Opinión
Tiempos convulsos
Qué difícil resulta escribir un artículo en una situación como la que estamos viviendo quienes amamos al Sevilla Fútbol Club. Por una vez en la vida, Jul y Gan deseaban que fuera yo, quien suscribe, el que de verdad se hiciera responsable del texto. Y por una vez en la vida también, quien suscribe lo que deseaba era largarles el mochuelo a mis compañeros de piso. Y eso que puede que lo peor esté por llegar, porque todavía nos queda sufrir a Haaland mañana por la noche, y quién sabe qué más nos deparará el futuro a corto plazo.
Porque a ver qué puede pasar en Barcelona ante el Espanyol, con un Raúl de Tomás deseando vengarse del mundo y de nuestro Sevilla Fútbol Club por no haberlo traído. Lo reconocemos, tenemos el ánimo por los suelos. Ni siquiera el fichaje del doble low-cost del noruego, Kasper (vaya nombre feo, que pide a gritos un champú) Dolberg nos tranquiliza lo más mínimo. Un doble que, por cierto, más que del diablo rubio parece la recreación albina de Youssef En-Nesyri, de la pinta de patoso que tiene. Y es que las pinceladas de su debut dieron poco pie a la esperanza sino a estar ante una versión prolongada de la angustia que vivimos en cuanto uno de los nuestros encara la portería contraria.
Escribimos este artículo y estamos deseando terminarlo cuanto antes, lo mismo que deseaba una parte importante de los asistentes al partido celebrado en el Ramón Sánchez-Pizjuán tras el gol de Lewandowski. Exceptuando, claro está esa versión agro-pop de la afición del Barça que se extiende por el mundo rural, en encarnizada rivalidad con la que del otro club-estado patrio, herencia sin duda de siglos de frustración y de la UHF (buscar en Google quien no sepa qué significa el acrónimo).
En estos momentos lo que nos pide el cuerpo es señalar culpables desde la comodidad de la página. También, cómo no, asumir, como ya hacen algunos de nuestros correligionarios, que este será un año de transición, y así aligerar el sufrimiento que nos espera. Pero hay algo que nos recordaron los Biris con una de sus pancartas (la otra era la más importante, la de la exigencia de resolver los problemas de los cortes de luz en los barrios más humildes). Y aquella pancarta decía algo como que solo desde la unión podríamos hacer frente a los problemas.
Llegados hasta aquí podríamos hacer una síntesis de todo. De todo menos de lo más importante, que el derecho a vivir de una manera digna es universal y debe extenderse a todos y cada uno de los ciudadanos con los que convivimos en este país que unos creen que les pertenece en exclusiva. Y la síntesis, aunque sea de lo menos importante, debería partir de que la unión no es incompatible con la crítica, con la búsqueda y aporte de soluciones, aunque ello conlleve que haya unos que deban bajarse del puesto que ostentan y otros reflexionen acerca de sus errores.
Estar en contra o a favor de Lopetegui, de Monchi o de Pepecastro no nos hace más ni menos sevillistas si nuestra protesta o nuestro aliento buscan un Sevilla Fútbol Club mejor. Recordando además algo muy importante, como el hecho de que el director deportivo y el entrenador son empleados del club y, por tanto, contratables o cesables. Por eso nos dio mucha pena escuchar los gritos de ¡Directiva, dimisión! Al finalizar el partido. La ley de sociedades anónimas deportivas convirtió las directivas en consejos de administración, y lo que antes se conseguía por la vía de los votos ahora solo se logra, y Del Nido páter lo sabe bien, apoquinando pasta, poniéndola encima, o por debajo, de la mesa.
Si la política de las últimas temporadas de fichar jugadores veteranos de prestigio con recorrido no dio todo el resultado apetecido, y volver a los orígenes de comprar estrellas jóvenes en ciernes, para venderlas caras en el futuro parecía el cambio que el Sevilla Fútbol Club necesitaba, lo que este inicio de temporada sugiere es que esta política estaba muy bien cuando el club venía de abajo y era un donnadie en el escenario español y europeo. Pero ahora somos un club respetado, temido y odiado, muy especialmente odiado entre la kaspa mediática de la capital del reino. Y este verano ni compramos barato ni vendimos caro, y lo que compramos no parece que vaya a ofrecernos un pelotazo (económico decimos, porque de los otros, seguro que sí, mucho cuidado en las gradas bajas de los goles).
Dicho esto, parece que el consejo de administración del Sevilla Fútbol Club lo componen gente de encefalograma plano en lo futbolístico y que Lopetegui poco puede hacer ante los mimbres que le han dado. Todos tienen a Monchi en la diana, es a Monchi a quien unos y otros pretenden hacer culpable, con la inestimable ayuda externa (criaturitas anhelando guillotina para quien ha sido protagonista principal de la desigualdad extrema que existe entre los clubs, más allá de lo sucedido en este inicio liguero; periodistas merengueblaugranas, tales para cuales, que han temido el desenfoque de esa España aparentemente dual pero en realidad única que les da de comer y que hace tan desgraciada al resto, incluso a los aficionados agro-pop, residuos de tiempos tenebrosos y que insisten en mantener a sus verdugos), y también interna (esos consejeros desaparecidos, esos aficionados que han olvidado lo que somos, porque lo que somos también incluye lo que hemos sido, que no se olvide, y que desahogan sus frustraciones sobre los otros, en una versión en la grada del vómito tuitero).
Si Monchi baja al terreno de juego a animar a los futbolistas lo hace porque es muy sevillista, pero también porque es el único que da la cara. Por nosotros, los aficionados del Sevilla Fútbol Club, por los futbolistas, y también por los que estarán pelándose las gambas, ¿o este año serán cartuchos de camarones?, en el antepalco, haciéndoles la palanca a las cabezas de los mariscos para que se las coma limpia y sin mancharse el Laporta de turno.
Mucho nos tememos que hablar de temporada de transición no será sino una forma de hablar, de echar balones fuera. Y para balones fuera ya tenemos a nuestros delanteros. Podríamos hablar de una crisis natural en el crecimiento del Sevilla Fútbol Club, pero esto cada vez se parece cada vez más a una versión de ‘Toma el dinero y corre’ más que a una de aquella edulcorada y almibarada película, no apta para diabéticos, titulada ‘Volver a empezar’. Los aficionados, los que de verdad ponemos dinero en este negocio sin recibir a cambio nada más que alegrías y disgustos, nos vamos a quedar como en un partido en día lluvioso, a la intemperie, desamparados. En una época en la que vienen tormentas para las que solo unos cuantos tienen cobijo.
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