Opinión
Indefenso
Tan sólo cuatro jornadas de Liga y el Sevilla Fútbol Club ya ha sufrido tres decisiones arbitrales que le han costado severos perjuicios. ¿Es culpa de los árbitros que el Sevilla FC aún no haya conseguido una victoria y que ocupe puestos de descenso? Rotundamente no. El nefasto arranque sevillista es culpa única y exclusivamente de sus jugadores, de su entrenador y de sus dirigentes, pero en el fútbol no sólo es determinante el comportamiento de los dos equipos contendientes; hay otros condicionantes que tienen bastante influencia en lo que pasa mientras que el balón está rodando y uno de ellos es la presencia de esos personajes que deambulan por el césped con la única función —en España así es— de tomar decisiones equivocadas. Los árbitros del fútbol español son un mal necesario, es decir, son muy malos, pero no hay más remedio que tenerlos.
La inutilidad de los árbitros españoles ha quedado más patente que nunca durante este verano en el que hemos disfrutado de diversas competiciones internacionales, en las que se han puesto en práctica diversos procedimientos tendentes a dotar de mayor transparencia y claridad a sus actuaciones. Por ejemplo, durante los Juegos Olímpicos hemos visto muchas disciplinas en las que los árbitros han explicado sus decisiones, micrófono en mano, para que el público asistente conociera sus decisiones y los motivos que les llevaron a adoptarlas. En el fútbol español sin embargo, todo es oscurantismo; y cada modificación del reglamento que se realiza tiende a ocultar cada vez más su desempeño y, lo que es peor, a reforzar su autoritarismo. La última es la de impedir que puedan hablar con el colegiado los jugadores, salvo que sean de algunos determinados equipos, claro; porque, como siempre, no todos los futbolistas juegan con las mismas reglas.
En este contexto es en el que el Sevilla Fútbol Club ha tenido que sufrir tres acciones arbitrales determinantes en los tres últimos partidos: un supuesto y rocambolesco fuera de juego en un gol ante el Villarreal, una expulsión abusiva ante el Mallorca y un penalti inventado ante el Gerona. Tres acciones que refrendan lo que ya viene siendo una constante desde hace algunos años: lo fácil y barato que es tomar decisiones en contra del Sevilla Fútbol Club, por la sencilla razón de que el equipo está indefenso, ya que, después de semejantes atropellos descarados, nadie en la entidad ha levantado la voz para quejarse del trato recibido por los inútiles del colectivo arbitral. El fútbol de alto nivel es un mundo de tiburones en el que lo peor que te puede ocurrir es comportarte como un timorato que no es capaz de hacer frente a las decisiones injustas, pues ello supondrá que seas tratado como un objeto fácil de agravio.
Eso es lo que no ha terminado de entender el nefasto presidente que tiene actualmente el Sevilla Fútbol Club. José María del Nido Carrasco no se ha enterado todavía de en qué mundo se encuentra ni sabe aún cuáles son las funciones que debe cumplir quien asume la dirección de una entidad deportiva de la máxima categoría. De nada sirve desairar en público a la directiva del FC Barcelona o criticar ante los medios de comunicación al todopoderoso presidente del Real Madrid, El Padrino Florentino, si no se mantiene el mismo espíritu indómito con los restantes estamentos mafiosos que hay en el fútbol patrio. De hecho, limitarse tan sólo a confrontar con los dos mastodontes nacionales sólo servirá para ser machacado en cuanto sufras un momento de debilidad, como el que actualmente sufre la entidad debido a la falta de carácter en su interior.
Esa es la raíz del problema: por los pasillos del estadio Ramón Sánchez-Pizjuán no corre en estos momentos ni una chispa de sangre caliente. El presidente es un pusilánime, el director deportivo tiene horchata en las venas, el entrenador carece de una pizca de rebeldía y en la plantilla no hay jugadores con carisma como para tomar las riendas del colectivo. En estos momentos, no hay nadie que tenga credibilidad para imponer con fuerza sus criterios de manera que su liderazgo sea asumido por todos los componentes de la entidad; de ahí que el Sevilla Fútbol Club se encuentre indefenso ante los envites de los otros tiburones que pueblan el panorama futbolístico. Inevitablemente, esto tiene su reflejo en el terreno de juego, ¿cómo no iba a tenerlo? Por eso el fútbol es algo mucho más complejo de lo que parece a simple vista. Y esto es algo que debe saber quién asume la presidencia de un club de fútbol. Que lo entienda Del Nido Carrasco quizá sea pedirle demasiado.
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