Opinión

El mejor partido de la temporada

El mejor partido de la temporada

El equipo pudo. García Pimienta sabe. Sow nos sorprendió. Álvaro fue el mejor. Saúl no brilló. Isaac marcó. Juanlu dio un partidazo. Agoumé fue un gigante. Kike se consolida. Perdió el Sevilla Fútbol Club 4 a 3.

El escritor peruano Bryce Echenique contaba que, en los partidos de su infancia entre Brasil y Perú, radiados entonces (no había televisión), Perú dominaba y Brasil goleaba. Para el niño que era Bryce Echenique, el fútbol era un juego que se medía por dos marcadores: dominio, donde Perú era campeonísimo; y goles, donde Brasil era el emperador absoluto. Cosas de la infancia y de la radio nacional peruana.

Algo así le pasó ayer a nuestro Sevilla Fútbol Club. El mejor partido del año se perdió. Cosas de la bisoñez de la plantilla y de la ansiedad del sevillismo, que quiere acortar etapas y se lo transmite a los jugadores. Todos los enunciados primeros de este texto son ciertos, y no por ello la conclusión es contradictoria. El equipo mejora cada partido. El míster ajusta mejor las piezas. Romero no solo acosa y lucha, sino que marca un golazo. Hay portero de sobra para suplir a Nyland. Los resultados van prudentemente acompañando. La ansiedad crónica mata, y esto es lo que el sevillismo tenemos que resolver.

A la sevillanía, ese concepto que popularizó el genial Javier Labandón por medio del universal himno del centenario del Sevilla Fútbol Club, le encanta pensar que los forasteros piensen y digan —y si es posible simulen con gestos de desconcierto— que no entienden nada de nuestra idiosincrasia. En esto nos ocurre como a los catalanes, a quienes les subyuga fatalmente creer que los monolingües castellano-parlantes no entendemos nada cuando hablan en la bellísima lengua de Ramón Llull y Ausiàs March. No hay mayor disgusto para la sevillanía que el forastero lo entienda todo, al igual que para muchos catalanes que el monolingüe sea capaz de seguir una conversación en catalán perfectamente sin traducción simultánea.

En ambos casos, son paradojas del noviazgo con la identidad, deliciosamente necesaria cuando es simplemente cultural, pero muy peligrosamente perversa cuando se usa como instrumento político. Insisto: el Sevilla Fútbol Club va cumpliendo la hoja de ruta posible si queremos seguir teniendo una diligencia sevillana y sevillista. No abandonemos nunca la pasión del noviazgo con la identidad —Cuentan las lenguas antiguas…— pero no pretendamos tampoco llegar al frío contrato mercantil que es el matrimonio.

Francisco Garrido Peña

Calendar 10 de diciembre de 2024 · 06:00

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