Atlético de Madrid
Atlético de Madrid y Julián Álvarez: la RFEF examina los movimientos del Barça
La RFEF abre expediente tras la denuncia del Atlético y deberá aclarar si el Barcelona se limitó a negociar un traspaso o presionó para romper un contrato hasta 2030.
Existe movimiento más allá del mercado de fichajes en el caso de Julián Álvarez. La RFEF ha abierto un procedimiento disciplinario extraordinario a raíz de la denuncia presentada por el Atlético de Madrid. El organismo deberá determinar si el conjunto azulgrana se limitó a intentar un fichaje o si sus movimientos contribuyeron a que el delantero presionara para romper su vínculo con la entidad colchonera.
El Barcelona ya ha recibido la notificación del expediente y podrá presentar alegaciones. La apertura del procedimiento no acredita ninguna infracción ni bloquea un futuro traspaso, pero traslada una disputa pública entre clubes al terreno formal.
Contrato hasta 2030
Julián firmó en agosto de 2024 un contrato de seis temporadas con el Atlético, vigente hasta 2030. Esa circunstancia sitúa la operación dentro del período protegido que marca la normativa de transferencias, una figura que no impide que otro club se interese por el jugador ni que presente una oferta, pero que cobra relevancia cuando existe una ruptura contractual sin causa justificada o cuando se demuestra que un tercero la ha inducido.
Por eso el expediente no debería centrarse únicamente en la cifra ofrecida. La cronología de los contactos, lo que sabía la dirección deportiva colchonera y la relación entre esos movimientos y la posterior postura pública del delantero pueden resultar decisivos para delimitar lo ocurrido. El contenido completo de la denuncia no se ha hecho público, y tampoco existe todavía una resolución sobre la conducta del Barcelona.

Laporta reconoce la oferta
Joan Laporta confirmó el 1 de julio que el Barcelona había presentado una «oferta firme» al Atlético y aseguró que Deco conocía desde hacía tiempo la voluntad del delantero de jugar en el Camp Nou. El presidente azulgrana volvió sobre la operación el 19 de julio: calificó la propuesta como «muy importante y muy buena» y señaló que dejaría de estar vigente al terminar el mes.
Laporta no solo reconoció la oferta, también afirmó que Julián quería jugar en el Barcelona y defendió que un club grande no puede retener contra su voluntad a un futbolista que desea marcharse. Ese discurso colocó a los despachos del Metropolitano ante un escenario incómodo: rechazar cien millones de euros y, al mismo tiempo, conservar a un delantero que ya había expresado en público su deseo de cambiar de aires.
Gil Marín cierra la puerta
Miguel Ángel Gil Marín respondió desde una posición opuesta. El consejero delegado del Atlético aseguró que el club no quiere traspasar a Julián y descartó que una cantidad superior pudiera cambiar la decisión. «No aceptamos la oferta de cien millones de euros, ni aceptaremos una de ciento cincuenta ni una de doscientos», afirmó el dirigente rojiblanco el 17 de julio.
Al descartar incluso esas cifras, Gil Marín presentó el caso como una decisión deportiva y no como una negociación pendiente de alcanzar el precio adecuado. Hasta ahí, la operación sigue los cauces habituales del mercado: un club presenta una propuesta y el propietario de los derechos del jugador la rechaza. El Atlético no está obligado a vender ni a abrir una negociación.
La voz del propio Julián
El caso adquirió otra dimensión cuando el propio delantero manifestó públicamente su deseo de salir. Durante el Mundial, Julián reconoció que ya había hablado con el Atlético y sostuvo que una transferencia era la mejor solución para cumplir su sueño. Su postura reforzó el interés del Barcelona, aunque no alteró su situación contractual: el deseo de un futbolista puede impulsar una negociación, pero no obliga a su club a aceptar una oferta ni convierte automáticamente en irregular la actuación del comprador.
La frontera que deberá trazar la RFEF es otra: si la decisión de Julián fue independiente o si estuvo precedida por contactos destinados a empujarlo hacia una ruptura. Ofrecer cien millones es una operación de mercado. Utilizar el deseo del jugador para tratar de convencer al Atlético también puede formar parte de una negociación. El límite aparece si se demuestra que alguien promovió el incumplimiento de un contrato vigente.
El Barcelona podrá presentar documentos y argumentos para explicar cómo desarrolló la operación, y el instructor deberá contrastar esa versión con la documentación aportada por el Atlético. Mientras ese proceso avanza, el club colchonero mantiene el control sobre el futuro contractual del delantero, y el Barcelona deberá decidir si sostiene una oferta cuyo plazo, según Laporta, se agota con julio.
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