Opinión

Mala suerte

Mala suerte

Coincidiendo con el partido del martes de la selección española de fútbol en Valladolid, su nuevo hogar, el que fuera director deportivo del Sevilla Fútbol Club Víctor Orta reapareció públicamente en la escena nacional para, entre otras cosas, recordar su gestión en una tarea tan complicada como la de relevar a un fenómeno de la categoría de Monchi. Repasa durante una entrevista radiofónica mil asuntos y deja un titular de resumen de su estancia a las órdenes de la inoperante directiva comandada por el duo Junior-Castro: “Tuve mala suerte”. Si esa es su reflexión de cara a la galería mediática, bien está; pero si es realmente su conclusión de su etapa en clave sevillista, no demostrará Orta tener la necesaria resiliencia como para convertirse en un profesional de primerísimo nivel, como lo son su predecesor y su antecesor en el despacho del Sánchez-Pizjuán.

La mala suerte en el fútbol, y en general en la vida, se tienen en momentos muy concretos, pero en el momento del análisis de una evolución de dos años no es conveniente buscar explicaciones exclusivamente en la fortuna. El conjunto de operaciones que tuvo que firmar, y de decisiones que tuvo que adoptar, durante su estancia en el Sevilla Fútbol Club no puede estar marcado únicamente por la suerte, pues ello supondría dejar al margen sus capacidades para el ejercicio de su profesión. Si todo es cuestión de suerte, que hubieran puesto a cualquier persona con independencia de sus conocimientos futbolísticos. Para desgracia de Orta, su gestión fue nefasta al margen de la suerte, y los hechos así lo demuestran.

No obstante, es evidente, como ocurre en cualquier desempeño profesional prolongado en el tiempo, que no todas las decisiones adoptadas fueron negativas. De hecho, el club ha sacado un importante beneficio de dos operaciones selladas en la etapa anterior, como han sido las ventas de Idumbo y de Lukebakio, sobre todo en el caso del joven belga que llegó a la entidad por unos cuantos cientos de miles de euros y se marchó, dos años después, al Mónaco por 10 millones. De la misma forma que puede considerarse igualmente satisfactoria la adquisición de Lucien Agoumé, cuyo rendimiento en el terreno de juego está siendo excelente y tiene pinta de que también lo será cuando el club lo ponga en el mercado.

En cualquier caso, estas operaciones no pueden esconder otros aspectos nefastos de su trayectoria porque la labor actual de un director deportivo va más allá de la contratación de jugadores. Sin entrar en aspectos que pueden ser más o menos discutibles como si debe tener competencias el director deportivo en la contratación del equipo médico que debe evitar que la enfermería esté perfectamente ocupada, como ha ocurrido en las últimas temporadas; hay parcelas que son de indudable competencia para esa figura, como es el entendimiento con la plantilla y el bienestar, en el más amplio sentido de la palabra, del jugador dentro de la entidad. Y en este sentido, la calificación de Orta no puede pasar del muy deficiente, como queda patente con casos como la cesión de Rafa Mir al Valencia o la situación de Januzaj.

Este último se está revelando como un hecho paradigmático a la vista del rendimiento que está ofreciendo el belga a las órdenes de su nuevo entrenador Matías Almeyda después de años con un comportamiento más propio de un exfutbolista que no es extraño si se tienen en cuenta las desavenencias, incluso públicas, que tuvo con su anterior director deportivo. Tanto Víctor Orta en su momento como el futbolista recientemente han puesto de manifiesto las discrepancias existentes entre ambos que, necesariamente, lastraron el desempeño de un futbolista que nunca se sintió valorado ni querido en la entidad, sobre todo desde la marcha de su valedor, Monchi.

La creación de un ambiente idóneo para la confortabilidad de los jugadores es, sin duda, uno de los aspectos que ha mejorado el Sevilla Fútbol Club con la marcha de Orta, así como también el acierto en la contratación del entrenador. Con una sola oportunidad, Antonio Cordón ha dado una lección magistral a su antecesor, para quien resulta más conveniente no apelar a la mala suerte, sino meditar sobre sus conocimientos del mercado de entrenadores. De una tacada el actual responsable de la plantilla sevillista no solo contradijo la elección de Orta al renunciar a la contratación de Imanol Arias, sino que eligió al técnico protagonista de la extraordinaria metamorfosis experimentada por el plantel sevillista.

No debería, pues, Víctor Orta justificar su nefasta etapa en el Sevilla Fútbol Club en base a la mala suerte; aquí quienes únicamente tienen mala suerte son los aficionados de este club que tienen que soportar la presencia de unos gestores tan escasamente capacitados y preparados como Junior, Castro y el resto de componentes del Consejo de Administración. Eso sí que es mala suerte.

Manuel Vicente

Calendar 24 de octubre de 2025 · 10:45

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