Opinión

El penalti

El penalti

En 1994, el futbolista serbio Miroslav Djukic falló un penalti en el último minuto del partido frente al Valencia, y aquel Súper Depor, el gran Deportivo de La Coruña de los años 90 del siglo pasado, perdió la liga, que voló ese año a Barcelona. Era el último minuto de la última jornada y un equipo que históricamente se había debatido hasta entonces por Segunda o Segunda B y que había ascendido a primera apenas tres años atrás, caía en lo más llano y perdía una oportunidad que parecía irrepetible.  Aquel Súper Depor, aunque ganara la Copa del Rey y la Supercopa de la temporada siguiente, tuvo que esperar seis años para lograr su único título liguero, ya sin el jugador serbio en el equipo el cual, no obstante sí lo pudo conquistar en 2001 con el equipo que lo acogió, curiosamente el Valencia CF que le impidió conquistar aquel campeonato.

Jul y Gan recordaron el sábado por la noche aquel hecho histórico que, dada su juventud, no conocieron, pero del que han leído, como expertos en fútbol que son. Todavía queda mucha liga, es cierto, y quién sabe si el Sevilla Fútbol Club llegará a la penúltima jornada con opciones de ganar el torneo (porque en la última ya han dicho los del palito que van a dejarse perder si es necesario), pero el penalti fallado por otro balcánico, esta vez Ivan Rakitic, el ánimo con el que se enfrentó al lanzamiento, les recordó a mis amigos que para ganar una liga no solo hay que tener un buen, un gran equipo y un excelente entrenador, sino una mentalidad, una capacidad de dominar la presión psicológica, que es difícil de tener cuando este tipo de batallas no son disputas habituales en un club que ha crecido tanto a lo largo de las últimas décadas aunque, eso sí, de forma más serena y continuada que aquella explosión que significó el ascenso, y posterior descenso a los infiernos, del equipo gallego.

Muchos lectores pensarán que esto podría ser cierto en referencia al club, pero que Ivan Rakitic goza de una veteranía y un pasado de logros, tanto en el Barcelona como en la selección de Croacia, incluso con el Sevilla Fútbol Club de su primera época, que dificultan sostener su mala ejecución desde los once metros, más propia de un juvenil al que le atenazaran los nervios. Sin embargo, el ser humano Rakitic no llevaba en esta ocasión la camiseta culé sino la del equipo de sus amores, el de su mujer, el de la ciudad que le ha dado la felicidad y a la que le quiere devolver todo lo que le ha dado y, al menos esta es la teoría que mantenemos en nuestra casa, ese deseo fue el que hizo que lanzase la pena máxima como un principiante.

La pena máxima errada fue sin duda el correlato del partido de Sevilla Fútbol Club frente a Osasuna. A estas alturas de la temporada, después de varios empates seguidos, cuando ya el equipo comienza a recuperar efectivos de manera razonable y quien más quien menos tiene jugadores en el dique seco, parece surgir un miedo a fallar que es precisamente el que provoca el fallo. A estas alturas sabemos de sobra que una de las premisas de Lopetegui es dominar la posesión para hacer correr al adversario y derrotarlo mediante el cansancio. Pero también sabemos que para marcar hay que arriesgar y que el riesgo no es compatible con el miedo.

Toca liberarse de una presión que entre todos, ellos y nosotros, estamos ejerciendo y que no es positiva. En casa no estamos de acuerdo con eso de que el equipo no juega a nada. El equipo, el entrenador, tienen una idea que ha llevado al Sevilla Fútbol Club a ir segundos en el campeonato. Estamos en una fase muy dura, como la segunda parte de un maratón, y la presión no debe ser la que dirija las actuaciones de todos. No es que deban estar todo el tiempo Papu y Corona, por ser los más arriesgados, sobre el terreno de juego, es que también otros futbolistas, que saben y pueden, tienen que soltarse. Si no somos descarados, si no perdemos el miedo, todo va a ser mucho más difícil.

Y si los jugadores deben soltarse, los aficionados debemos dejarnos de lamentaciones o de hundirnos a las primeras de cambio. El título de liga no puede ser una exigencia sino un sueño, dar lo máximo en cada partido es el camino. El Súper Depor, para ganar una liga tuvo antes que llorar la pérdida de otra que tenía ganada, por el error en un penalti en el que mandó la historia. Un error en un momento, el último minuto del último partido de liga, sin vuelta atrás. Nosotros hemos fallado cuando todavía queda un largo trecho de camino por recorrer. Lloremos si hace falta pero, sobre todo, aprendamos de lo que no debemos hacer. Y disfrutemos del camino, la única forma de darlo todo, lo posible y lo imposible.

Manuel Machuca

Calendar 7 de febrero de 2022 · 06:30

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