Sevilla FC

Auctoritas

Auctoritas

Después del lamentable partido perpetrado por el Sevilla Fútbol Club en Cádiz, desvelaba Ivan Rakitic el problema que aqueja a la plantilla, si bien no hacía más que refrendar el diagnóstico realizado por el anterior entrenador cuando se quejaba de que los jugadores “eligieran” qué partidos querían jugar. Sobre el Mirandilla, Carranza o como quieran llamarlo no se produjo más que un nuevo episodio de una serie ya vista por el sevillismo en demasiadas ocasiones no sólo en esta temporada sino en la pasada también. Los mejores partidos del equipo se han desarrollado contra conjuntos de alcurnia y en compromisos de relevancia cuantitativa y cualitativa como la Supercopa ante el Manchester City y los encuentros ligueros ante los todopoderosos.

Un mínimo ejercicio de memoria nos lleva a recordar cómo, tras la inmerecida derrota en Barcelona y el no menos inmerecido empate en Eindhoven en Liga de Campeones, llegó el sonoro batacazo ante el Rayo Vallecano en el Sánchez-Pizjuán que supuso la excusa perfecta para que la dirigencia sevillista aprovechara para tomar una decisión que llevaba tiempo queriendo tomar como era la destitución de José Luis Mendilibar. Del mismo modo, en el pasado más reciente y ya con entrenador nuevo el cuadro sevillista ha encadenado dos encuentros más que aceptables ante Real Madrid y Arsenal, tras lo cual ha vuelto a cometer la misma atrocidad, perpetrando un deleznable partido en Cádiz. Lo sabía el técnico vasco, lo sabe Rakitic y lo saben todos los aficionados que hayan visto el desempeño del equipo a lo largo de esta temporada.

Sin embargo, tan sencillo diagnóstico tiene difícil remedio en la situación actual del Sevilla, donde nadie cuenta con la auctoritas necesaria para llamar al orden al colectivo. Como ya acuñaba el Derecho romano, en la entidad hay muchas personas con la potestad suficiente para adoptar decisiones; sin embargo, ninguna de ellas tiene la autoridad moral, el crédito o la credibilidad ante los demás, como para que esas decisiones surtan efecto y devengan en un cambio de tendencia. Los presidentes saliente y entrante pueden llegar a decidir incluso algo tan drástico como el cambio de entrenador pero la ineptitud evidenciada, tanto en esa decisión como en otras como la ‘planificación’ de la plantilla, por citar las más sangrantes, impiden que los jugadores les reconozcan como gestores a los que tener en cuenta. 

En el siguiente eslabón de la escala de mando, se encuentra el entrenador, cuya llegada no ha supuesto más que un cambio en el estilo de juego sin que se hayan mejorado los resultados pues sus partidos se han saldado hasta ahora sin conocer la victoria. La inexplicable imagen mostrada por el equipo en Cádiz produce además zozobra al comprobar cómo se ha regresado a los tiempos en los que los jugadores propios eran los mejores aliados de los contrarios, a los cuales se les regalan los balones para que condenen a nuestro portero. Cuando Diego Alonso se sentaba por primera vez en la sala de prensa del estadio Ramón Sánchez-Pizjuán y proclamaba su gusto por el “fútbol combinativo” ya se aventuraba que habría una ruptura con respecto al manual de estilo de Mendilibar, pero lo que no se podía imaginar nadie es que su llegada supondría un regreso a los peores vicios de la ‘era Sampaoli’ como quedó de manifiesto en terreno cadista. Si a esto se añade además el injustificado ostracismo al que el uruguayo está condenando a jugadores como Fernando, Badé o Lamela, el resultado es que difícilmente se va a ganar en la plantilla el necesario liderazgo que debe tener el entrenador. 

Sin la auctoritas del entrenador, el vestuario se convierte, por tanto, en una especie de cooperativa autogestionaria en la que no será fácil encontrar los equilibrios de poder imprescindibles para la armonía de un colectivo compuesto por personas eminentemente egoístas, como son todos los futbolistas sin excepción alguna en el planeta fútbol. El tirón de orejas público con el que Rakitic se expresó tras la nefasta actuación en Cádiz es necesario, aunque está por ver si la concepción que de él tienen sus compañeros de vestuario puede llegar a considerarse liderazgo. Para el Sevilla FC es imprescindible encontrarlo, ya sea en un futbolista, en el entrenador o en un directivo, porque la entidad lleva mucho tiempo ya a la deriva y milagrosamente se está salvando de la zozobra.  

Manuel Vicente

Calendar 31 de octubre de 2023 · 15:23

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