viernes 14 mayo 2021
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Seville

El cansancio y dos autogoles tumbaron a un noble Sevilla

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Nervión vivió anoche una de esas citas que quedarán grabadas para siempre en la memoria de todos los sevillistas. Pero el partido dejó un mal sabor de boca por la derrota, como es lógico, y sobre todo, una gran sensación de rabia por cómo se produjo. El Sevilla plantó cara al Bayern de Múnich, incluso llegó a ser superior por momentos y se adelantó en el marcador. Pero la mala suerte se cebó con los nervionenses en forma de dos autogoles y la gasolina dio solo para los primeros 45 minutos. Después, el gigante alemán jugó con mucha comodidad y Montella reaccionó muy tarde, realizando el primer cambio en el minuto 78, con el equipo fundido desde mucho antes.

El partido y la enjundia del rival requerían de la mejor versión posible del Sevilla, mejor incluso que la que ofreció contra el Manchester United. Eso parecía muy difícil, más aún, sin Banega en el campo. No obstante, tras unos primeros minutos de dominio bávaro, el cuadro hispalense se quitó de encima los nervios y comenzó a jugarle de tú a tú al Bayern de Múnich, sin complejos, buscando incisivamente la banda derecha, donde Jesús Navas y Sarabia amargaron la noche al lateral zurdo español, Bernat.

Mejor el Sevilla

El Sevilla estaba siendo mejor que el Bayern, realizando una presión muy alta que dificultaba la salida de balón de los alemanes e impidiendo que pudieran desarrollar su juego de posesión. Esa superioridad llegó al marcador a los 31 minutos con un gol de Sarabia. Ya antes, el madrileño desaprovechó una ocasión extraordinaria para adelantar al equipo, cuando recogió un rechace dentro del área y disparó fuera, incomprensiblemente.

El Bayern de Múnich comenzó a sentirse incómodo en el césped del Ramón Sánchez-Pizjuán y entendió que debía hacer algo más si quería llevarse un buen resultado para la vuelta. Pese a la ausencia de Banega, el centro del campo sevillista funcionaba, gracias sobre todo a N’Zonzi y al enorme esfuerzo del ‘Mudo’ Vázquez que hizo también de Banega.

Las bandas también rendían correctamente y la defensa se mostraba sólida, concediendo pocas ocasiones. Sí encontró algunos problemas Escudero para detener a Kimmich, que sorprendió varias veces convirtiéndose en extremo, mientras Müller se iba hacia adentro, cual segunda punta. Ese movimiento provocó algunos desajustes en la zaga nervionense a lo largo de todo el partido.

Entrada de James

Cuando mejor estaba el Sevilla y peor estaba el Bayern de Múnich se produjo un hecho que cambiaría el desarrollo del partido. Vidal, que llegó entre algodones, se lesionó y tuvo que abandonar el campo. Su lugar lo ocupó un James que está firmando una temporada excepcional con Jupp Heynckes. La entrada del colombiano revolucionó el juego teutón, dándole más velocidad y dinamismo. De la presencia de James se benefició también un Thiago Alcántara que, hasta entonces, había estado algo perdido y encontró en el colombiano y mejor socio que Vidal.

La alegría duró poco en Nervión porque el empate solo tardó seis minutos en llegar y lo hizo de la forma más cruel. Precisamente James conducía un balón por el carril central, se la dio a Ribéry y el francés optó por un centro raso, sin mucho peligro, pero el balón tocó la punta del pie de Jesús Navas y desvió la trayectoria hacia la portería, sin que David Soria pudiera remediarlo.

El gol del Bayern de Múnich dejó muy tocado a un Sevilla que no solo encontraba poco fruto al esfuerzo realizado, sino que también veía cómo su rival necesitaba apenas media ocasión para hacer un gol. La fortuna golpeó al equipo hispalense y se alió con el más grande.

Equipo fundido  

El Sevilla pidió a gritos el descanso para volver a reajustar el equipo, pero la gasolina se le había terminado. En la segunda parte no hubo ni rastro de la presión alta que sí realizó en el primer tiempo y las fuerzas comenzaron a flaquear. ‘Mudo’ Vázquez y Correa desaparecieron del campo, igual que Ben Yedder y Pizarro, mientras que el Bayern de Múnich salió dispuesto a sentenciar la eliminatoria.

Desde el primer minuto, se vio a un equipo alemán arrollador que, ahora sí, encontraba infinitos espacios por todas las zonas del campo y podía controlar el balón y el juego a su antojo, ante un Sevilla completamente fundido. Era cuestión de tiempo que llegara el segundo gol del Bayern y llegó, otra vez, en forma de autogol. A los 68 minutos de juego, Ribéry colgó un balón al área pequeña que remató Thiago, el más bajito, y otra vez el balón fue desviado por la zaga sevillista, esta vez, por Escudero.

Mal Montella

Jupp Heynckes hizo el segundo cambio en el descanso, introduciendo a Rafinha por Bernat, que había sufrido con Navas y Sarabia. Todo lo contrario de Montella, que no realizó el primer cambio hasta el minuto 78, cuando el equipo daba síntomas muy evidentes de cansancio, ya desde el inicio del segundo tiempo. Sin embargo, y a pesar del clamor de la grada, el técnico italiano decidió no mover ficha hasta los últimos instantes.

El equipo exigía piernas frescas para poder frenar la maquinaria alemana. En el centro del campo, solo sobrevivió N’Zonzi, pero el francés no podía hacer solo todo el trabajo. Franco Vázquez realizó un esfuerzo soberbio en la primera parte que acabó acusando en la segunda. Correa intentó una y otra vez la misma jugada, pero la defensa bávara le leyó la cartilla y fue incapaz de marcharse nunca más de un rival. Pizarro demostró que no tiene nivel para este tipo de partidos.

La entrada al final de Sandro y Muriel, por Correa y Ben Yedder, respectivamente, dio un poco de vida al Sevilla que buscó el empate en los últimos minutos. Pero ya era demasiado tarde para sorprender a un equipo tan experimentado en este tipo de batallas como el Bayern de Múnich.

Perdonó demasiado

Atendiendo a las estadísticas y a lo visto en el campo, el Sevilla mereció algo más ante el Bayern de Múnich, pero la realidad es que, en la Champions League, la máxima competición a nivel de clubs, en unos cuartos de final y ante un rival tan poderoso, no se puede perdonar tanto. El gol es la asignatura pendiente esta temporada, como demostró el pasado sábado ante el Barcelona.

Ayer, el cuadro sevillista volvió a disponer de claras oportunidades para hacer más goles y las desaprovechó. Y en esta competición, el peso del escudo y la camiseta cuentan. Y la camiseta del Bayern pesa tanto que le bastó con dos goles en propia puerta para llevarse un resultado muy favorable a Múnich.

 

 

 

 

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