Opinión

Cuando había dignidad…

Cuando había dignidad…

Allá por el siglo XX, cuando los que peinamos canas teníamos granos en la cara, existía una cualidad humana conocida con el nombre de dignidad que acostumbraba a ser, aunque no siempre, uno de los pilares fundamentales en el comportamiento de los seres humanos, incluidos aquellos que se congregaban en las múltiples facetas que componen el mundo del fútbol. Sin embargo, con el paso del tiempo, y sobre todo debido a la mercantilización de lo que en su día era un deporte, la presencia de la dignidad ha ido evolucionando de forma inversamente proporcional a las cuantías económicas que se manejan en las transacciones futbolísticas de toda índole, hasta llegar al punto actual en el que presenciamos episodios de gran indignidad como los que se viven en la gran familia del Sevilla Fútbol Club.

En aquellos tiempos en los que las personas velaban por el honor de su buen nombre e imagen pública tanto como por su dinero, los futbolistas captaban de inmediato los mensajes, incluidos los no verbales, que se les mandaban desde el club respecto a su función en la plantilla y el agrado, o desagrado, con que serían acogidos. El periodo de fichajes era el momento idóneo para entablar esa comunicación entre club y futbolista, de manera que, cuanta más envergadura tuviera el jugador recién firmado, más se sentía presionado su contrincante en la plantilla, lo cual le llevaba en muchos casos a buscar un mejor destino en el que continuar su carrera futbolística. Plasmando esta situación en el actual Sevilla Fútbol Club, diríamos que la llegada de dos centrales más (Azpilicueta y Cardoso), unido al ascenso de los canteranos Ramón y Castrín, es un mensaje rotundo a los frágiles Nianzou y Marcao de que su ciclo sevillista está concluido y que sus minutos de juego habrían de conseguirlos en otro club. Este sería un caso prototipo en el que la dignidad del futbolista estaría por encima de su afán de lucro, pues a pocos jugadores del siglo XX se les ocurriría permanecer en un plantel sabiendo que son sexta y séptima opción para el entrenador, ya que por delante de ellos tienen nada menos que a cinco competidores por el mismo puesto.

Caso similar podría ser el de Joan Jordán, quien aparece como quinta opción, en el mejor de los casos, para ocupar la dupla del centro del campo preferido de Almeyda en el Sevilla Fútbol Club. Anteponer el dinero a la dignidad acogiéndose al contrato vigente es una opción tan perfectamente legal como profesionalmente poco digna, ya que supone contravenir la esencia misma de la profesionalidad: prefiere no ejercer la tarea para la cual fue contratado y poner en serio peligro su carrera antes que renunciar a un céntimo de salario. Muy legal, pero dudosamente honorable, sobre todo cuando se complementa con el hecho de rechazar la opción ofrecida por el club de contribuir a ayudar a sus compañeros favoreciendo su inscripción.

En los tiempos de la dignidad, los canteranos a cuya disposición el Sevilla Fútbol Club había puesto, cuando eran niños, todos sus recursos materiales y humanos para forjar una trayectoria profesional eran conscientes de que contaban con dos opciones para devolver al club todo el esfuerzo que había hecho por ellos: o bien lo hacían con su contribución en el terreno de juego a ganar partidos o bien protagonizaban una transacción que reportara a la entidad una cierta cantidad de dinero. Eran aquellos años en los que las arcas sevillistas estaban tan esquilmadas como ahora por culpa de unos dirigentes incapaces, quienes forzaban la ineludible marcha de los Marchena, Jesuli, José Mari, Loren, etc. A esta dinámica corresponde también el traspaso de José Antonio Reyes, con lágrimas en los ojos, al Arsenal, después del cual vino la marcha de Jesús Navas al Manchester City. Solo comparar la actitud de estos dos emblemas del club de Nervión con la mostrada por los actuales Juanlu y Carmona ya deja claro lo cuestionable de según qué comportamientos.

Pero claro, en el Sevilla Fútbol Club de este 2025 no se puede pretender que impere una cualidad de tanto valor cuando desde la cúspide de la organización lo que mana es egoísmo, insensatez e indignidad. Por si alguien no conocía cuál es la catadura moral de la dirigencia sevillista, la rueda de prensa de José María del Nido Carrasco de esta semana ha sido bastante esclarecedora.

No por las explicaciones de determinados hechos y comportamientos acontecidos en los últimos tiempos en el Sevilla Fútbol Club, sino por mostrar con absoluto descaro sus intenciones. El resumen de dicha comparecencia es que el conocido como Junior se va a mantener en la presidencia mientras cuente con el respaldo de la mayoría del capital social, todo el tiempo que sea necesario, aunque no pueda ni salir de su casa, aunque destroce la economía de la entidad y con el único propósito de obtener una retribución económica que no lograría en ninguna otra empresa.

Todo legal y lícito, ¿pero digno?

Manuel Vicente

Calendar 12 de septiembre de 2025 · 11:55

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