Opinión

Ni chicha ni limoná

Ni chicha ni limoná

Se ha cumplido un cuarto de la temporada y no se sabe bien si el Sevilla Fútbol Club es chicha o limoná; si ha entrado en crisis en los tres últimos partidos o si, por contra, es que tuvo una racha de buena suerte cuando hizo 13 puntos de 18 posibles entre las jornadas tercera a octava, culminando ese tramo con la proeza de golear al FC Barcelona. Personalizando esta dicotomía se podría recurrir a futbolistas concretos: José Ángel Carmona: ¿es tan bueno como refleja el gol que dio la tranquilidad ante los culés o bien es tan sospechoso como el que no supo hacer un saque de banda ante la Real Sociedad, cometiendo un error impropio no ya en un profesional sino en cualquier aspirante de equipo filial? Otro caso: ¿tiene Akor Adams la calidad que demostró en el gol conseguido en su reciente participación con la selección de Nigeria o bien es tan inoperante como para no haber aprendido todavía cómo zafarse del fuero de juego; una técnica que aprende cualquier alevín que aspira a jugar de delantero centro?

En este insulso de ‘ni chicha ni limoná’ se encuentra un equipo que nuevamente anda en busca de una identidad porque se resiste a asumir, aunque la tendencia es intensa, la personalidad de su inútil y desvergonzado presidente, así como de todo el Consejo de Administración que le mantiene en un cargo que le viene extraordinariamente grande y para el que no ha hecho mérito alguno. Sin ánimo de ofender y por recurrir a una expresión coloquial, José María del Nido Carrasco es el “tonto útil” que le está haciendo el trabajo sucio al resto de accionistas que se sientan en la mesa rectora de la entidad, quienes han visto en él a la persona con la que, a pesar de contar con un reducidísimo número de acciones, cumplir los preceptos que se recogen en el conocido como ‘pacto por la pasta’ para no perder el control de la entidad en favor de su padre, Del Nido Benavente. En este contexto ‘macro’ se desenvuelven unos futbolistas absolutamente convencidos de que el Sevilla FC es actualmente un barco a la deriva en el que nadie tiene ni capacidad ni credibilidad como para poner orden. Quien únicamente está intentando insuflar algo de energía al colectivo es la figura más débil en todo este entramado, ya que el entrenador suele ser la parte más débil de la cuerda. Solo hay que ver el número de técnicos que han ido pasando por el club desde que el binomio Carrasco-Castro se hizo con el control absoluto del club para comprender la inestable situación en la que se encuentra Matías Almeyda. De hecho, él será el primero en caer como el equipo no enderece el rumbo de forma inmediata y vuelva a coquetear con los puestos de descenso de la clasificación.

La injusticia del fútbol se volverá a cobrar la víctima menos justificada mientras que los verdaderos culpables de este desaguisado seguirán en sus cargos cobrando unos emolumentos para los cuales ni están capacitados ni están haciendo ningún mérito, ya que son malos hasta para ellos mismos. Quienes han llevado al Sevilla FC a la ruina se permiten el lujo de reclamar más beneficios para sus acciones cuando les llega la oferta de unos sevillistas que, estos sí, tienen un proyecto de futuro para el club de sus amores y están dispuestos a invertir su patrimonio en reflotar una entidad histórica que merece volver a optar a grandes empresas. En buena lógica, la ‘tercera vía’ de Lappí y compañía, o cualquier otra que se presente, no va a pagar un precio de Champions por un club que a duras penas sobrevive por la Primera División ni va a asumir las cuantiosas deudas que han generado los desastrosos gestores actuales, quienes todavía se permiten decir, como expresaba recientemente Del Nido Benavente, que la oferta recibida “no es suficiente”.

¿Suficiente para quién y para qué? ¿Para unos nefastos accionistas, incluido él mismo aunque no sea protagonista directo de la gestión pero sí indirecto, que han llevado a la institución a un bloqueo de facto que le lleva camino del fracaso más estrepitoso que haya conocido el fútbol español reciente? Si no les parece suficiente la cantidad propuesta en esta tesitura, quizá deberían pensar en cuál será la que reciban en caso de que se consume la lógica de su incapacidad como gestores y se pierda la categoría a final de temporada. Entonces, sí que van a recibir una oferta insuficiente. Como ya se ha dicho, los grandes accionistas sevillistas son malos hasta para ellos mismos, pues su egoísmo y obstinación van a depauperar aún más al club, y en consecuencia va a deteriorar su propio patrimonio. Si serán estúpidos que ni de eso se dan cuenta.

Manuel Vicente

Calendar 7 de noviembre de 2025 · 12:37

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