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Una victoria para la esperanza

Al fin. Al fin una victoria para cambiar la dinámica. Pasados los nervios, la desazón, la angustia que hemos sufrido por culpa de otro árbitro inepto como Cuadra Fernández, quienes amamos al Sevilla Fútbol Club estamos hoy de fiesta. Jul y Gan me preguntan dos cosas mientras sigo sus dictados en el inicio de su artículo semanal. Lo primero es si es necesario hablar de árbitro inepto, si ya la misma palabra lo dice, si en árbitro ya está incluida su ineptitud. La segunda es si todos los sevillistas estamos felices o si hay gente que prefiere a Lopetegui en su casa antes que nuestro equipo gane.

En cuanto a esta última cuestión, que cada uno se lo piense y sepa dónde está; y respecto a la primera, creo que están en lo cierto, y que, al menos en la Liga española, la carga semántica del sustantivo árbitro en breve será tal que sobrará añadirle adjetivo alguno, como cuando hablamos de un asesino no hay que decir asesino malvado o sol amarillo. El mérito es únicamente de ellos y al decir árbitro sobrará añadir inepto, vendido, lacayo, acomplejado, etc. Espero que el señor Tebas no me elimine de los periodistas de lengua larga, lengua larga para lamer su trasero, ya que de todo tienen la culpa Jul y Gan.

Porque el penalti pitado a Acuña incluye servilismo, complejo, ansias de protagonismo, carecer de la más mínima idea de lo que significa jugar al fútbol, torpeza. Incluye también una forma histórica de ver el país en la que solo Madrid y Barcelona (tal para cual aunque se empeñen en disimularlo con broncas ficticias) importan y le chupan la sangre al resto. Y no nos referimos solo al fútbol, y en el que aquella frase histórica atribuida a Bertrand du Guesclin durante el asesinato de Pedro I de Castilla por su hermano Enrique de Trastámara, «Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor», sigue aún en plena vigencia y con la misma fuerza de siempre.

Quienes se meten nuestro dinero en el bolsillo saben bien cuál es su modelo de negocio. Porque aquí tiene todo el mundo, y no solo Monchi, su modelo de negocio. Madrid y Barcelona siempre arriba, palancas o lo que haga falta para que estén siempre ahí y nada de ligas igualitarias como en Inglaterra. Puede que a Cuadra Fernández lo manden a la nevera como en su día hicieron con Del Cerro Grande. O puede que no, porque el Sevilla Fútbol Club ganó. Pero saldrá pronto, porque tipos como estos son los que sirven al modelo de negocio que Tebas representa, la Liga Feudal. Y lo que le ha pasado al Sevilla le sucederá al Espanyol en otra ocasión, y puede que en otra sea el Sevilla Fútbol Club el beneficiado y el perjudicado el Athletic de Bilbao, por decir uno cualquiera. Pero lo que todos sabemos es que no habrá cojones de pitar penaltitos en determinados escenarios en los que sí estará de verdad en juego el papeo de esos mindundis.

Y es que, ya lo dicen los historiadores, en sociedades desiguales, la gente muerta de hambre busca un caudillo que los proteja, aunque sea quien le ha quitado siempre la comida de la boca. Y los árbitros juegan a esto, los que hay son los que han aceptado esas reglas y ahí están. Ni quitan ni ponen rey, pero ayudan a su señor.

Dicho esto, la victoria del Sevilla Fútbol Club es una victoria para la esperanza. Porque hubo efectividad, suerte dirá nuestro vecino palmerín, que ya estará con dificultades de deglución al subírsele «los gemelos» a la garganta; y porque sobrevivimos a la fatalidad de sufrir una remontada por culpa del árbitro, de los nervios y de un Coco Lamela que remató antes del minuto 1 y casi nos remata en el 85.

El partido del sábado fue un partido completo, porque apareció nuestra fragilidad mental y el resultado nos permitirá superarla; porque marcamos tres goles con una efectividad de la que carecimos en Almería o en Pamplona; porque nuestros canteranos dieron la talla y nos devuelven la fe en un fútbol que no sea solo de mercenarios.

El tiempo nos dirá si esta victoria va a darle alas al Sevilla Fútbol Club, y que futbolistas y entrenador crean en sus posibilidades o significará enlentecer la agonía. Esta victoria nos va a dar a todos una oportunidad, porque a ver qué estado de ánimo teníamos cada uno de nosotros en el minuto 60 de partido tras semana tan negra y dos goles en contra en diez minutos.

Ojalá que en Copenhague el Sevilla Fútbol Club confirme la senda ascendente y volvamos a las alegrías que nos ha dado en estos años, que a veces no hemos digerido bien al habernos malacostumbrado. Que el optimismo retorne a nuestros corazones. Y que jamás olvidemos de dónde venimos y cómo este club se ha hecho grande. Aunque no lo suficiente como para que no nos piten penaltitos esos árbitros que ya no necesitan calificativos porque lo que son se lo han ganado a pulso.

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