Opinión
Política de fichajes
La época gloriosa del Sevilla Fútbol Club se inició en el año 2006 con los logros que todos conocemos, los cuales marcan la etapa más esplendorosa de nuestro equipo no sólo en términos de rendimiento deportivo sino también de crecimiento social y económico hasta el punto de convertirnos en la cuarta marca más importante del fútbol español dada su trascendencia no sólo en el territorio nacional sino también en el exterior. Datos cuantitativos como las audiencias televisivas y cualitativos como el nivel de conocimiento y el prestigio así lo atestiguan.
Dicha etapa comenzó con el establecimiento de una política de fichajes que permitió en su primer ejercicio traer a futbolistas como Maresca, Luis Fabiano, Saviola o Kanouté, con los que se conformó el Sevilla Fútbol Club más triunfador de los hasta ahora conocidos. Una vez conseguido el primer título europeo de nuestra historia parecía el momento apropiado para fortalecer determinadas características del equipo para lo cual se reforzó el centro del campo y la delantera: llegaron entonces jugadores como Poulsen y Kerzhakov. Y aquello ya se convirtió en una máquina futbolística que conquistó Súpercopa de Europa, UEFA y Copa del Rey.
No obstante, hacía falta mayor engrasamiento de semejante artefacto y se incorporaron elementos como De Sanctis, para competir con Palop, Koné y Keita. Lástima que la desgracia se cebara con nosotros primero arrebatándonos trágicamente a un emblema como Antonio Puerta, y después con la traicionera salida del entrenador Juande Ramos. Dos golpes duros de los que la entidad debía sobreponerse, para lo cual se encomendó a la dirección técnica de un entrenador de la casa como Manolo Jiménez, lo que, sin embargo, no modificó la política de fichajes, pasándose a la contratación de Squillaci, Fernando Navarro, Konko y Romaric, entre otros.
A partir de esa temporada 2007/08 se entró en una etapa de continuismo hasta que la retirada de Kanouté y los malos resultados que obtuvieron entrenadores como Marcelino García Toral y Gregorio Manzano, obligaron a intensificar una estrategia de incorporaciones, con Beto, Spahic o Kondogbia, que no deparó en principio un cambio de tendencia hasta el punto de derivar en el enésimo cambio de entrenador con la salida de Míchel y la llegada de Emery a mitad de temporada. Los frutos de esa decisión se vieron en la campaña siguiente, la 13/14, cuando por fin volvimos a ver al Sevilla Fútbol Club ‘campeonar’, tocar plata, con nuestra tercera UEFA, convertida ya en Europa League desde unos años antes. Nuevamente había llegado la hora de reforzar las líneas maestras de la política de fichajes: se contrata entonces a Carriço, Pareja, Kolodziejczak y Krychowiak, entre otros, con los cuales se quería consolidar la fortaleza defensiva.
La estrategia dio sus frutos: se consigue la segunda Europa League consecutiva y la dirección deportiva eleva el riesgo fichando en la temporada 15/16 a Krohn-Delhi, Kakuta y Konoplyanka, lo que se traduce en el hito histórico de levantar por tercera vez consecutiva la copa de la segunda competición continental, algo que nunca antes ningún equipo había conseguido. Sin embargo, la salida del entrenador lleva a la entidad a modificar el estilo de juego, por lo que se apuesta por una dirección técnica más vistosa encabezada por Jorge Sampaoli, a cuyas órdenes se pone a jugadores como Nasri, Mudo Vázquez, Kraneviter o Kiyotake. La temporada siguiente, después de la espantada del entrenador argentino, es la de la incorporación de Banega, Nolito o Kjaer, comandados por técnicos incapaces de extraer su mejor versión.
Alterados por la marcha de Monchi, la política de fichajes se hace errática durante los dos años de su ausencia, retomándose a su regreso con las contrataciones de Bono, Diego Carlos, Koundé y el grueso de la plantilla que actualmente conocemos.
Así pues, una vez instalados en el presente y recordado someramente el pasado, definamos cuál ha sido el elemento central que ha caracterizado a la plantilla del Sevilla Fútbol Club desde que en 2006 empezó su época triunfal con la incorporación de Kanouté hasta la marcha, hace un mes, de Koundé. Como ya habrá adivinado el avezado lector, la clave está en la letra K. Siempre, en todas las temporada, desde entonces ha habido un futbolista en la plantilla sevillista cuyo apellido ha empezado por la letra K.
Ahí está el grave error de Monchi este verano: no haber fichado aún una K. La esperanza la tenemos puesta, por tanto, en Kherer.
PD: estando como está el patio sevillista, mejor un poquito de guasa, ¿no crees?
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