El aficionado indefenso

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Vaya semanita que ha pasado el aficionado del Sevilla Fútbol Club sin nadie que le defienda ante tantos avatares como se han sucedido en los últimos días; el único favorable, la victoria ante el West Ham United del pasado jueves.

Ha concluido la semana con un atraco por parte del árbitro del VAR del partido en Vallecas, quien llegó a transgredir por dos ocasiones la norma más elemental que se dictó -y no hace mucho se reiteró- respecto a la utilización del vídeo: se revisará todo aquello que suponga un error flagrante del árbitro. Pues bien, este precepto no se cumple en ninguna de las dos jugadas en las que el ínclito Gil Manzano desdijo a su compañero, lo cual nos retrotrae a episodios tan sangrantes como el gol anulado, también por una supuesta mano previa de Fernando, en Mallorca. Ni en aquella ocasión ni en ninguna otra en las que el arbitraje bicéfalo ha sido determinante para un resultado adverso para el Sevilla Fútbol Club, se ha visto, leído o escuchado a ningún dirigente de la entidad poniendo de manifiesto el enfado del aficionado, el cual se encuentra solo y desamparado en su protesta.

Tan solo y tan desamparado como se encontraba a la hora del almuerzo del domingo indigestándose con la comida ante el televisor viendo el infame devenir de su equipo por el patatal de Vallecas. Era nefasto el estado del césped, era nefasto el vídeoarbitraje, y para no desentonar fue nefasto el planteamiento del encuentro que hizo Julen Lopetegui… una vez más. El entrenador del Sevilla Fútbol Club encadena ya tres partidos lejos del Sánchez-Pizjuán exhibiendo un juego inapropiado para la calidad de la plantilla que dirige, a la cual está imbuyendo de una mentalidad mediocre que le está impidiendo mirar hacia arriba en la clasificación.

No se trata en el mes de marzo de plantearse ganar la liga; se trata tan sólo de luchar por superar al rival que tienes por encima en la clasificación sin importarte el número ordinal en el que se encuentre; y, por tanto, sin que te entre el vértigo a las alturas como parece que le ha ocurrido a Lopetegui. Miedo a las alturas o psicosis por las lesiones; pero el caso es que en la segunda vuelta la trayectoria de su Sevilla Fútbol Club ha descendido considerablemente no sólo en puntuación sino también en juego. Impávido asiste a ello el aficionado, esperando que alguien haga lo que a él le gustaría: ponerse delante de JLo y tirarle de las orejas para que espabile.

Si alguien en la planta noble le llamará a capítulo no se sabrá nunca, como tampoco se conocerá si desde el Consejo de Administración del Sevilla Fútbol Club se expresa alguna queja en el Comité de Árbitros, pues la nueva política oscurantista impuesta por don Ramón Rodríguez Verdejo, deja al aficionado aún más en la intemperie sobre lo que ocurre en el club de sus amores. Si no se sabe ni el estado de los lesionados, cómo se van a desvelar otras acciones que requieren de mayor diplomacia.

El caso es que la semana no podía terminar de otra forma, teniendo en cuenta cómo empezó. Casi imposible era enderezar el rumbo del devenir sevillista después del desaguisado que se montó en el estadio Ramón Sánchez-Pizjuán en el partido de Europa League con el West Ham United, ante el cual también el aficionado se encontró en el más absoluto de los desamparos.

La nota explicativa emitida por el Sevilla Fútbol Club después de que miles de fieles de Nervión se incorporaran a sus asientos casi 20 minutos tarde, e incluso muchos de ellos se marcharan a sus casas rendidos ante la imposibilidad de acceder al estadio, resultó ser muy esclarecedora respecto a la conjunción de hechos que provocaron lo que se calificaba como una “tormenta perfecta”.

No obstante, en ella faltaba el párrafo en el que, como conclusión y ante la exigencia de responsabilidades, se comunicaba el cese o destitución de la persona encargada de prever todos esos acontecimientos y encontrar la solución más adecuada, ya que ninguno de esos hechos fue imprevisto ni sobrevenido. Lo más probable, no obstante, es que esa persona no exista, puesto que nadie hay en el club encargado de preocuparse por el bienestar del aficionado.

Ser sevillista se ha convertido este año en un ejercicio permanente de estupefacción ante acontecimientos inexplicables e inexplicados, algunos de ellos impropios de una entidad que se encuentra en la élite del deporte nacional. Llegar a ser campeón de Liga no es sólo un sueño que se declara con más o menos insistencia; para ganar una liga hay que ser perfecto en casi todos los apartados y actividades de la entidad para que, a partir de lo más nimio y hasta lo más importante, se plasme en el terreno de juego, que es donde obviamente se conseguirá el objetivo. Esa nueva política de oscurantismo que deja desamparado al aficionado no es desde luego un elemento que contribuya a ello.

1 COMENTARIO

  1. Indefenso es poco. Hay que estar INDIGNADOS, pero no solo ya con el trato arbitral recibido en demasiadas veces, si no la prácticamente nula reacción del club, quitando en alguna ocasión, Monchi, y nada más. Dónde está el máximo responsable para evitar que nos ninguneen? Es éste el precio a pagar para que se no sospeche de Medina Cantalejo?

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