Atlético de Madrid

El doble rasero del Atlético en el mercado: ficha a Beltrán con una cláusula, defendió a Julián con otra

El doble rasero del Atlético en el mercado: ficha a Beltrán con una cláusula, defendió a Julián con otra

El club rojiblanco exigió durante el conflicto con el Barça que el mercado se moviera con ética, profesionalidad y respeto entre clubes. Cinco días después de fijar ese criterio por escrito, activó la cláusula de Beltrán Auguste en el último día de mercado.

El Atlético de Madrid resolvió uno de sus últimos movimientos del mercado sin sentarse a negociar un traspaso con el Leganés. El 1 de septiembre quedó abonada la cláusula de rescisión de Beltrán Auguste, central de 19 años formado en la cantera pepinera, y un día después el club anunció su fichaje para el Atlético de Madrid C hasta el 30 de junio de 2031.

El contrato del jugador amparaba la operación de principio a fin. Pero el momento elegido y la vía utilizada abren un debate que va más allá de un fichaje para la Academia.

Solo cinco días antes, en plena pelea con el Barcelona por Julián Álvarez, el propio Consejo de Administración rojiblanco había dejado por escrito cómo entendía que debían funcionar las relaciones en el mercado: «de una forma ética y profesional y con respeto entre los clubes».

De ahí nace la pregunta incómoda: ¿aplica el Atlético el mismo estándar cuando pasa de defender a uno de sus jugadores a utilizar su posición para fichar a otro?

Beltrán, una cláusula en el último día de mercado

Beltrán Auguste Paolucci había llegado al Leganés en edad cadete y la pasada temporada dio el salto al filial cuando todavía era juvenil.

Su progresión ya lo había acercado al primer equipo. Debutó en el Trofeo Villa de Leganés, hizo la pretemporada 2026/27 a las órdenes de Rubén Albés y entró en las convocatorias de las dos primeras jornadas de LaLiga Hypermotion, ante Girona y Real Oviedo.

El 1 de septiembre cambió de club.

El Leganés confirmó después que ese mismo día había cobrado su cláusula de rescisión. La cifra rondaba, según informaciones publicadas, algo más de un millón de euros.

El momento también cuenta: el mercado español cerraba a las 23:59 del 1 de septiembre.

Horas antes, el club pepinero había cerrado además la cesión por una temporada de otro central de 19 años, Djibril Gueye, al Sporting de Portugal, con opción de compra.

El comunicado del Leganés sobre Beltrán no incluyó ni un reproche hacia el Atlético. La entidad se limitó a confirmar el pago de la cláusula, repasar la trayectoria del futbolista en su cantera y desearle suerte.

Y es que una cláusula tiene precisamente esa característica: una vez ejecutada en los términos pactados, el club de origen ya no necesita aceptar ninguna negociación de traspaso.

el doble rasero del Atlético en el mercado

El estándar que el Atlético había fijado por Julián

La comparación cobra sentido por lo vivido todo el verano alrededor de Julián Álvarez.

El 27 de agosto, el Consejo de Administración colchonero respaldó por unanimidad no negociar su venta al Barcelona. En aquel comunicado, la entidad se declaró abierta a las operaciones habituales del mercado, pero siempre bajo tres condiciones: ética, profesionalidad y respeto entre clubes.

El Atlético sostuvo que el Barcelona no había cumplido esos requisitos.

La tensión venía de meses atrás. Miguel Ángel Gil Marín, consejero delegado del club, había acusado ya en junio al Barça de faltar al respeto al Atlético, y repitió durante todo el verano que la entidad no quería desprenderse de su delantero.

La posición contractual del Atlético era, además, especialmente sólida. Julián tiene contrato hasta junio de 2030 y una cláusula de rescisión de 500 millones de euros.

Gil Marín resumió la postura del club en julio: el Atlético no había aceptado 100 millones y tampoco aceptaría «ni 150 ni 200».

Julián también había pedido salir

El conflicto, sin embargo, no dependía únicamente de los dos clubes.

Julián había dejado claro públicamente que consideraba que «lo mejor para todos es una transferencia». El argentino llegó a esa posición después de dos temporadas en Madrid en las que firmó 49 goles en 106 partidos con el Atlético.

El Barcelona defendió durante el verano haber presentado una oferta, y Joan Laporta insistió públicamente en que su club había actuado con respeto hacia la entidad rojiblanca.

El Atlético mantenía la versión contraria.

El pulso llegó incluso a la vía federativa. El Comité de Disciplina de la RFEF abrió el 30 de julio un expediente disciplinario extraordinario al Barcelona por sus presuntos contactos con Julián mientras el delantero seguía con contrato en vigor.

Ese punto marca la diferencia de fondo respecto al caso Beltrán.

Por qué Beltrán y Julián no son el mismo caso

Comparar las dos operaciones no significa equipararlas.

Con Julián, el Atlético cuestionó los contactos del Barcelona alrededor de un futbolista con contrato en vigor, las comunicaciones públicas sobre su futuro y una situación que terminó ante el Comité de Disciplina de la RFEF.

Con Beltrán, el elemento central es mucho más simple: se pagó una cláusula de rescisión. No hay constancia de ninguna disputa reglamentaria en torno a la operación.

También cambian, y mucho, las dimensiones deportivas y económicas. Julián era una estrella del primer equipo protegida por una cláusula de 500 millones. Beltrán es un central de 19 años que llega inicialmente al Atlético C, con una cláusula que, según las cifras publicadas, apenas superaba el millón.

Lo que sí permite comparar ambos casos es el propio criterio que el Atlético eligió para definir su política de mercado: el respeto entre clubes.

Dos cláusulas, dos posiciones de poder

Con Julián, la cláusula de 500 millones le sirvió al Atlético para defenderse. El club podía rechazar ofertas y mantener el control sobre el futuro de uno de sus futbolistas más importantes.

Con Beltrán ocurrió justo lo contrario.

Esta vez fue el propio Atlético quien recurrió a una cláusula para cerrar una incorporación sin necesidad de un acuerdo de traspaso con el club propietario, y lo hizo en la última jornada de mercado.

Las dos decisiones encajan dentro de la lógica contractual. Pero muestran hasta qué punto cambia la lectura de una cláusula según el lado de la operación en el que se sitúe cada entidad.

Frente al Barcelona, el Atlético reclamó respeto a su posición como propietario de los derechos de Julián. Frente al Leganés, hizo valer una herramienta contractual que le permitió incorporar a Beltrán sin negociación bilateral alguna.

Ahí queda el verdadero debate de este fichaje: no cuestionar la validez de la operación ni afirmar que Atlético y Barcelona actuaron igual, sino comprobar hasta dónde llega el estándar de «ética», «profesionalidad» y «respeto entre los clubes» que el propio club convirtió en argumento público durante el caso Julián.

Beltrán no iguala ambos casos. Pero sí obliga al Atlético a convivir con la vara de medir que él mismo puso sobre la mesa apenas cinco días antes.

Redacción

Calendar 3 de septiembre de 2026 · 16:14

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