Escrito en la hierba, la columna de Isaac Paez, en La Colina de Nervión | Imagen: La Colina de Nervión
Escrito en la hierba, la columna de Isaac Paez, en La Colina de Nervión | Imagen: La Colina de Nervión

Two roads diverged in a yellow wood,
And sorry I could not travel both
ROBERT FROST

Hoy, como no podría ser de otra manera, quisiera dedicar este escrito en la hierba a Luuk de Jong y a la radical sombra alargada de la duda sobre los últimos «nueves» del Sevilla. Sin ir más lejos, el mejor delantero del curso pasado, el esquivo Ben Yedder, no fue nunca indiscutible para Sampaoli, Berizzo, Montella ni Machín; se confió más en Vietto, Muriel y André Silva, lo cual tiene algo de absurdo y hasta paranormal. Ahora tenemos tres piezas: el Discutido de Jong, el Deseado Dabbur y el Retoño del Chícharo.

Thoreau dijo que «quien está en lo correcto por encima de la mayoría de sus vecinos constituye una mayoría de uno», y algo parecido es lo que debe pensar Lopetegui ahora tras el primer gol del Discutido. Del nueve se espera que esté siempre en lugar exacto, en el punto inmóvil del mundo en rotación, que diría T.S Eliot. Y esa exigencia de ocupar el lugar correcto es casi un imperativo poético, como quien elige una palabra entre un millón porque sabe que no puede ser otra.

El nueve no debe ser, sino estar, pues está más relacionado con la geografía espiritual que con la historia. El nueve, como Robert Frost, se sitúa ante dos alternativas y se apena por no poder tomar las dos. Por eso, todo delantero, está constituido no solo por los goles logrados, sino (e incluso en mayor medida) también por los que ha fallado y en las noches de insomnio rememora. Todos somos la historia de nuestros fracasos, el peligro está en que, como escribió Cioran «a base de ir al fondo de las cosas acabemos por quedarnos allí». Tengamos siempre en cuenta que el delantero que pudo ser también es él.

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