Opinión

¿Dónde está Monchi?

¿Dónde está Monchi?

Las escasa capacidad de Pepe Castro para presidir el Sevilla Fútbol Club ya quedó de manifiesto durante el bienio de estancia de Monchi en Roma con aquellos rocambolescos episodios de contratación de Vincenzo Montella, destitución de Óscar Arias, designación de don Joaquín Caparrós como director deportivo, etc. Aparte del acuerdo de paz social con el que tiene atrapado a José María del Nido, en virtud del cual el expresidente está siendo objeto de sonoros revolcones en los juzgados, la única decisión positiva adoptada por el actual presidente sevillista fue recuperar para la causa al actual director deportivo.

El propósito, con ello, era que la inteligencia y buen hacer tantísimas veces manifestados por el León de San Fernando cubrieran las inmensas lagunas de gestión del utrerano, del mismo modo que lo hace en la parcela económica José María Cruz, un reputado profesional de la gestión y administración de empresas que representa el segundo pilar sobre el que se asienta la estabilidad de la institución llamada Sevilla Fútbol Club.

Lo que nadie se atrevería a sospechar es que el efecto con el regreso de Monchi fuera el contrario, es decir, que éste se viera contagiado de la poca aptitud del presidente, ya que ello supone dejar al club sin dirección y sometido al albur sólo de ocurrencias y de decisiones escasamente meditadas. Pues bien, eso es lo que parece que finalmente está ocurriendo en el Sevilla Fútbol Club con la agónica permanencia de Julen Lopetegui en la dirección técnica.

Las horas transcurridas entre la ignominiosa derrota ante el Atlético de Madrid y la destitución del técnico vasco están poniendo de manifiesto que la cúpula directiva sevillista, cuanto menos, tiene una preocupante falta de reflejo, ya que, puestos en el peor de los casos, habría que pensar que se mueve a golpe de impulsos y de improvisación. En cualquiera de los dos casos, se trata de situaciones que no son propias del mejor director deportivo del mundo.

Durante el verano y conforme se acercaba el inicio del campeonato liguero, se fue extendiendo la teoría del matrimonio de conveniencia, en virtud de la cual -se decía- la permanencia de Julen Lopetegui era debida a que ni al técnico le había llegado una oferta interesante como para irse ni el Sevilla Fútbol Club disponía de dinero como para pagarle la suculenta indemnización emanada de su ampliado contrato. Esta teoría se antojaba más una elucubración que una hipótesis plausible pues cualquier observador del mundo del fútbol, por muy neófito que sea, sabe que semejante operación tiene unas probabilidades de éxito de una entre mil; por lo que sólo imaginar que Monchi se prestara a semejante componenda tenía más visos de ensoñación que de realidad. Pues bien, esto era hasta ahora. A partir de lo acontecido en las 48 horas posteriores a la última derrota liguera, todas las hipótesis y teorías que se quieran contar respecto al devenir del Sevilla Fútbol Club adquieren verosimilitud.

La destitución en diferido de Julen Lopetegui va a pesar, como una losa, sobre la trayectoria de Monchi como una de sus mayores muestras de fracaso. Si existiera en el mundo un único manual futbolístico recogería en el apartado dedicado a la destitución de un entrenador que debe tratarse de un proceso rápido de manera que, a los ojos de la plantilla, nunca exista vacío de poder ni muestras de improvisación, ya que ambas situaciones restan crédito y liderazgo al técnico que llega.

Si existiera un cronograma institucionalizado, la destitución de Julen Lopetegui debía haber tenido lugar el domingo, la llegada del nuevo técnico el lunes por la mañana y su primer entrenamiento el lunes por la tarde, con vistas al compromiso de 48 horas después en Liga de Campeones. Que no haya cumplido esta cronología de hechos es inaceptable sobre todo cuando venimos de un parón de dos semanas en las competiciones. Si se quería dar a Julen Lopetegui el beneficio de aprovechar esos días como última oportunidad para enderezar el rumbo del Sevilla Fútbol Club, bien está. Pero que no se tuviera elaborado otro plan para activarlo en cuanto se consumara la derrota del sábado por la noche, es inaceptable, sencillamente impropio del mejor director deportivo del mundo.

Lo que falta para llegar al colmo del ridículo es que el Sevilla gane el duelo de mañana y tengan que echar a Julen Lopetegui después de una victoria.

Desde luego, quien está dirigiendo este proceso de relevo de entrenador en el Sevilla Fútbol Club no es, ni mucho menos, Monchi; si acaso es un tal Ramón Rodríguez Verdejo. Nuestro club necesita ahora más que nunca que vuelva Monchi. Si para eso se tiene que ir Pepe Castro, pues que se vaya, no se perdería gran cosa.

Manuel Vicente

Calendar 4 de octubre de 2022 · 08:44

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