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El ‘no’ de los niños y el modelo de negocio

El ‘no’ de los niños y el modelo de negocio

En una obra del siglo XIX, El sí de las niñas, de Leandro Fernández de Moratín, se critican los matrimonios impuestos y la autoridad despótica de los padres, defendiendo el derecho de las mujeres a decidir sobre su vida y su amor, en consonancia con los ideales ilustrados de libertad, razón y educación. Algo parecido está ocurriendo con los “niños” del Sevilla Fútbol Club: Carmona y Juanlu han dicho “no” a la Premier. Uno (Carmona), por deseo de continuar en el club de toda su vida; el otro (Juanlu), por fidelidad al Nápoles. Esta situación puede derivar en circunstancias poco deseables: ni Juanlu ni, menos aún, Carmona asegurarán trayectorias como las de Reyes, Alves o Sergio Ramos, entre otros. No son precisamente ídolos incuestionables del sevillismo. Reyes se marchó llorando; Ramos, como hemos sabido después, por una maniobra de Benavente, terminó enfrentado con la grada.

Los intereses del Sevilla Fútbol Club no coinciden siempre con los deseos subjetivos de los jugadores, aunque sí con los intereses objetivos de estos, como muestra la brillantez de sus carreras. Ellos, en esa coyuntura, optaron por lo que consideraron mejor para el club y, en última instancia, también para sí mismos. Así lo entendió Badé; pero, de momento, no lo han hecho Carmona y Juanlu. La presión puede ser enorme y, ante el menor fallo, tanto Carmona como Juanlu corren el riesgo de que la grada se les vuelva en contra.

La expresión “modelo de negocio” es tan insulsa y mercantil que, cuando se entrecomilla con intención, roza lo poético. Los cubanos dicen de una película horrorosa que “es tan mala que es buena”. Algo parecido podría afirmarse del “modelo de negocio”. La venta de Badé, por el precio conseguido, es normal. Pero que a esa operación se unan —ojalá— las salidas de Juanlu, Carmona, Isaac Romero e Ihenacho ya no resulta tan comprensible. En total, la cifra puede situarse en torno a los sesenta millones de euros ingresados, más otros liberados en masa salarial. ¿Será posible antes del 31 de agosto? El modelo de negocio que hizo famoso al Sevilla Fútbol Club regresa de la mano del discípulo más aventajado de Monchi: Antonio Cordón. ¿O fue, en realidad, Monchi el discípulo de Cordón? Tanto monta, monta tanto. Ambos son herederos del modelo de negocio del Olympique de Lyon.

Este modelo se sostiene en un trabajo de cantera encomiable: tres de los cinco futbolistas mencionados son canteranos y el otro, Badé, lo es casi, por sentimiento y biografía. Llevamos algunos años de retorno a este modelo de negocio, una vez superada “la pájara” de Monchi y el insoportable bodrio de Lopetegui. Pero este regreso no podía ser inmediato: Cordón ha sido la señal más clara de que el retorno ya está en marcha. Esta es la única alternativa digna, y la mayoría del sevillismo lo sabe, esté quien esté en el palco. En un fútbol hipermercantilizado y en una liga dominada por las mafias de Madrid y Barcelona, no cabe otro camino si queremos que el Sevilla Fútbol Club siga en manos de gente de Nervión. En eso consiste el pragmatismo sevillista.

Cuando se escribe este texto todavía no se han terminado de concretar todas las operaciones y han surgido obstáculos con el “no de los niños”. En la recámara quedan Agoumé e Idumbo, y no olvidemos a Nianzou, el gran ignorado: yo sigo apostando por este jugador, joven y muy talentoso. Cao, en su momento, solo fue Agoumé, y hoy miren cómo se lo rifan. El Sevilla Fútbol Club, si quiere seguir siendo grande, tendrá que ser una zona de tránsito de muchos futbolistas de la cantera o de la “casi cantera”: hallar diamantes en bruto y pulirlos, como ocurrió con Badé o con Alves en su momento. Como decía Hegel, “todo cambia, menos el cambio mismo”. Ese cambiar es el escudo y la afición.

Aprovechando que todavía no se ha jugado el partido contra ese equipo que lleva nombre de pueblo de fábrica de camiones, pienso que es momento de no ponerse nervioso: sea cual sea el resultado de este lunes, el 1 de septiembre tendremos un equipo que cada vez se asemeja más a todas las resurrecciones que ha tenido este Sevilla Fútbol Club en los últimos años. Creo que, sean quienes sean los que jueguen este lunes, Matías Almeyda estará. El fútbol de Matías Almeyda, por ejemplo, podría leerse como una especie de Bielsa sin literatura, pero con toda la autenticidad del sentimiento de la calle y del bar —bar con “B” rotunda—. Un Sampaoli sin trampa ni cartón.

El Sevilla Fútbol Club no está arruinado porque tenga muchas deudas; así debe ser nuestro modelo de negocio: no ser fiel a él sería la más pesada de las deudas. La auténtica ruina sería estar cargado de millones y, al mismo tiempo, vacío de alma y memoria, en manos de unos oligarcas de cualquier sitio, porque la oligarquía no tiene patria, solo mercado. Siempre hemos sido pobres, inteligentes y talentosos, pero pobres y dignos.

Por ello, a Lukebakio no se le debe vender: si lo quieren, que paguen la cláusula, es decir, 45 millones. El problema más grave no sería solo la merma en la calidad de la plantilla o en las ocasiones de gol que el belga genera, el famoso xG del que hablábamos la semana pasada. Lo que está en disputa aquí es algo más que el negocio: está en liza el modelo, que incluye necesariamente el capital simbólico del club. Continuar con el negocio es, paradójicamente, dar continuidad al Sevilla Fútbol Club. Si el Atlético de Madrid lo quiere, que abone la cláusula.

En Radical Markets (Eric Posner & Glen Weyl, 2018) hay un concepto, el equitable treatment of interests (ETI), que supone que el propietario puede autovalorar libremente el precio de un bien, de tal modo que si alguien paga ese precio, el bien debe ser automática y obligatoriamente vendido. A cambio de esa autovaloración, el propietario tendría que pagar un impuesto anual del 7 % sobre el valor declarado. La intención de los autores era radicalizar la lógica de la movilidad dentro del mercado. El ETI, entendido como “trato equitativo de los intereses”, es un principio de justicia procedimental aplicado al mercado: todos los individuos deben poder valorar sus bienes de manera que sus intereses estén representados equitativamente. Se trata de garantizar que los recursos circulen hacia quienes los valoran más, sin privilegios por herencia, monopolio o posición inicial.

En este contexto, el Sevilla Fútbol Club se ha movido mucho más favorablemente que en el antiguo sistema del derecho de retención, anterior a la Ley Bosman. Antes de la cláusula de rescisión (y de la sentencia Bosman), en la mayor parte de Europa —incluida España— los jugadores estaban atados a su club incluso después de que venciera su contrato. El club seguía teniendo lo que se llamaba derecho de retención: aunque el contrato hubiera terminado, el jugador no podía fichar libremente por otro equipo sin que este pagara una indemnización al club de origen. En la práctica, el futbolista era casi una propiedad del club, con poca capacidad de decidir su destino laboral. Esta situación generaba una dependencia extrema: el jugador no era dueño de su carrera.

En el fútbol actual, la cláusula de rescisión funciona de manera análoga al ETI: si alguien paga ese precio, el jugador queda liberado de sus obligaciones contractuales con el club. Pero hay una diferencia fundamental: aquí el “bien” no es una cosa, sino una persona. Por tanto, la operación requiere contar con la voluntad del futbolista. No se trata de un acuerdo voluntario entre clubes, sino de la activación de una valoración previa que habilita al jugador a decidir su destino. Y por eso, precisamente, no es lo mismo vender por acuerdo entre entidades que por cláusula de rescisión.


“La confianza es un lubricante de todo sistema social. Sin un mínimo de confianza, ninguna forma de control social, ya sea a través de mercados o de instituciones, puede operar eficazmente.”(K. Arrow)

Francisco Garrido Peña

Calendar 25 de agosto de 2025 · 09:05

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