Sevilla FC
Intolerable
Pareciera, a tenor de lo ocurrido en el partido de ayer lunes en Almería, que los jugadores del Sevilla Fútbol Club no fueran conscientes del puesto de la clasificación que ocupan ellos, no la entidad. El Sevilla FC como club de fútbol con su historia, su afición, sus antecedentes y sus vitrinas, no es quien ocupa el puesto número 14 de la tabla clasificatoria de esta temporada. Quienes en realidad están a seis puntos de bajar a Segunda división son un grupo de futbolistas que en el último encuentro demostraron no ser conscientes del ridículo que están haciendo esta temporada y del escarnio que está sufriendo la entidad que les paga unos buenos salarios, por cierto.
No es tolerable el partido que esa plantilla de futbolistas realiza ante un rival que a punto estuvo de conseguir el primer triunfo de la presente campaña, lo cual hubiera sido no por sus méritos sino por los deméritos de quienes lucían en el pecho el escudo del Sevilla Fútbol Club. En el minuto tres de partido ya se pudo ver que ese grupo de jugadores había salido al campo sin la atención que requiere cualquier compromiso deportivo aunque fuera incluso de carácter aficionado. Cualquier persona que practique un deporte de competición, sea el que sea, es perfectamente consciente de que, sin la concentración necesaria y sin la tensión suficiente, las fuerzas se equilibran y el rival inferior es capaz de ganar debido a que el superior ha descendido en su rendimiento hasta igualar la competencia. En ese minuto tres antes mencionado un balón centrado por un atacante almeriense se pasea por el área sevillista sin peligro alguno hasta que Kike Salas lo deja pasar abriendo los brazos sin haber caído en la cuenta de que tras de sí se encontraba el local Luka Romero, quien para fortuna sevillista mandó el esférico al segundo anfiteatro.
Esa inexplicable falta de concentración sevillista volvió a quedar en evidencia minutos después cuando el mismo Luka Romero, un jugador que apenas llega al 1,60 de estatura, se lleva un balón de cabeza ante el defensor canterano, de 1,85 metros, simplemente por haber acudido a la disputa con más empeño e intensidad. Lo que vino después fue un contraataque con superioridad local que permitió al Almería ponerse por delante en el marcador a falta de pocos minutos para el descanso. Como la pretensión de esta reflexión no es la de cebarse contra el defensa salido de la escuela de la carretera de Utrera, mencionemos que, en el post partido, Lucas Ocampos admitía que, en el tanto del empate almeriense, pensaba que los centrales estaban en sus respectivos puestos y por ello no acudió raudo a cubrir la zona de remate de los delanteros locales, admitiendo pues otro lapsus de concentración en este caso ¡¡en el tiempo de descuento!!
Serían estos los ejemplos más palpables de que la actitud de los jugadores sevillistas no fue en la noche del lunes la más idónea, no ya para enfrentarse a un equipo de Primera división, sin para afrontar una competencia del tipo que fuera, lo cual viene a poner de manifiesto que ese grupo de futbolistas no es consciente de la situación en la que se encuentran y del escarnio que por su culpa está sufriendo la entidad denominada Sevilla Fútbol Club. Nadie le ha dicho a los casi 30 componentes que acceden a diario al vestuario de la ciudad deportiva, incluidos los recién llegados en enero, que el nombre que aparece en el puesto número 14 de la clasificación está siendo mancillado por ellos mismos y que, por muchos puestos que pueden llegar a ascender, la calificación final de su trabajo de esta temporada no va a superar, en ningún caso, el suspenso.
El colmo de la mediocridad puesto de manifiesto en el terreno almeriense estriba en que, una vez alejados con pequeñas garantías de la zona de descenso, los jugadores del Sevilla Fútbol Club han encontrado acomodo en esa zona baja de la tabla hasta el punto de pensar que con sólo lucir el nombre de un club histórico y llevar su escudo se les van a adjudicar los tres puntos en litigio. Desde el sevillista de mayor rango técnico hasta el último aficionado eran conscientes de que el encuentro era de esos calificados como ‘partido trampa’, en el que el exceso de confianza podía acarrear un serio disgusto. Y desde luego que lo fue, pero no por obra de un equipo venido arriba como podía haber sido el Almería, sino porque unos jugadores en teoría superiores decidieron volver a traicionar a su propio club, a su historia y a su afición. Intolerable la actitud de los jugadores sevillistas. Intolerable e inaceptable.
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