Vuelta a los orígenes

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Después de las dos últimas temporadas de Del Nido Carrasco como vicepresidente del Sevilla Fútbol Club con aportaciones nefastas, su credibilidad entre el sevillismo está por los suelos y con razones más que suficientes y evidentes. Por ello, cualquier directriz que emane de su presidencia va a ser recibida con escepticismo por la afición. Si a esto se une que el crédito del director deportivo, Víctor Orta, tampoco es amplio, es lógico que la planificación prevista para el próximo verano genere muchas dudas en los aficionados.

Si embargo, la vuelta a los orígenes parece, más que una intención, una necesidad para el Sevilla Fútbol Club. No solo por la debilitada situación económica, sino por la urgencia de renovar la plantilla. La misma que tiene parámetros que se diseñaron hace un lustro y no han sido reconvertidos con claridad. Se necesita diseñar un nuevo proyecto, por lo que volver a la estrategia que le dio los mejores resultados de su historia no parece nada descabellado. Cuando mejores decisiones se han adoptado, ha sido en los momentos en los que se ha contado con escasas posibilidades económicas. No hay más que remontarse al pasado más inmediato para comprobarlo.

La segunda etapa de Monchi comenzó con las incorporaciones de un portero, cedido, que no era titular en el Gerona y de un centrocampista casi retirado en Turquía cuyo coste apenas alcanzó los cuatro millones. Lo que pasó después con Yassine Bono y Fernando en el Sevilla Fútbol Club ya se sabe. De la misma forma que también es de todos conocidos lo que ocurrió cuando llegaron fichajes supuestamente de relumbrón a golpe de talonario. Los de ‘Papu’ Gómez, ‘Tecatito’ Corona o aquella inefable operación de Martial. Los delirios de grandeza hacían pensar en la planta noble que era posible nada menos que ganar LaLiga.

Si en el análisis se amplía el zoom y nos retrotraemos a épocas pasadas, se encuentran muchas más razones para concluir que el Sevilla Fútbol Club ficha peor cuando tiene dinero. Ahí podemos encontrar casos paradigmáticos como el de Arouna Koné, por el que se pagaron 15 millones de euros en 2007 con un rendimiento mínimo. Igual con Aquivaldo Mosquera, por quien ese mismo año se desembolsaron 8 kilos y alguno más en comisiones, como él mismo reconoció posteriormente. De aquella época son también los Lautaro Acosta, Abdoulay Konko, Tiberio Guarente, Tom de Mul o de Alexis Ruano y Babá Diawara. En este punto, conviene matizar para conocimiento de los más jóvenes, que todos ellos fueron despilfarros del expresidente José María del Nido Benavente. El mismo que hoy pretende presentarse como salvador de la entidad.

Todos estos casos son solo los más relevantes pues, cada vez que los rectores al frente del Sevilla Fútbol Club han soñado con cotas mayores de las que económicamente están al alcance, sus decisiones se han convertido en dislates propios de ‘nuevos ricos’ que pretenden ser aristocracia cuando apenas llegan a burguesía. Desde la presidencia de Roberto Alés, con su carácter templado y su austeridad racional, se ha puesto de manifiesto que lo mejor que se sabe hacer en los despachos técnicos del club es escudriñar dónde están los mejores futbolistas con menor coste.

Ahí, la lista es tan larga como la de los fichajes frustrantes a precio de oro. De Pablo Alfaro, Javi Navarro, David Castedo, Martí y otros desconocidos que sentaron las bases del un Sevilla Fútbol Club triunfante. Después, Baptista, Bacca, Rakitic, Banega, Renato o Dani Alves, quien sin duda protagoniza la mejor operación de la historia del club. Queda nítidamente claro que la mejor operativa sevillista ha consistido en descubrir jóvenes valores que han dado un excelente rendimiento futbolístico y una extraordinaria rentabilidad económica.

Esta ha sido la fórmula mágica que ha llevado a sus mejores éxitos al Sevilla Fútbol Club, con una diferencia en el momento presente con respecto al pasado: la identidad del director deportivo. El método, perfecto con Monchi. Ahora, ha de ser su discípulo Víctor Orta quien deba afanarse para obtener los mismos resultados. Lo que consiguió, para bien y para mal, el tándem Del Nido Benavente-Monchi lo sabe todo el mundo. Lo que consiga el dúo Del Nido Carrasco-Víctor Orta está por descubrir. Pero la fórmula ya se conoce.    

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