"Jul y Gan" | La opinión de Manuel Machuca. La Colina de Nervión, noticias del Sevilla FC y mucho más

De puertas afuera, puede parecer complicado entender el malestar de la afición sevillista ante la marcha de su equipo. ¿Qué querrá la gente?, puede preguntarse alguien que como yo, su niñez, su adolescencia y su juventud la vivió entre el séptimo y el undécimo puesto de la clasificación liguera, una época en la que la mediocridad no podría tener otro nombre que el del Sevilla FC. Clasificarse para la UEFA era un hito histórico y los títulos no es que estuvieran vedados, sino que jamás osaban asomarse a la imaginación del aficionado más optimista. Hubiera ido directamente al psiquiátrico.

En ese más allá futbolístico al que me refiero, el que se limita a ver la clasificación liguera en cualquier periódico, podrán pensar que estamos mal acostumbrados. Que los nueve títulos europeos y nacionales, después de una sequía tan larga, han normalizado para una generación lo que para la mía era una fantasía rayana en la locura psiquiátricamente evaluable. Que lo que le exigimos al equipo es injusto, que nuestro sitio no es ese. Ni siquiera haría falta torcer por los colores del equipo de la acera de enfrente para razonar de esta forma. ¿Cómo no alegrarse de ir terceros? ¿A qué vienen enfados así en un mundo tan resultadista?

Y, sin embargo, así estamos, de bronca en bronca. Bronca tras clasificarnos para octavos en la Europa League; bronca, aunque menos, por la victoria frente a Osasuna, después de más de un mes de ayuno y abstinencia en el Pizjuán. ¿No será que realmente somos una afición malaje? Es cierto que eso del manque pierda no entra en nuestro diccionario. Pero, ¿qué hacemos con el nunca nos rendimos?

Hace unos días leí que quizás no éramos malajes, pero sí agoreros, y puede ser que nos estemos oliendo que, de no haber cambios sustanciales, ahora que la cuesta competitiva se empina pueda ser que los resultados no nos acompañen como hasta ahora. Atlético de Madrid, Barcelona, Betis y Roma están en el horizonte, nos esperan en apenas un mes. Esto ya va en serio y el fútbol no aparece en casa. Y para colmo, la lesión de Fernando, que ojalá no sea grave. Porque más grave parece la ausencia de autocrítica, quizás sea esta lo que más nos aterra.

Fernando se ha roto. Después de verlo tirado en el suelo, recordé a Jesús Navas. ¿Cuánto resta para que le toque a él romperse? Más allá de ser pájaro de mal augurio, la cuestión es cómo se está gestionando la plantilla desde un punto físico y anímico.

A día de hoy la ciencia, entendida como entrenamiento y táctica, hace tiempo que entró en el fútbol. Sin embargo, lo que marca ahora la diferencia es la gestión de personas, algo que da resultados a largo plazo y que, si no se realiza bien, puede hacer fracasar a un equipo, independientemente de los hitos intermedios que vaya alcanzando.

Preocupa la fragilidad emocional del Sevilla FC. A día de hoy uno no sabe si alegrarse cuando marca en el minuto 15 porque teme que lo que puede suceder durante los otros 75 de encerrarse. Y esto pasa porque lo ordena el entrenador o porque los futbolistas no confían en el sistema, quién sabe. Lo cierto es que las segundas partes frente al Cluj y al Osasuna las recordaremos durante mucho tiempo por la pésima gestión de los partidos. Y como sigan así, soñaremos con que no pase nada durante 90 minutos vencer en el último de descuento, como el día del Levante, antes que marcar pronto y sudar la gota gorda en la grada ahogados por la impotencia.

La gestión emocional de los futbolistas es también más que discutible. No es normal el ostracismo al que se someten, o se han sometido a algunos a lo largo de la temporada (Sergi Gómez, Rony Lopes, Munir y antes Dabbur, Bryan Gil o Chicharito), la carga excesiva a jugadores veteranos (Fernando, Jesús Navas) con consecuencias en forma de rendimiento o lesión, retirando el recambio para algunos como a nuestro capitán palaciego, que ya no puede más. Llama la atención como a algunos se les perdona todo (De Jong), y otros se quedan fuera al primer fallo (Koundé o Jordán).

Y lo peor de todo, las excusas. Porque lo peor de Bono no fue el partido que hizo con el Sevilla FC frente al Cluj, sino la justificación de su fallo garrafal. Y lo más lamentable de Lopetegui no es su gestión emocional sino afirmar que merecimos ganar, y da igual que se refiera a la penosa eliminatoria que padecimos o a la ridícula victoria frente a un equipo de mitad de la tabla que con uno menos sacó todas nuestras vergüenzas.

Sí, vamos terceros. Pero…

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