Opinión

Fuente de ilusión

Fuente de ilusión

Así a bote pronto se pueden pensar pocas cosas más tristes para un seguidor del Sevilla Fútbol Club que vivir una semana de derby inundado en el desánimo que contagia el equipo en sus partidos. El sevillismo es esa afición que es capaz de hacer llegar a su equipo la misma sensación que recibe pero elevada al infinito, de tal manera que, cuando la plantilla le ofrece mínimas señales de que es conveniente creer en ella, la familia roja y blanca del Sánchez-Pizjuán se conjura de tal forma que la hace invencible. Esta es la gran enseñanza que dejó la consecución de la séptima UEL la temporada pasada. Todo parecía perdido en aquel partido en el Teatro de los Sueños hasta que Jesús Navas y Youssef En-Nesyri se aliaron con la diosa Fortuna para crear en el sevillismo un sentimiento de imbatibilidad que envolvió a toda la entidad hasta la noche mágica de Budapest, después de los gloriosos episodios en el estadio nervionense ante el United y la Juve. El sevillismo y la plantilla, la plantilla y el sevillismo, inflamaron el carácter de invencibilidad con tan solo una mínima chispa.

Recordar aquel glorioso pasado reciente genera aún más zozobra cuando se trata de hacer un ejercicio de comparación con lo más actual y de presagiar lo que puede ocurrir en el futuro más inmediato. Semana de derby y el sevillismo con esta desazón en lo alto. Otro motivo de agradecimiento para Pepe Castro y Del Nido Carrasco, el dúo que se ha empeñado en llevar a la entidad a sus peores registros. No lo consiguieron la temporada pasada y parece que no pararán hasta conseguirlo en esta, pues es difícil entender que un gestor cometa tantos errores, tan garrafales y en tan poco tiempo si su propósito no es destructivo. Ni a un bético se le ocurriría llevar tan mal la gestión del Sevilla FC ni aunque se lo propusiera con denuedo.

Sumidos en esta tristeza, que amenaza con estallar en indignación, afronta el sevillismo una semana crucial con dos compromisos de altura como son el choque de máxima rivalidad, precedido por una cita contra el poderosísimo Arsenal. Solo de imaginar que el equipo se desenvuelva mañana en Londres de la misma forma que lo hizo en Vigo o en Cádiz y le tiemblan las piernas al más acérrimo sevillista. Y más desoladora aún es la sensación de que, salvo que vuelva a cruzarse alguna deidad, lo del domingo puede hacer temblar los cimientos de la zona noble del Sánchez-Pizjuán, que es la fuente de la que emana toda esta desilusión que inunda al sevillismo.

Para fortuna de la sociedad sevillana, lo que dirigen Castro y Del Nido no es más que una empresa futbolística, que es cierto que representa un compendio de tradición y sentimiento con señas de identidad propia; pero a fin de cuentas pertenece tan solo al sector del ocio y tiene escasa trascendencia sobre otros aspectos más importantes de la vida. Porque si la parejita dirigiera un hospital o una empresa de locomoción, las víctimas mortales se contarían por centenares; o si gestionaran un banco, habrían dejado a la mitad de la población en la ruina. Imaginar que en sus manos estuviera la dirección de una empresa de ingeniería y no habría quien se atreviera a transitar por uno de sus puentes o carreteras sin temor a morir en el derrumbe.

En el ejercicio de búsqueda de las responsabilidades y culpas de esta descorazonadora situación sevillista se puede apuntar a muchos departamentos y personas. Se puede argumentar que el nuevo director deportivo Víctor Orta está incapacitado para diseñar un proyecto futbolístico, habrá quien quiera apuntar al entrenador Diego Alonso por su nula experiencia al frente de un banquillo de primer nivel europeo en una competición tan exigente como la liga española, y, por supuesto, se mirará al comportamiento de los jugadores que son los que, a fin de cuentas, deben defender en el terreno de juego los colores de la entidad de sus amores. Pero en todo caso, esto no será más que repartir culpas entre quienes tienen que evitar que las malas decisiones adoptadas por quienes se sientan en el palco se trasladen al césped. Director deportivo, entrenador, jugadores no son más que ejecutores de las directrices que salen de la cúspide de la pirámide jerárquica.

A día de hoy de la cascada sevillista solo mana desilusión, desánimo, desazón, desesperanza, debido a la acción de unos incompetentes con nombres y apellidos que el mes que viene intercambiarán sus cargos para que nada cambie. Semana de derbi y el sevillismo con esta pena.   

Manuel Vicente

Calendar 7 de noviembre de 2023 · 10:37

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