para constatar que el desempeño que realizan los árbitros españoles prácticamente a diario es denunciable en los tribunales de justicia como sospechoso de un delito de prevaricación. En este último fin de semana sólo hay que comparar dos jugadas de los partidos del Sevilla Fútbol Club y del Real Madrid para demostrarlo.

En el encuentro del Sevilla Fútbol Club en el Ramón Sánchez-Pizjuán contra el Celta del pasado viernes, se recoge en el acta arbitral una jugada de Pape Gueye a la que se le atribuye carácter de comportamiento temerario al arrebatar el balón a un contrario para justificar la amonestación con tarjeta amarilla que, al ser la segunda, supone su expulsión en torno al minuto 20 de partido. Sin cometer ningún de retorcimiento de argumentos ni  forzar la argumentación, dicha jugada puede ser comparada con la entrada con los tacos por delante que el madridista Tchouamení comete ante el jugador del Villarreal Samu Chukwueze, que quedó sin sanción por parte del árbitro, el cual no apreció ni siquiera que fuera falta.

Tanto estas dos decisiones arbitrales, como cualquier otra que se produzca durante la disputa de los partidos de la Liga española, están enmarcadas en el contexto del reconocimiento por parte del jefe máximo de los árbitros, el presidente de la Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales, de sus filias y fobias respecto a algunos equipos, como se puso de manifiesto al desvelarse algunas conversaciones suyas que nunca han sido desmentidas por el susodicho. Desde ese momento en que Rubiales admite, mediante asentimiento, su predilección por el Real Madrid y su animadversión hacia el Sevilla Fútbol Club, el Valencia CF y el Atlético de Madrid, está dando instrucciones precisas a sus subordinados para que adopten sus decisiones en un determinado sentido.

Es ahí cuando empieza a conformarse el carácter prevaricador de la labor arbitral. Los colegiados de primera división saben que adoptar decisiones contra los intereses del Real Madrid no van a ser del agrado de su jefe y, sin embargo, arbitrar en contra del Sevilla Fútbol Club, Valencia o Atlético de Madrid puede suponerles ser bien visto por quienes valoran su trabajo. Por tanto, en el primer caso podrían ser castigados y en el segundo pueden conseguir premios y reconocimientos.

Teniendo en cuenta estos preceptos, es fácilmente deducible que el colegiado Pizarro Gómez es capaz de adoptar resoluciones injustas contra el Sevilla Fútbol Club a sabiendas de que lo son si ello le va a suponer hacer méritos ante su jefe para ser promocionado en su carrera profesional. Del mismo modo que el colegiado Alberola Rojas está tentado de tener el mismo comportamiento pero favoreciendo al equipo de su jefe con el mismo objetivo de ser agraciado con premios de diversa índole, como designaciones para partidos de relumbrón o promoción como árbitro internacional. Este tipo de comportamientos está siendo ratificado, además, por diversos exárbitros en el marco de las revelaciones periodísticas por el ‘caso Enríquez Negreira’.

Aquella revelación de las conversaciones de Rubiales no vinieron más que a explicar por qué en el arbitraje español se producen esas disparidades de criterio, con las que no va a acabar ni el VAR ni el cuarto árbitro ni mil nuevos inventos tecnológicos. Mientras que el arbitraje dependa de las decisiones de un ser humano, en España se impondrá siempre el criterio mafioso de la RFEF, como viene ocurriendo desde que así lo instaurara Franco durante su dictadura, ya que un requisito indispensable para ser presidente de la Federación es ser madridista y rendir pleitesía al club que hoy preside El Padrino Florentino.

Frente a este estado de cosas, los comunicados oficiales como el emitido por el Sevilla Fútbol Club el sábado parecen muy oportunos pero se quedan más que cortos. El comunicado sevillista es un extraordinario reportaje periodístico en el que se ponen de manifiesto muchos de los agravios que venimos observando los aficionados desde hace años. Sin embargo, carece de una conclusión final y de una valoración por parte de la entidad y, sobre todo, de sus máximos dirigentes, ya sea el presidente Pepe Castro o el vicepresidente Del Nido Carrasco. Valga el símil, la actuación del Sevilla FC es como la de un médico que realiza un certero diagnóstico de una enfermedad pero no receta al enfermo el tratamiento farmacológico correspondiente.

Que ocurra esto no es casualidad, es producto de una de las grandes carencias que tiene nuestro club, la ausencia de una política de comunicación. El Sevilla Fútbol Club tiene un excelente servicio de información, y de atención a los informadores, pero sus máximos dirigentes son incapaces de articular una estrategia de comunicación que permita sacar el mayor provecho posible a ese derroche informativo. Poco probable parece, pues, que el comunicado en cuestión vaya a surtir efecto frente al statu quo de podredumbre, corrupción y mafia que está establecido en el fútbol español y en su máximo órgano rector, la Federación Española de Fútbol.

Manuel Vicente

Calendar 11 de abril de 2023 · 09:49

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