Aquí no hay quien viva

Aquí no hay quien viva

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Aprovecho que Jul y Gan han acompañado a nuestros vecinos a urgencias para escribir la columna semanal. No han tenido más remedio que asistirlos debido al mal estado anímico con el que han empezado el año. Una vez más, intentaron acabar con sus vidas y, una vez más, nosotros lo evitamos. Y no es que seamos generosos, que lo somos, sino que sería difícil, si no imposible, tener unos vecinos tan entretenidos como ellos. Todo empezó al percibir, a través de las finas paredes que nos separan, ciertos soniquetes que causarían desasosiego al más valiente.

– ¿No te parece que ese chiste tan malo del 17 se está repitiendo más de la cuenta, Jul?- preguntó nuestro amigo Gan-. No sé si estará de promesa, pero lleva media mañana sonando una y otra vez el Hulio ese de los cojones. Y después del ridículo del sábado…

Gan, alarmado, llamó una y otra vez a la puerta de los vecinos, pero estos, o no se enteraban, o no nos echaban cuenta.

– Me siento como Pablo Machín pidiendo fichajes- comentó Gan ante la falta de atención de los vecinos.

– O como los del VAR con Mateu -replicó Jul.

Fue este quien se dio cuenta de que algo grave podría estar pasando. Temiendo lo peor, tomó carrerilla y lanzó un zapatazo como si fuera André Silva. A diferencia del delantero portugués, Jul sí que perforó la puerta, que quedó de siniestro total, como la de Pau López en El Alcoraz.

Dantesco, cual arbitraje de Mateu Lahoz ante equipos que juegan contra los de la capital, fue el espectáculo que se abrió ante nuestros ojos. Debo confesar que yo casi me desmayo, lo que no debe extrañarles, ya que los escritores somos como los jugadores del Real Madrid, que nos caemos al menor soplido, en especial en el área vecina, como era el caso.

Nuestro vecino yacía semiinconsciente. Se había amarrado al ordenador tras poner en bucle un terrorífico canal de Youtube, que ya hemos denunciado, como no podía ser de otra manera, denominado “Los 17 peores chistes del 17”, que sonaban como si fuera la banda sonora de “La Monja”. Su primo, que estas Navidades se había dejado el pelo largo para ponerse una cola a lo Gareth Bale, yacía en el suelo doliéndose de una pierna. Gan trató de incorporarlo antes de preguntarle por lo sucedido.

– I don’t understand!, I don’t understand! – gemía el vecino, que a pesar de ser nativo de la Sierra Norte sevillana se había metido muy bien en el papel del lesionado, y a veces futbolista, jugador galés-. Fuck Solari! Lopetegui, come back!

No había que ser un experto anglófilo para concluir que, desconociendo el idioma y la causa del problema, la situación del primo era tan grave o más que la de nuestro vecino, carne de su carne.

Para rematar, a puerta vacía, porque Jul había dejado sin puerta la casa, Hulio, el dorado can que guardaba, es un decir, la casa, temblaba junto al sofá en medio de un charco de tinte rubio jaguar 2019. El bote lo tenía en las fauces. Gan se lo quitó de inmediato, de una forma tan brusca que le arrancó de cuajo la dentadura, una dentadura un tanto extraña, por cierto, porque presentaba unos dientes perfectos y blancos como la camiseta del quinto mejor equipo Europa de los últimos cinco años. Afortunadamente, y después del susto previo, nos dimos cuenta de que era postiza. Incluso dedujimos que era el regalo que le habían traído los Reyes Magos al pajizo can, pues tras uno de los molares pudimos ver el dorsal 17, el logo de Kappa y la etiqueta con el precio de un grande entre los grandes almacenes que habían olvidado retirar. Afortunadamente, gracias a que no se había tragado el ticket de regalo, Hulio no ha tenido que ser asistido en el hospital veterinario. Bastó que Jul le mostrara la foto de Gnagnon que compramos en la tienda a la salida del estadio, la última por cierto, porque se estaban agotando, y del susto lo vomitó todo, una pasta dorada y verde que olía a perros muertos, nunca mejor dicho, que cayó sobre una foto de Vinicius, al que decoloró como hubiera soñado Santiago Abascal.

En fin, cuando empecé a escribir el artículo, mi intención era hacerlo sobre el grito de “Puta Madrid, puta capital” que se escucha en los partidos contra los dos principales equipos de la Corte Imperial, pero tanta aclaración previa a por qué iba a escribir yo hoy de mi puño y letra me ha obligado a posponer el tema. A ver si otro día me lo permiten Jul y Gan. Entretanto, espero que todos vuelvan bien de urgencias, aunque, con lo que queda de temporada, me parece que no van a tardar mucho en volver.





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