Opinión

Referentes

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La salida de Lucas Ocampos del Sevilla Fútbol Club ha abierto un debate, llevado al extremo por los agoreros que quieren hacer un desastre de cualquier movimiento, con cierto fundamento, pero en el que fácilmente se cae en la contradicción. Sobre la base del inevitable deseo de los seres humanos de tener una persona de referencia que nos guíe por la vida —a la cual, por cierto, culparemos de todos nuestros males para no tener que asumir la culpa propia—, se asienta la necesidad de que la plantilla sevillista esté guiada por líderes que habrán de ser piezas indispensables para garantizar un buen desarrollo y cuya ausencia pareciera garantía de catástrofe. Primera puntualización: la pasada temporada hubo un líder supremo en el vestuario como Sergio Ramos y fue la peor campaña en mucho tiempo. Es decir, disponer de un referente extraordinario es conveniente, pero no es indispensable.

En cualquier caso, solo desde el desconocimiento o la mala fe se puede considerar que los liderazgos se forjan en el tiempo en el que se fríe un huevo. El líder de cualquier colectivo es aquella persona que, sobre la base de una trayectoria, se ha ganado la admiración de todos sus compañeros merced no solo a su desempeño en la actividad en cuestión sino también por determinados componentes de su carácter y de su personalidad. Para alcanzar ese puesto será necesario incluso que salga vencedor del combate que habrá de librar con otros compañeros que también pretenden optar a tan deseada consideración, para lo cual habrá de demostrar su valía, en el caso del fútbol, tanto en el terreno de juego como en la actividad diaria del equipo, contando además con una trayectoria exitosa que le avale en su candidatura.

En una plantilla que ha vivido una remodelación profunda tanto cuantitativa como cualitativamente, ningún referente va a llegar como caído del cielo y, de repente, va a concitar la aceptación de todos los miembros, sino que tendrá que ir construyéndose día a día en función de su actuación sobre todo en los malos momentos y de su contribución al buen desarrollo del grupo. Por su desempeño profesional, ahora mismo hay un miembro destacadísimo como Jesús Navas, que, sin embargo, carece de otros atributos, lo cual le convierten en un símbolo pero no en un líder; porque Navas no será capaz nunca de levantar la voz en el vestuario para poner firme a las ovejas que quieran descarriarse cuando llegan las crisis. Es un ídolo, alguien a quien equipararse, un sueño a conseguir, pero el liderazgo requiere de otros méritos más allá de los futbolísticos.

Por carácter y por trayectoria deportiva, se pretende ahora desde el propio club que el liderazgo sea asumido por el recién llegado Saúl, quien, sin embargo, apenas cuenta con ascendencia sevillista, por lo que una de sus primeras actuaciones deberá ser demostrar su implicación con la entidad para dejar de ser visto como un advenedizo de esencia atlética.

Solo meses después de haber abandonado su club de toda la vida, Saúl es visto todavía como uno del Atlético de Madrid que acaba de llegar sin que haya tenido tiempo para demostrar que siente dolor por todo lo malo que le pueda pasar al Sevilla, como sí se ve en cada gesto que realiza Jesús Navas o cualquier otro canterano que ha mamado sevillismo desde chico.

Por eso, episodios como la estúpida expulsión en el partido de Mallorca, con la doble ausencia consiguiente, le hacen un flaco favor en su imagen interna, pues suponen un daño innecesario al colectivo precisamente cuando más necesita de su concurso. En definitiva, un líder nunca deja tirado a su grupo ni en un partido ni en los dos siguientes ya que su presencia es indispensable.

Así pues, con Jesús Navas cercano a la retirada y con Sául recién llegado, la plantilla, y el entorno sevillista, lampan por encontrar a futbolistas que hagan de ‘perro pastor’ para garantizar la cohesión grupal sobre todo en estos momentos de algo más que dudas sobre el devenir de la temporada. Son precisamente tiempos así los que suelen propiciar la aparición de liderazgos ocultos con los que nadie contaba, pero que, por fuerza de la naturaleza, emergen con más solidez que ningún otro que pretenda ser creado de forma artificial. Personalidades fuertes como la de Marcao, desempeños meritorios como el de Badé, sevillismo a ultranza como el de Isaac, son elementos sobre la base de los cuales podría llegar a forjarse ese liderazgo que tanto se anhela.

En cualquier caso, no sería más que una referencia en el vestuario. Si de verdad se pretende que el Sevilla FC tenga un referente sólido y estable, habrá que buscarlo para que ocupe el máximo cargo de la entidad; ese sí que es un problema serio. 

Manuel Vicente

Calendar 18 de septiembre de 2024 · 08:59

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