Velocidad de crucero

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El Sevilla Fútbol Club se acostumbra a la victoria. Igual que Diego Armando Maradona se preguntó al final de sus días qué jugador hubiera sido sin la cocaína, qué jugador nos perdimos, Jul y Gan y este que transcribe nos cuestionamos la tarde del sábado acerca de dónde estaría el equipo a estas alturas, si en vez de tomar velocidad de crucero a mediados de temporada lo hubiera hecho antes. Y eso que la temporada no era mala, pero ahora es sublime, muy parecida a ese final de la anterior en la que nadie era capaz de derrotarnos en noventa minutos y en la que apunto estuvimos de coronarnos como reyes del continente.

Media temporada hemos tardado en sacudirnos ese complejo de equipo secundario con el que arrancamos que explica las derrotas frente a los equipos de la capital del Reino de Madrid, ese estado de nombre oculto en el que nieva como en ninguna otra parte del mundo y que, de alguna forma, rompió el hechizo que supuso el empate en el Nou Camp cuando aún no sabíamos que la temporada barcelonista iba a ser para olvidar. No fueron esos los únicos partidos que tiramos, también contra los vecinos de Bellavista Norte, también contra un Athletic de Bilbao que nada tiene que ver con el león que ha resucitado Marcelino García Toral.

Es cierto, no tenemos que lanzar campanas al vuelo, ni muchos menos vender motos a las que tan aficionados son los que los equivocaron de equipo al nacer. Y menos ahora, cuando tenemos a dos de los mejores en el dique seco, nuestros laterales titulares, que no es la primera vez que se rompen y que no sabemos si se recuperan raudos y veloces o saltan al terreno de juego de manera imprudente y prematura.

Tampoco es menos cierto que queda mucha temporada y pueden pasar muchas cosas. Que las rachas empiezan pero también terminan. Que la COVID-19 está ahí para todos y puede darnos algún disgusto. Que la Champions no es algo baladí ni que al Almería no le motivará llegar a semifinales y, de paso, expulsar a los señoritos de Sevilla de la Copa. Pero… este equipo suena muy bien.

Papu Gómez aparte, que ojalá se acople pronto y se contagie de la ambición de los que están, tenemos muchas razones por las que albergar esperanzas. En especial porque hay futbolistas de la segunda unidad, de la que hablábamos en días pasados con dudas, que han dado un paso al frente.

En defensa, Aleix Vidal comenzó a mostrar el gran nivel que le llevó a la selección hace unos años. Sergi Gómez y Karim Rekik han cubierto las ausencias con dignidad, y ojalá que Escudero regrese pronto y muestre la honestidad profesional que siempre le ha caracterizado defendiendo nuestro escudo. Mención aparte los sagrados titulares, el temporadón del Huevo Acuña y la importancia táctica de Jesús Navas. En cuanto al Duende de Los Palacios, recordar cuánto se destacó su entendimiento con Ocampos. ¿Qué decir ahora de su afinidad con Suso? ¿Qué decir de la de Acuña y su compatriota? Los grandes jugadores se entienden siempre.

En el mediocampo, el efecto Papu se ha mostrado de forma rápida y efectiva. Y no por el juego del excelente futbolista argentino sino por el progreso de Ivan Rakitic y Óliver Torres, por el paso al frente de Joan Jordán. Esto, unido al estado de forma de Suso, a su capacidad de generar desorden y desconcierto en las zagas rivales, dan pie a la esperanza. El mismo Gudelj, que tan discreta temporada llevaba, pareció cambiar de forma radical en la noche copera frente al Valencia. Sea casualidad o no, Papu ya les ha hecho un gran favor a nuestros centrocampistas. Ojalá también él sume lo que esperamos.

En la delantera, con la triste pérdida de uno de los nuestros, al que deseamos que triunfe en la Real Sociedad, aunque nos sigamos preguntando por qué nuestra cantera es tan rica en hijos pródigos, lo cierto es que la recuperación de Luuk De Jong la noche copera promete alegrías para nuestra efectividad goleadora.

Y para finalizar, qué decir de Julen Lopetegui. El único pero que se le puede poner es el manejo de Jesús Navas, un joven de treinta y cinco años al que hay que cuidar. Pero, por lo demás, ha conseguido enchufar a todo el mundo, al menos a todos los que mantienen la cabeza aquí. Cómo se nota, y qué importante es, la mano de un entrenador top. Ojalá nos dure.

Llega febrero, un mes que nos va a poner los pies en el suelo, ojalá nos los ponga con la misma alegría que soñamos en este momento. Mientras tanto, disfrutemos del camino realizado y, sobre todo, del presente que se nos aparece. A este Sevilla Fútbol Club es difícil ganarle y los jugadores, por fin, se lo han creído. Seguimos. Ahora toca poner la pelota en el suelo y continuar jugada. Que los toques del segundo gol frente al Valencia sea el reflejo de los encuentros que nos quedan por disputar. Por soñar, que no quede. Proa a toda vela, capitán.

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